Alimentación

Llevamos décadas equivocados respecto al ayuno: lo confirma uno de los mayores estudios realizados al respecto

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Ayuno intermitente. Imagen de Freepik.

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El ayuno, el ayuno intermitente o la idea de que necesitamos comer constantemente para mantener la mente alerta han sido durante años un debate recurrente. Muchas personas temen que saltarse comidas —especialmente el desayuno— provoque falta de concentración, irritabilidad o menor rendimiento en el trabajo o los estudios.

Sin embargo, en los últimos años el ayuno se ha popularizado como una práctica asociada a beneficios para la salud, desde el control del peso hasta mejoras metabólicas. Esto ha llevado a científicos a preguntarse si es posible obtener esos efectos positivos sin perjudicar el funcionamiento del cerebro.

Qué dice uno de los mayores análisis científicos sobre el ayuno y el rendimiento mental

Para responder a esta cuestión, investigadores llevaron a cabo una revisión científica de gran escala que analizó cómo influye el ayuno en el rendimiento cognitivo. El trabajo examinó 63 artículos científicos, que incluían 71 estudios independientes con un total de 3.484 participantes.

En conjunto, los estudios evaluaron 222 medidas distintas de función cognitiva, como atención, memoria y capacidad de planificación. La investigación abarcó casi siete décadas de datos, desde 1958 hasta 2025.

Tras combinar todos los resultados, los científicos llegaron a una conclusión clara: en adultos sanos no existe una diferencia significativa en el rendimiento cognitivo entre estar en ayunas o haber comido recientemente.

Las pruebas mostraron que los participantes resolvían tareas mentales con resultados muy similares independientemente de si habían ingerido alimentos o no. Este hallazgo cuestiona una idea muy extendida: la de que el cerebro necesita recibir comida constantemente para funcionar correctamente.

Por qué el cuerpo puede funcionar bien sin comer durante horas

El estudio explica que el organismo humano cuenta con mecanismos biológicos adaptados a periodos sin comida, algo que fue crucial para la supervivencia durante gran parte de la evolución humana.

Cuando se come con regularidad, el cerebro utiliza principalmente glucosa como fuente de energía. Esa glucosa se almacena en el cuerpo en forma de glucógeno.

Pero cuando pasan aproximadamente 12 horas sin ingerir alimentos, esas reservas comienzan a disminuir. En ese momento el organismo realiza un cambio metabólico: empieza a utilizar grasas como combustible, produciendo moléculas llamadas cuerpos cetónicos.

Entre estos compuestos se encuentran el acetoacetato y el beta-hidroxibutirato, que pueden servir como fuente alternativa de energía para el cerebro.

Según los investigadores, este proceso podría estar relacionado con un envejecimiento más saludable. El ayuno también puede mejorar la sensibilidad a la insulina, ayudando al cuerpo a regular mejor el azúcar en sangre y reduciendo el riesgo de enfermedades como la diabetes tipo 2.

Los factores que sí pueden influir en el efecto del ayuno

Aunque en adultos sanos el ayuno no parece perjudicar el rendimiento mental, el análisis sí identificó tres factores importantes que pueden modificar sus efectos.

La edad

Los adultos no mostraron una caída significativa en su rendimiento cognitivo cuando estaban en ayunas. Sin embargo, niños y adolescentes sí obtuvieron peores resultados en las pruebas cuando se saltaron comidas.

Esto sugiere que los cerebros en desarrollo son más sensibles a los cambios en el suministro de energía, lo que refuerza la recomendación habitual de que los menores desayunen antes de ir a la escuela.

El momento del día

El análisis también observó que el rendimiento de las personas en ayunas tendía a ser peor cuando las pruebas se realizaban más tarde en el día. Esto podría estar relacionado con los ritmos circadianos naturales, que influyen en los niveles de energía y concentración.

El tipo de tarea

El tipo de prueba cognitiva también marcó diferencias. Cuando las tareas incluían símbolos o formas neutras, las personas en ayunas obtenían resultados similares —e incluso ligeramente mejores en algunos casos—.

Pero cuando los ejercicios incluían estímulos relacionados con comida, los participantes que estaban en ayunas se distraían con mayor facilidad.

Esto indica que el hambre no provoca necesariamente una «niebla mental», pero sí puede aumentar la sensibilidad a señales relacionadas con la comida.

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