Puré

Para que el puré de patatas quede más cremoso, el secreto no está en añadir más leche

puré de patata
Blanca Espada

Preparar un puré de patatas parece una de esas recetas de toda la vida con la que es difícil equivocarse. Sólo hacen faltas patatas cocidas, un poco de leche, sal y algún ingrediente que aporte sabor. Sin embargo, conseguir que quede realmente cremoso, sin grumos y con esa textura suave que mantenga cierta consistencia no siempre resulta tan fácil. Uno de los errores más habituales aparece precisamente cuando el puré queda demasiado espeso ya que lo solemos hacer es añadir más leche pensando que así ganará cremosidad.

El resultado puede ser justo el contrario. La leche aporta líquido y hace que el puré sea menos denso, pero aumentar la cantidad no garantiza esa textura aterciopelada que buscamos. Según explica el medio griego iefimerida, el ingrediente que marca la diferencia es mucho más sencillo: dos cucharadas de mantequilla. Y aunque esa cantidad importa, también es crucial, el momento de incorporarla dado que la mantequilla debe entrar en contacto con las patatas antes que la leche.

Para que el puré de patatas quede más cremoso, el secreto no está en añadir más leche

Cuando un puré está demasiado espeso, parece lógico corregirlo con un buen chorro de leche. El problema es que podemos terminar con unas patatas demasiado líquidas sin haber conseguido mejorar realmente su textura.
La explicación está en la función que cumple cada ingrediente. La leche proporciona humedad, mientras que la grasa de la mantequilla ayuda a conseguir una sensación más suave al comer el puré.

De este modo, si se añade demasiado líquido, el almidón presente en las patatas se diluye y la mezcla pierde consistencia. Puede resultar más blanda, pero eso no significa necesariamente que sea más cremosa. Por eso no hace falta prescindir de la leche. De hecho, sigue formando parte de la preparación. Lo que cambia es la manera de utilizarla: se incorpora después y poco a poco, únicamente hasta alcanzar el punto que queremos.

Dos cucharadas de mantequilla y el orden correcto

Una receta publicada por la Cooperative Extension de la Universidad de Maine propone una técnica bastante sencilla. Una vez cocidas las patatas, hay que escurrirlas bien y devolverlas a la olla todavía caliente durante unos minutos. Mientras permanecen allí se remueven de vez en cuando para favorecer que desaparezca el exceso de humedad. Este pequeño paso merece la pena ya que si las patatas conservan demasiada agua después de la cocción, posteriormente tendremos menos control sobre la consistencia del puré.

A continuación llegan las dos cucharadas de mantequilla, que previamente se pueden cortar en pequeños trozos y dejar ablandar. Las patatas se machacan mientras continúan calientes y entonces se incorpora la mantequilla. Conviene mezclar con cuidado hasta que se haya repartido bien antes de echar ningún otro líquido. El orden no es un detalle sin importancia. Al incorporar primero la mantequilla, su grasa puede recubrir de manera más uniforme el almidón de la patata. Es precisamente esto lo que contribuye a conseguir una textura más suave.

La leche también importa, pero mejor si está caliente

Y ahora sí, una vez incorporada la mantequilla llega el turno de la leche. Aquí tampoco conviene coger directamente el envase de la nevera y verterla sobre las patatas. La recomendación es calentarla por separado antes de añadirla. Y no debemos echarla de golpe, sino incorporarla gradualmente mientras observamos cómo cambia el puré. De este modo, en cuanto veamos que tiene la consistencia deseada, dejamos de añadirla. Así resulta mucho más difícil pasarse y acabar con una mezcla excesivamente líquida. De esta manera, mantequilla y leche no compiten por cumplir la misma función. La primera aporta la grasa que ayuda a conseguir esa textura más sedosa y la segunda permite ajustar la consistencia al final de la preparación.

El error de utilizar la batidora para terminar antes

Hay otro gesto que puede arruinar el resultado aunque hayamos seguido correctamente todos los pasos anteriores. Utilizar una batidora parece una solución estupenda para eliminar los grumos rápidamente, pero no es la herramienta más adecuada para preparar puré de patatas. Batir en exceso las patatas hace que liberen demasiado almidón. En lugar de obtener un puré ligero y cremoso, podemos terminar con una masa pegajosa y elástica. Por eso es preferible machacarlas de forma manual y trabajar la mezcla solamente lo necesario.

Tampoco interesa dejar que las patatas se enfríen antes de triturarlas. Lo mejor es trabajar con ellas recién cocidas y aprovechar que todavía conservan el calor para incorporar la mantequilla. Son detalles pequeños, pero juntos cambian bastante el resultado: escurrir bien las patatas, eliminar la humedad sobrante en la propia olla, machacarlas calientes, añadir primero dos cucharadas de mantequilla y reservar la leche caliente para el final. Así, cuando el próximo puré que hagas te parezca demasiado espeso, ya sabrás que solución no será vaciar más leche sobre él. Para conseguir una textura cremosa importa tanto lo que añadimos como el momento en el que lo hacemos.

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