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En el mes de febrero, los expertos lanzaron la primera alerta por la presencia de la oruga procesionaria del pino en parques y jardines. Hace unos años, solían aparecer a finales de marzo o principios de abril, pero el calentamiento global está provocando que desciendan de los árboles cada vez antes. Según las autoridades, pueden convertirse en un problema de salud pública, ya que sus pelos urticantes pueden causar irritaciones graves, reacciones alérgicas e incluso resultar mortales para perros y gatos si no se actúa con urgencia.
«Los pelos punzantes de las orugas son casi invisibles y pueden penetrar la piel y las membranas mucosas. Ahí quedan atrapados causando dermatitis irritativa en áreas descubiertas de la piel, cuadros oculares y problemas respiratorios», explica la coordinadora del Grupo de Dermatología de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), Airam Jenny Dávalos.
Alerta a los dueños de mascotas por la oruga procesionaria del pino
@tomijunglevet Estamos en época de procesionarias, así debemos actuar: #procesionaria #perros #mascotas #animales #gatos #veterinaria #vet #viral ♬ sonido original – musicadechavorrucos
«Un nido de orugas procesionarias puede suponer un grave peligro para los perros, especialmente en plena temporada, por lo que si ves uno lo mejor es mantener distancia. Estas orugas están cubiertas por miles de filamentos urticantes que contienen una potente toxina. Forman las conocidas «procesiones» porque la cabeza es la única parte de su cuerpo que no tiene estos filamentos y, al desplazarse en fila, la protegen. El problema surge cuando a un perro o a un gato le llama la atención esta fila de larvas en movimiento y se acerca a investigarlas.
El contacto con sus toxinas puede provocar una fuerte irritación en la cara, las patas o los ojos y, si el animal llega a lamerlas, puede sufrir necrosis en la lengua, dificultad para tragar o respirar, e incluso un shock que puede poner en peligro su vida, por lo que siempre se trata de una urgencia veterinaria. Mientras se llega al veterinario, se puede intentar neutralizar la toxina aplicando agua caliente sobre la zona afectada, siempre desde dentro hacia afuera para evitar que el animal la ingiera, y acudir inmediatamente a un centro veterinario».
Las mariposas adultas emergen en verano, entre junio y agosto, y las hembras depositan los huevos en las ramas de los pinos. A finales del verano nacen las larvas, que comienzan a alimentarse de las agujas del árbol. En otoño e invierno forman los característicos bolsones blancos en las copas, que les sirven de refugio frente al frío. Cuando las temperaturas suben a finales del invierno, las orugas descienden en fila hasta el suelo para enterrarse y transformarse en crisálidas.
Desde el Hospital Veterinario Madrid Centro alertan de que la peligrosidad de la procesionaria no depende de su tamaño, sino de los miles de pelos urticantes que recubren su cuerpo, los cuales actúan como pequeños «dardos microscópicos» que provocan reacciones inflamatorias al contacto con la piel o las mucosas. En el caso de los perros, el contacto con las procesionarias puede causar hipersalivación, inflamación bucal, dolores agudos, pérdida de visión, dificultad respiratoria e incluso necrosis de la lengua.
Si no se actúa con rapidez, las secuelas en los perros pueden ser irreversibles. «El margen de actuación es muy corto. En los casos de contacto con procesionaria, cada minuto cuenta», señala Rubén Duque, director técnico del centro. Se debe retirar la oruga procesionaria del pelaje del perro utilizando guantes, lavar la zona afectada con abundante agua limpia y fresca, no frotar las heridas y acudir al veterinario. En ningún caso se puede frotar ni usar agua caliente, ya que esto puede liberar más toxina.
Ayuntamiento de Madrid
El Ayuntamiento de Madrid ha llevado a cabo labores de control de la procesionaria en zonas verdes y parques de titularidad municipal de los 21 distritos de la capital, con especial atención a aquellos espacios con mayor presencia de pinos y cedros, especies especialmente vulnerables a este insecto. Las actuaciones se han intensificado en grandes parques forestales como la Casa de Campo, la Dehesa de la Villa o la Finca de Tres Cantos, así como en otros espacios con abundante arbolado, entre ellos el Pinar de la Elipa, el Pinar de San José o el parque de la Ventilla.
El programa de control se desarrolla a lo largo del año mediante un sistema integral que combina prevención y eliminación. Durante el verano se instalan trampas con feromonas para capturar machos y evitar la reproducción; en otoño se aplica endoterapia en árboles de difícil acceso; y en invierno se procede a la retirada mecánica de los nidos. También se colocan anillos perimetrales en los troncos para impedir que las orugas desciendan al suelo. Estas campañas resultan clave para proteger el arbolado y reducir el riesgo para personas y mascotas.