El holandés está al borde del despido

Los pecados de Koeman

Koeman
Ronald Koeman, durante el partido en Lisboa. (AFP)

El Barcelona volvió a hacer el ridículo en la Champions League. El Benfica arrolló al cuadro culé en el Estadio da Luz con una facilidad asombrosa. El planteamiento de Ronald Koeman volvió a fracasar, fue incapaz de encontrar soluciones ni tácticas ni en el banquillo y vio cómo su homólogo en el equipo rival, Jorge Jesús, le daba un repaso sobre el tapete lisboeta. Los pecados del holandés fueron el planteamiento y su insistencia con los tres centrales, su nula lectura del partido y los cambios que sólo restaron capacidad a su equipo.

Que Koeman tiene las horas contadas en el Barcelona no es nada nuevo. Seguramente, de ser menos costoso su despido para las delicadas arcas culés, el holandés a día de hoy no estaría aún sentado en el banquillo del Camp Nou. En Lisboa, el holandés cavó su enésima tumba en otro partido negro donde sus pecados y tremenda cabezonería le han llevado a esta «situación crítica» que menciona un Sergio Busquets que ve cómo se desmorona lo que un día él ayudó a construir.

Desde una hora antes del partido, cuando anunció que once sería el que saldría a jugar al Estadio da Luz, asomaron los primeros pecados de Koeman. El holandés, en otro partido clave para el futuro del club, volvía a apostar por la vieja guardia pese a lo bien que funcionó días atrás el Plan B y los jóvenes con el 4-3-3. Recuperaba su sistema de tres centrales, con carrileros, un mediapunta y dos delanteros muy móviles. Volvía el 3-4-1-2. Lo que funcionó en muchos momentos la pasada temporada no arranca esta. Principalmente porque los jugadores son otros muy diferentes.

Los veteranos salían al verde. Piqué dirigía la zaga con Araujo y Eric García. Sergi Roberto volvía a ser carrilero tras su noche negra ante el Bayern. Recuperaba a De Jong y Pedri en la medular junto a Busquets y Memphis y Luuk eran los delanteros. No tardó ni tres minutos Darwin Núñez en romper en añicos el planteamiento de Koeman. El Benfica encontraba la espalda de Eric García, que fue un flan tanto en el marcaje como ante la bicicleta de charrúa, que le rompió para batir por bajo a Ter Stegen.

Todo lo que había planeado Koeman se venía abajo. El Barça estaba noqueado y el holandés se veía obligado a rectificar o, al menos, a intentarlo. El entrenador mandó a calentar a Gavi, ese chico que tan buenos resultados le venía dando pero que a la hora de la verdad no fue capaz de meterlo de inicio. Piqué fue el elegido para meter en el campo al joven de La Masía, dado su amarilla y peligro de expulsión. Reformulaba su once y colocaba a De Jong como central libre para sacar la pelota, justo cuando más peligro estaba llevando el centrocampista, generando en el área rival.

Y llegó el descanso, momento para retocar cosas y dar indicaciones en los vestuarios. Pero el Barça salió peor, adormilado y a merced de un Benfica que seguía yendo a más. Consumido el primer cuarto de hora del segundo tiempo parecía que los culés volvían a encontrarse con una gran ocasión de Sergi Roberto, justo cuando Koeman llevó a cabo un triple cambio que terminó de noquear a los suyos. Un minuto después de saltar al césped Coutinho, Ansu Fati y Nico llegaba el segundo del Benfica obra de Rafa Silva. Los locales aprovecharon el descontrol para hacer mella.

Con el Barça golpeado, noqueado y sentenciado, Ronald Koeman no fue capaz de reconducir a los suyos, que fueron de mal en peor con el 3-0 de Darwin desde el punto de penalti. Ni Ter Stegen tuvo su noche, que son ya palabras mayores. Para colmo, el holandés hizo un inexplicable cambio con el tiempo casi consumido. Sacó del campo a Sergi Roberto y metió a Mingueza, pocos minutos después de la expulsión de Eric García. El Barça acabó sin tirar a puerta por segundo partido consecutivo en Champions. Koeman pecó y el Barça con él.

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