Aviso urgente de la NASA: una nave de 600 kilos va a impactar contra la Tierra en unas horas
La sonda 'Van Allen A' se desintegrará en la atmósfera tras un viaje histórico para estudiar los cinturones de radiación del planeta
El ciclo solar ha adelantado diez años su caída, prevista para 2034, poniendo en alerta a los sistemas de vigilancia
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El reloj ha empezado a correr para la sonda Van Allen A. Según las últimas previsiones de la NASA, el reingreso de esta nave de 600 kilos se producirá este miércoles 11 de marzo. Aunque la hora estimada apunta a las 00:45 horas (horario peninsular), existe un margen de incertidumbre de 24 horas debido a la complejidad de las capas atmosféricas.
A pesar de la espectacularidad del suceso, la Fuerza Espacial de los Estados Unidos ha lanzado un mensaje de calma. El riesgo de que algún fragmento alcance a una persona es extremadamente bajo: apenas 1 entre 4.200. Al tratarse de una reentrada no controlada, es imposible saber con exactitud matemática el punto del impacto, pero la estadística juega a nuestro favor: la mayor parte de la Tierra es agua o zonas deshabitadas, por lo que lo más probable es que los restos descansen para siempre en el fondo del océano.
El Sol ha precipitado su caída
Lo más curioso de este «aviso urgente» es que la nave no debería estar cayendo ahora. Cuando la misión terminó oficialmente en 2019 tras agotarse su combustible, los cálculos iniciales situaban su regreso para el año 2034.
¿Qué ha cambiado? El ciclo solar. Nuestra estrella está mucho más activa de lo que se predijo hace una década, lo que ha provocado que la atmósfera terrestre se expanda y «frene» la trayectoria de la sonda, adelantando su final más de diez años.
Una misión suicida entre radiación
La Van Allen A de la NASA no era una nave cualquiera. Junto a su gemela Van Allen B (que no caerá hasta 2030), fue diseñada para adentrarse donde nadie más se atrevía: los cinturones de Van Allen. Estas zonas están cargadas de radiación y partículas que pueden freír la electrónica de cualquier satélite o ser letales para los astronautas.
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Gracias a los siete años de datos que recopiló esta sonda, hoy podemos proteger mejor nuestros sistemas GPS, las telecomunicaciones y las redes eléctricas de las tormentas solares. Ahora, tras cumplir una misión que debía durar solo dos años y se alargó hasta los siete, la nave se dispone a desintegrarse casi por completo al cruzar el cielo, convirtiéndose en una bola de fuego antes de tocar suelo.