El humilde postre de las abuelas aragonesas que sólo se hace cuando llega el otoño y nadie conoce en el resto de España
La gastronomía española está llena de guisos invernales de la abuela, pero en Mediano, un pequeño pueblo de Huesca, la llegada del frío otoñal es sinónimo de un postre desconocido en el resto de España: las migas dulces con miel.
Existen muchos tipos de gachas en España, pero lo que hace a estas migas dulces únicas es que la base se prepara con harina, miel, pan del día anterior, leche, aceite, naranja y canela. Sólo con esto las abuelas ya tenían suficiente para hacer un postre perfecto.
En el caso de Mediano mantener esta receta trasciende de lo gastronómico, ya que supone mantener el vínculo con una parte del pueblo que ya no existe, porque quedó enterrada en las aguas del embalse.
El postre de las abuelas aragonesas que sobrevivió a la desaparición de un pueblo
Las migas dulces nacieron de una cocina de aprovechamiento donde tirar comida era pecado. La harina permitía aumentar la cantidad, el pan duro se reutilizaba y la miel daba un dulzor reconfortante difícil de encontrar.
La razón de que triunfara en otoño es que se trata de un postre contundente, preparado con productos de despensa. Además, en el caso de Mediano el postre adquiere un segundo significado.
Todo porque el antiguo núcleo quedó inundado en 1969 y su campanario sigue emergiendo sobre el embalse como recuerdo del pueblo.
La desconocida receta de un pueblo de Huesca para preparar migas dulces
Para cuatro personas se necesita harina de trigo, agua, leche entera, miel, mantequilla, aceite de oliva y una rebanada de pan duro. La canela y la piel de naranja aportan el aroma que termina de darle carácter al plato.
El primer paso consiste en calentar la leche con la miel, media rama de canela y la piel de naranja. Cuando comienza a hervir, se retira del fuego y se reserva. Mientras tanto, la mantequilla se funde en una sartén junto con el aceite de oliva.
En esa grasa se fríe el pan cortado en dados hasta que queda dorado por fuera. Son los tostones que después dan contundencia repartidos por la crema. Si te fijas no es más que una forma sencilla de aprovechar un pan que de otra manera se habría tirado: pura cocina de aprovechamiento.
El pan se retira y, en la misma sartén, se incorpora la harina. Hay que cocinarla ligeramente, sin dejar que llegue a quemarse. Este paso elimina su sabor crudo y crea la base sobre la que se irá formando una textura parecida a la de una bechamel espesa.
Qué es lo más complicado cuando preparas migas dulces con miel
Después de dorar la harina se incorpora el agua y se remueve hasta deshacer los grumos. A continuación se añade poco a poco la leche aromatizada con miel, naranja y canela, manteniendo la mezcla al fuego durante unos 15 minutos.
Quizás este sea el momento más complicado de esta receta típica de las abuelas aragonesas porque la cuchara no puede quedarse quieta demasiado tiempo.
Ten en cuenta que, a medida que la harina absorbe el líquido, la preparación gana cuerpo y puede pegarse al fondo. Si aparece algún grumo imposible de deshacer, la mezcla puede pasarse por un colador antes de continuar.
Cuando alcanza una consistencia cremosa se apaga el fuego y se añaden los dados de pan frito. No deben incorporarse demasiado pronto, porque perderían por completo su textura, pero tampoco conviene esperar hasta que la crema haya comenzado a endurecer.
Por último, las migas se reparten entonces en platos o cuencos y se terminan con canela molida. Al enfriarse quedan más firmes; incluso pueden prepararse bastante espesas, dejarse reposar y cortarse después en pequeñas porciones.