Los zoólogos no se andan con chiquitas: peligran millones de aves de 40 especies, y ya piden medidas urgentes
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Las aves migratorias forman parte de un sistema natural que conecta regiones separadas por miles de kilómetros. Su supervivencia no depende solo de los lugares donde se reproducen, sino también de los espacios que utilizan para descansar, alimentarse y pasar el invierno. En ese recorrido, ciertos territorios funcionan como auténticos nodos ecológicos.
En este contexto, un nuevo análisis científico pone el foco en varias zonas forestales de América Central que concentran una proporción significativa de aves a escala mundial. El estudio utiliza grandes volúmenes de datos y plantea interrogantes sobre el futuro de estos corredores naturales, cada vez más reducidos por la actividad humana.
Los bosques son la clave: ¿Por qué millones de aves podrían estar en peligro?
El artículo científico, publicado en la revista Biological Conservation, identifica cinco grandes bosques de América Central como corredores esenciales para las aves migratorias. Estas masas forestales se extienden desde el sur de México hasta el norte de Colombia y actúan como áreas de paso, descanso e invernada para decenas de especies.
La investigación fue impulsada por la Wildlife Conservation Society y el Laboratorio de Ornitología de Cornell, que analizaron millones de observaciones recopiladas en la plataforma eBird.
A partir de estos datos, los científicos determinaron que entre el 10% y el 46% de las poblaciones mundiales de 40 especies de aves dependen de estos bosques durante parte del año. Los cinco enclaves identificados son:
- Selva Maya, en México, Belice y Guatemala.
- La Moskitia, en Honduras y Nicaragua.
- Indio Maíz-Tortuguero, entre Nicaragua y Costa Rica.
- La Amistad, en Costa Rica y Panamá.
- El Darién, en Panamá y el norte de Colombia.
Estos territorios funcionan como un puente biológico entre América del Norte y del Sur, con un peso desproporcionado en la conservación de las aves migratorias.
¿Qué especies están en declive y cuáles podrían ir hacia el mismo camino?
Uno de los casos más representativos es el de la reinita cerúlea, una especie cuya población se ha reducido en torno a un 70% desde 1970. Viviana Ruiz Gutiérrez, coautora del trabajo, explicó que «más del 40 por ciento de su población mundial pasa por estos bosques durante la migración».
Además de la reinita cerúlea, el estudio identifica a otras aves migratorias cuya supervivencia está estrechamente ligada a estos grandes bosques. Entre ellas figura el zorzal silbador, una especie forestal que concentra una parte significativa de su población mundial en estas zonas durante el invierno boreal.
También aparecen la reinita alidorada y la reinita de Kentucky, ambas con descensos poblacionales sostenidos y una fuerte dependencia de estos corredores naturales.
A esta lista se suman especies como la tangara escarlata, muy sensible a la fragmentación del hábitat, y el gavilán aludo, una rapaz migratoria que utiliza estos bosques como áreas clave de descanso.

El análisis también muestra vínculos directos entre estos bosques y zonas de reproducción situadas en el noreste de Estados Unidos, Canadá y regiones como los Apalaches, el delta del Misisipi o el Medio Oeste.
Estas conexiones, denominadas paisajes hermanos, evidencian que la pérdida de hábitat en Centroamérica tiene consecuencias directas sobre las aves que se observan en parques y zonas naturales norteamericanas.
En total, desde 1970 se han perdido en América del Norte unos 2.500 millones de aves migratorias de 419 especies, un dato que refuerza la preocupación expresada por la comunidad científica.
La deforestación, una de las raíces del problema
Para llegar a estas conclusiones se analizaron más de 2.000 millones de observaciones aportadas por más de un millón de personas a eBird, una de las mayores bases de datos de ciencia participativa del mundo.
Mediante modelos estadísticos avanzados y aprendizaje automático, los investigadores transformaron estos registros en mapas de distribución y estimaciones de abundancia de aves con alta resolución.
Ruiz Gutiérrez subrayó que el volumen de información ha sido clave para detectar patrones antes invisibles, aunque también reconoció limitaciones en zonas con baja presencia humana o en el seguimiento de aves marinas. Aun así, el resultado ofrece una imagen precisa del papel de estos bosques.
El informe advierte de que los cinco grandes bosques recién señalados han perdido entre un 5% y un 30% de su superficie desde el año 2000, principalmente por la ganadería ilegal y la expansión agrícola. «Estamos en un punto crítico. Si esa deforestación sigue, millones de aves desaparecerán», señaló la investigadora.
¿Cuáles son los planes para conservar a estas aves migratorias?
El estudio insiste en que la conservación de las aves migratorias requiere una estrategia coordinada entre países. Los científicos proponen reforzar el apoyo financiero a comunidades locales e indígenas, con programas de largo plazo centrados en la regeneración forestal, la gestión sostenible y la agroforestería.
Cabe remarcar que la pérdida de estos hábitats no es un fenómeno aislado, sino parte de una cadena de impactos que atraviesa fronteras. Los datos científicos apuntan a que cada hectárea protegida en América Central tiene efectos directos en la estabilidad de poblaciones de aves en todo el continente.
El trabajo concluye que comprender estas conexiones es esencial para frenar el declive actual. La ciencia ya ha delimitado las zonas críticas; ahora, según los autores, el reto pasa por transformar esa información en políticas de conservación efectivas antes de que los corredores naturales desaparezcan.
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- Aves