La acampada de Sol se vuelve insalubre: porros, cervezas y basura se acumulan sin presencia policial
Los organizadores montaron una "cocina popular" ilegal en plena plaza ante la pasividad policial
La Comunidad de Madrid acusa a Interior de "lavarse las manos" al pasar a la Policía Municipal la responsabilidad de desalojar
Apenas se han cumplido 48 horas desde que la ultraizquierda volviera a tomar la Puerta del Sol, 15 años después de aquel 15M, y la insalubridad ya ha hecho acto de presencia en el campamento. OKDIARIO ha comprobado cómo se acumula ya la basura entre las tiendas de campaña, hasta el punto de que la propia organización ha empezado a repartir kits de limpieza e higiene entre los manifestantes.
El Sindicato de Inquilinas, junto al movimiento Greenpeace, ha instalado carpas para dar de comer a los manifestantes, desde agua, zumos y hasta caldos. Todo esto en una plaza en la que, según la ordenanza municipal, no se puede vender ni expender alimentos en la vía pública. «Cocina popular», así describen los organizadores el puesto montado en plena plaza de la Puerta del Sol.
Botellas, desperdicios, porros por el suelo… la basura se expande por el suelo en Sol mientras que muchos de esos kits de limpieza, como se observa en el vídeo, no se han estrenado. Y todo ante la ausencia policial. En el segundo día de peregrinaje en Sol, el Gobierno sigue permitiendo este campamento. El Ejecutivo asegura que la competencia de un posible desalojo corresponde a la Policía Municipal mientras no se produzcan incidentes, una posición que la Comunidad de Madrid ha tachado de «ilegal», acusando al Gobierno central de «lavarse las manos».
Durante horas sólo una patrulla de la Policía Nacional y otra de la Policía Local pasaron alrededor de la plaza algunos minutos y solo tres efectivos de la Guardia Civil estaban custodiando, por molestos, la puerta del edificio sede de la Comunidad de Madrid. «Ser policía, vergüenza me daría», cantaban los manifestantes.
Y lo cierto es que incidentes sí ha habido. OKDIARIO ha sido testigo de varias discusiones entre los propios acampados, por diferencias en la convivencia.
Aunque el horizonte está fijado en el martes, cuando el Gobierno prevé aprobar el real decreto de vivienda, el llamado decreto Maricarmen, los manifestantes aseguran que están dispuestos a aguantar las noches que hagan falta, y más si este decreto no incluye medidas como contratos indefinidos de alquiler.
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