Felicidad

Vecchioni: «En una escala del 0 al 10, si eres feliz con un 10, estás en tu mejor momento. Pero si tu mejor momento es un 4, ese 4 es como ese 10. La felicidad no es absoluta, es relativa»

Felicidad
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Roberto Michele Massimo Vecchioni (Carate Brianza, Provincia de Monza y Brianza – 25 de junio de 1943), reconocido artísticamente como Roberto Vecchioni, es un cantautor y escritor italiano.Nacido en el seno de una familia napolitana, a lo largo de su carrera ha compuesto piezas para conocidos cantantes, como Ornella Vanoni, Mina, Iva Zanicchi o Gigliola Cinquetti).

Algunas de las canciones que ha escrito e interpretado se han convertido en grandes éxitos como «L’uomo che si gioca il cielo a dadi», «Samarcanda» o «Luci a San Siro». En 2011, participó y ganó  la 61.ª edición del Festival de la Canción de San Remo con la canción «Chiamami ancora amore» («Llámame todavía amor»). Vecchioni también recibió el Premio Barnasants de canción de autor en 2010.

La escala de la felicidad según Vecchioni

Para el artista italiano, la felicidad no es un concepto absoluto, sino algo completamente relativo. «Si en una escala del 0 al 10 llegas al 10, has alcanzado el máximo. Pero si tu propio máximo está en el 4, entonces ese 4 representa para ti lo mismo que un 10», asegura. Con esta reflexión, resume una cuestión profundamente humana: cada persona es diferente y también lo son las pequeñas cosas que consiguen hacernos felices.

Hay quienes encuentran la felicidad disfrutando de un día soleado, mientras que otros prefieren la lluvia; algunos se sienten plenamente satisfechos llevando una vida ostentosa, mientras que otros prefieren una existencia mucho más sencilla. Por lo tanto, cada persona tiene su propia manera de medir la felicidad, y lo más importante es alcanzar el nivel deseado, independientemente de cuál sea. «Y nosotros, nuestro cuarto o quinto, o el que sea, lo revivimos de una manera increíble, porque la vida te pone en estas situaciones, te lleva a los rincones, al norte, al sur, al este, al oeste, y tienes que encontrar el centro de nuevo, volver al centro», afirma Vecchioni, según recoge Ascuolaoggi.

El camino de la vida no es sencillo, pero cada adversidad ofrece una lección muy valiosa para fortalecer la mente y el espíritu. Nadie puede evitar las dificultades, al igual que tampoco podemos impedir las caídas: lo que sí está en nuestras manos es aprender a reaccionar ante ellas y gestionar las emociones y los sentimientos. Existen etapas, como explica Vecchioni, en las que sólo hay oscuridad, pero cuando conseguimos ver la luz y recuperar de nuevo nuestro equilibrio, el siguiente objetivo es volver al «centro».

Ese centro representa, en definitiva, la capacidad de reconocer que nos caímos, pero también logramos volvernos a poner de pie. «Es la autoconfianza, la creencia de que todo se puede superar, de que puedo encontrar una respuesta a todo porque tengo esta fuerza dentro de mí, tengo la fuerza que me dan los amigos, la fuerza que me dan las personas en las que creo, la creencia de que nada puede vencer a un hombre».

Muchas veces somos capaces de hacer y conseguir mucho más de lo que nuestras propias experiencias y nuestra mente nos hacen pensar. Y, especialmente, tenemos la capacidad de volver a levantarnos incluso cuando en determinados momentos parece que hacerlo es imposible. En algunas ocasiones, además, podemos necesitar el apoyo de otras personas para conseguirlo, alguien que nos recuerde nuestro propio valor y nos ayude a comprender lo importantes que somos. Esa compañía no sustituye nuestra decisión de volver a empezar, pero sí puede servir como impulso para recuperar una fuerza que creíamos perdida. Porque, como concluye Vecchioni: «un ser humano es más fuerte que cualquier cosa que pueda suceder».

  • «El corazón se acostumbra a todo, porque no existe la felicidad absoluta y si solo podemos tener un cuarto, una mitad, esa mitad, ese cuarto lo son todo»
  • «Es como cuando conoces a una persona y ya no están los ojos, el brazo, los hombros, los pies, el cabello; esas cosas no son la persona, ni siquiera juntas: la persona es otra cosa»
  • «La medida del amor está en su constancia, en su lentitud»
  • «Hay normalidades, reglas, armonías que ni siquiera notas, porque das por hecho que existen. Es la excepción, la alteración de lo habitual, lo que te provoca ansiedad, te pone los nervios de punta, te agita el alma»
  • «Yo soy un hombre: no hay nada más, no importan ni el viaje ni los encuentros, no importan la tormenta ni el sol, no importan los días, las horas; ni siquiera importa el sentido de las cosas, que brilla o se apaga. Yo soy un hombre y nada más: más allá y por encima, con o sin todo esto».
  • «Nada se mueve, ni de este lado ni del otro, ni dentro de mí. Y es en esos momentos cuando me doy cuenta: nada vive tan intensamente como el tiempo detenido; porque no son las personas que corren, los objetos que caen ni las voces que resuenan las que hacen la vida: esas son imitaciones imperfectas de la vida».

Lo último en Curiosidades

Últimas noticias