El rally electoral anticipa una mayoría absoluta histórica de 205 escaños para PP y Vox en las generales
El reflejo de las elecciones autonómicas avanza el fin del sanchismo

El reflejo nacional de las elecciones autonómicas celebradas en los últimos tres meses -Extremadura, Aragón y Castilla y León- apuntala el fin del sanchismo. Siguiendo la tendencia de estos comicios, de celebrarse ahora unas generales, PP y Vox lograrían una holgadísima mayoría absoluta de 205 escaños mientras que el PSOE de Pedro Sánchez caería hasta los 112, sin margen alguno de reeditar su gobierno Frankenstein por el desplome de sus socios.
La estrategia de desgaste diseñada por los populares contra el Gobierno de Sánchez consolida ya la nueva realidad demoscópica. La derechización del voto es total. El PP domina gracias a la solidez de su electorado y recoge el testigo del bipartidismo. Vox -pese al resultado agridulce de este domingo- presume de un crecimiento sostenido y retiene la llave para asegurar la gobernabilidad del bloque del centroderecha. El PSOE constata la consecuencia de años de gestión sanchista, de los escándalos, de la corrupción, de los casos de acoso sexual, de los intentos de su presidente de blindarse en el poder a toda costa, por encima del mismo Estado de Derecho. En la izquierda más radical, Sumar sucumbe por la falta de liderazgo y la sumisión al socialismo y se desmembra sin solución de continuidad.
Todo ello se traduce en que, según la proyección de voto de Data10 para OKDIARIO, si los españoles acudiesen ahora a las urnas, el PP lograría 143 escaños, seis más que hace tres años; el PSOE sacaría 121, nueve menos; Vox duplicaría su representación, pasando de 33 a 62; Sumar caería de 27 a cinco y Podemos apenas tendría un diputado.
La configuración del arco parlamentario no deja lugar a dudas, con un bloque del centroderecha de 205 escaños por los 117 de los actuales socios de coalición. En el resto de formaciones, el independentismo resiste con resultados prácticamente idénticos a los actuales, salvo en el caso de Junts que no rentabiliza su tira y afloja con Sánchez y pierde dos escaños. ERC conserva siete; el PNV, cinco y Bildu, seis.
La derechización del voto
La conclusión del ciclo electoral es, pues, clara. PP y Vox dominan el nuevo escenario político con un 53,1% de porcentaje de voto. Los populares aventajan al PSOE en casi siete puntos (34,5% frente a 27,9%). Vox, con un 18,6%, cuadriplica porcentualmente a Sumar (4,7%).
Las terceras elecciones autonómicas en tres meses siguen, pues, confirmando la derechización del país. Y, cada una con sus peculiaridades, permite atisbar también las tendencias que marcarán el acelerón hasta las generales.
La primera es que las urnas lanzan un mandato nítido a PP y Vox sobre la urgencia de entenderse. Con los pactos bloqueados aún en Extremadura y Aragón y esta nueva negociación pendiente, ninguna mayoría será posible sin que los de Núñez Feijóo y Abascal se pongan de acuerdo. Lo contrario será un bloqueo permanente y la lógica frustración de su electorado. El resultado es claro: el centroderecha acapara el mayor porcentaje de voto, a enorme distancia de la izquierda: en Extremadura, el 60%; en Aragón, el 52% y en Castilla y León, el 55%.
Los comicios perfilan también el nuevo marco de relaciones y equilibrios en el centroderecha. Tras los agridulces resultados en Extremadura -donde el adelanto electoral apenas se saldó con un diputado más- y de Aragón -con dos menos-, Castilla y León ha dado un cierto respiro al PP al ver contenida la subida de Vox. El partido de Abascal —que no ha roto todavía el umbral psicológico del 20%— tiene aún margen de crecimiento y tiempo para afinar su estrategia negociadora, entrando en los gobiernos o apoyándoles desde fuera.
En el PSOE, la incertidumbre es cuán dura será la caída. Tras las hecatombes extremeña y aragonesa, Castilla y León ha dado un cierto alivio que, seguramente, sólo se explica por el hecho de que su candidato era el único alejado de la órbita sanchista. Sánchez, pese a todo, rechaza adelantar las elecciones y parece dispuesto a resistir como sea, aun con el calendario marcado por las investigaciones a Begoña Gómez, el juicio a su hermano y el caso sobre la financiación del partido.
Otra tendencia es la disolución de la izquierda a la izquierda del PSOE. Desmembrada y sin liderazgos, se ve reducida a fuerza testimonial y con el riesgo de desaparecer. Presos de conspiraciones y batallas internas, Sumar y Podemos no logran ilusionar a un electorado que, en su día, depositó en ellos las esperanzas del cambio. Prueba de ello es lo ocurrido en Castilla y León, donde ni Podemos ni Izquierda Unida-Sumar lograron el umbral mínimo del 3% para tener representación parlamentaria.
Todas esas tendencias se pondrán a prueba de forma inminente en Andalucía. Un territorio peculiar, antiguo feudo socialista, donde PP y Vox a acuden con grandes expectativas y el PSOE con una candidata, María Jesús Montero, que sintetiza en sí misma toda la esencia del sanchismo. Será entonces cuando concluya el carrusel electoral autonómico y comience la recta final a las generales. Y se compruebe si el cambio de ciclo es real o sólo un espejismo.