Ni huesos de santo ni panellets: el dulce tradicional de Todos los Santos que cada vez se come menos en España

Cuando se acerca el 1 de noviembre, los escaparates de las pastelerías se llenan de huesos de santo, panellets y buñuelos. Son los dulces que todo el mundo asocia a Todos los Santos. Pero hay otro, mucho más humilde y antiguo, que durante generaciones fue el gran protagonista de esta fecha en muchas casas de Andalucía, Castilla-La Mancha o Murcia y que hoy apenas se prepara: las gachas dulces.
Qué son las gachas de Todos los Santos
Las gachas son una crema espesa elaborada con ingredientes muy sencillos: harina, leche o agua, azúcar y aceite de oliva, aromatizada con matalahúva o anís y piel de limón. Se sirven calientes, espolvoreadas con canela y acompañadas de picatostes, trocitos de pan frito que aportan el contraste crujiente. Según la zona, se conocen como gachas dulces, gachas de los Santos o poleá.
Es un dulce de cocina de aprovechamiento, nacido en tiempos en los que no había mucho más en la despensa que harina, aceite y azúcar. Precisamente por eso se convirtió en el postre de las familias humildes en una fecha tan señalada, y durante generaciones fue tan propio de Todos los Santos como hoy lo son los huesos de santo.
La tradición de tapar las cerraduras con gachas
Lo más curioso de este dulce no es su receta, sino la costumbre que lo acompaña en algunos pueblos de Jaén. En Jódar, en la comarca de Sierra Mágina, las familias se reúnen la noche del 1 de noviembre para cenar gachas y, después, los niños salen a la calle con cazuelas para tapar las cerraduras de las puertas con los restos, modelando con la pasta una cruz. La tradición popular decía que así se impedía el paso de los espíritus en la noche de difuntos.
Una costumbre parecida se mantiene en otros pueblos jiennenses como Begíjar, y en zonas de Granada también se habla de las «gachas en las cerraduras». El portal Festivales de España califica la noche de las gachas de Jódar como una rareza patrimonial en la Andalucía actual, porque son pocos los lugares donde el ritual ha sobrevivido, aunque muchas veces ya convertido en un juego infantil.
Por qué cada vez se preparan menos
Las gachas han ido perdiendo terreno por varios motivos. Son un plato casero que no se vende en las pastelerías, a diferencia de los huesos de santo o los panellets, y su elaboración requiere tiempo y paciencia frente al fuego. Además, muchas de las tradiciones que las rodeaban se han ido diluyendo. Un estudio publicado por la Universidad de Murcia sobre las costumbres de Todos los Santos en la comarca de Cartagena recoge que la práctica de tapar cerraduras, allí con yeso, ha llegado hasta nuestros días cada vez con menos frecuencia.
A ello se suma el auge de Halloween, que en las últimas décadas ha ido ocupando parte del espacio que antes tenían las celebraciones tradicionales de estas fechas, sobre todo entre los más jóvenes. Aun así, en muchas casas siguen preparándose cada año como un homenaje a las recetas de las abuelas, y algunos pueblos las han convertido en el centro de su fiesta.
Cómo hacer gachas dulces de Todos los Santos
Si quieres recuperar esta tradición en casa, la receta es muy sencilla. Calienta en una sartén un buen chorro de aceite de oliva con unos granos de matalahúva y la piel de un limón, y retíralos cuando el aceite haya cogido sabor. Fríe en ese aceite unos dados de pan hasta que estén dorados y resérvalos. Después, añade a la sartén unas cucharadas de harina y tuéstala ligeramente, removiendo para que no se queme.
A continuación, incorpora poco a poco la leche caliente, o una mezcla de leche y agua, sin dejar de remover para que no se formen grumos, y añade el azúcar al gusto. Cocina a fuego suave hasta que la mezcla espese y tenga textura de crema. Sirve las gachas calientes en cuencos, espolvoreadas con canela y con los picatostes por encima. Si quieres una receta más detallada, aquí tienes nuestras gachas dulces paso a paso.
Quizá no tengan la fama de los huesos de santo ni el brillo de los panellets, pero las gachas guardan algo que pocos dulces conservan: el sabor de una tradición sencilla, familiar y profundamente ligada a la memoria de quienes ya no están. Prepararlas este 1 de noviembre es una buena forma de que no se pierdan del todo.