Suena extraño, pero la ciencia lo confirma: científicos transforman residuos de aceite en harina para hacer pan
Fact checked
Este artículo de OkSalud ha sido verificado para garantizar la mayor precisión y veracidad posible: se incluyen, en su mayoría, estudios médicos, enlaces a medios acreditados en la temática y se menciona a instituciones académicas de investigación. Todo el contenido de OkSalud está revisado pero, si consideras que es dudoso, inexacto u obsoleto, puedes contactarnos para poder realizar las posibles modificaciones pertinentes.
El aprovechamiento de residuos procedentes de la producción de aceite para transformarlos en harina destinada a la elaboración de pan ya cuenta con respaldo científico. Investigadores analizaron la harina parcialmente desgrasada de semillas de girasol, un material que queda tras la extracción del aceite, y comprobaron que puede elevar de forma significativa el valor nutricional del producto final.
El estudio, publicado en Science Daily, detalla cómo este subproducto, habitualmente comercializado a bajo costo para evitar su eliminación, puede reincorporarse a la cadena alimentaria con beneficios concretos. La investigación fue liderada por el biólogo Leonardo Mendes de Souza Mesquita, del Instituto de Biociencias de la Universidad de São Paulo (IB-USP).
Cómo los residuos de aceite se convierten en una harina con alto valor nutricional
La harina evaluada se obtiene tras el prensado mecánico de las semillas de girasol para extraer su aceite. A diferencia de otros procesos industriales, este método no utiliza solventes químicos, lo que significa que el subproducto resultante está libre de contaminantes derivados del procesamiento, más allá de posibles residuos asociados al cultivo agrícola.
Para determinar su viabilidad en panificación, el equipo elaboró distintas formulaciones sustituyendo entre un 10% y un 60% de la harina de trigo por harina de girasol. Cada versión fue sometida a análisis detallados: composición química, comportamiento de la masa durante la elaboración y características físicas del pan ya horneado.
Los datos revelaron incrementos notables en proteína y fibra. En el nivel máximo de sustitución, el contenido proteico alcanzó el 27,16%, frente al 8,27% del pan tradicional elaborado exclusivamente con trigo. Esta diferencia supone más que triplicar la concentración de proteínas en el producto final.
Además del aporte proteico, la harina de girasol contiene entre un 40% y un 66% de proteína en su composición, junto con fibra dietética, hierro, calcio y niveles elevados de ácido clorogénico. Este compuesto fenólico está asociado a efectos antioxidantes, antiinflamatorios e hipoglucemiantes.
Textura, volumen y la solución del extracto acuoso
El aumento del valor nutricional tuvo efectos sobre la calidad sensorial del producto. Cuando la harina de girasol representó el 20% o más de la receta, los panes resultaron más pequeños y firmes. La estructura de la miga se volvió más densa y menos esponjosa, reduciendo la suavidad característica del pan tradicional.
Para resolver este desafío, los investigadores trabajaron con un extracto acuoso derivado de la misma harina. Este se obtiene mezclando la harina con agua y filtrando la mezcla, sin aplicar tratamientos físicos o químicos adicionales.
La incorporación del extracto permitió preservar mejor la estructura y la textura del pan. De acuerdo con el equipo, esta estrategia mantiene características similares a las del pan de trigo convencional, al tiempo que conserva las mejoras nutricionales asociadas al subproducto.
Más allá de los resultados técnicos, la investigación se enmarca en una lógica de economía circular. Transformar un residuo industrial en un ingrediente funcional no solo incrementa el valor nutricional de un alimento básico, sino que también reduce el desperdicio y optimiza el uso de recursos en la cadena productiva del aceite de girasol.
El modelo tradicional de «extraer, producir y descartar» queda así cuestionado por una alternativa que prolonga el ciclo de vida de los materiales. En este caso, un subproducto subestimado se convierte en materia prima con aplicación directa en la industria alimentaria.