Los expertos piden que dejemos de dar de comer a los pájaros, y hay varios motivos científicos de peso
Ver un pájaro en el parque o en la plaza y querer darle un trozo de pan, una galleta o lo que llevemos encima es una costumbre que sale casi sin pensarlo. El problema es que ese gesto aparentemente inofensivo puede hacer más daño de lo que se cree.
Cada vez son más los estudios que reflejan que alimentar a las aves silvestres, sobre todo de forma habitual, cambia su salud, sus decisiones de cría y hasta el reparto de especies en un barrio, un parque o un ecosistema. En definitiva, no hay que seguir alimentándolas.
Estos son los motivos por los que deberíamos dejar de dar de comer a los pájaros según los expertos
Juan Gabriel Martínez, catedrático de Zoología en la Universidad de Granada, explica que dar de comer a los pájaros es una práctica extendida que puede alterar su comportamiento y afectar a su equilibrio natural.
Un estudio titulado Winter food provisioning reduces future breeding performance in a wild bird, realizado con herrerillos (Cyanistes caeruleus), analiza precisamente este efecto.
Los científicos probaron una suplementación invernal a escala de paisaje y comprobaron que, en primavera, las aves que habían recibido alimento en invierno sacaban adelante pollos más pequeños y con menor supervivencia.
Criaban peor, con un descenso medio en el número de volantones. La explicación no depende de un único factor. Por un lado, influye la calidad del alimento, ya que muchas grasas y mezclas comerciales no se parecen a su dieta natural.
Por otro, el comedero cambia qué aves sobreviven al invierno, facilita que salgan adelante individuos menos competitivos. Cuando llega la época de cría y desaparece esa ayuda, esas aves rinden peor y aumenta la competencia por los recursos.
Otro punto igual de importante es el sanitario. Un comedero junta a muchas aves en poco espacio, a veces especies que en condiciones normales apenas coincidirían, como puede ser una paloma y un verderón.
Ese contacto estrecho abre la puerta a patógenos. En el Reino Unido se ha descrito la expansión de tricomoniasis en fringílidos vinculada a puntos de alimentación compartidos, tras el salto de Trichomonas desde palomas a otras especies. Si además el recipiente acumula restos y heces, el riesgo se dispara.
Y luego está la ecología «de barrio». Cuando la comida aparece siempre en el mismo lugar y a la misma hora, ganan las especies dominantes y oportunistas. El mejor ejemplo son los muladares con buitres en España. Si concentras alimento de forma predecible, facilitas que unas pocas especies monopolicen el recurso y la diversidad cae alrededor.
Cuáles son los pájaros más afectados
No todos los pájaros reaccionan igual. Los más afectados suelen ser pequeños paseriformes como herrerillos y carboneros (Parus major), que aparecen en varios estudios sobre suplementación y efectos de arrastre entre estaciones.
También sufren especialmente las especies que se concentran en parques y estanques, porque reciben pan y restos casi a diario. Patos y otras acuáticas no ganan nada con una dieta basada en harinas y sal, además, el excedente se pudre en el agua y empeora la calidad del humedal.
Si realmente quieres ayudar a los pájaros, la solución no está en alimentarlos con pan o cualquier resto de comida. Lo mejor es ofrecerles agua, que ayuda más de lo que parece, sobre todo en veranos secos. Un bebedero poco profundo es suficiente, pero exige limpieza frecuente, porque si se queda sucio puede convertirse en un foco de contagio.