Director del Instituto de Dermatología Integral

Dr. Sánchez-Viera: «La ropa es una de las formas más eficaces de fotoprotección»

"Vestir una camiseta no debe interpretarse automáticamente como una protección suficiente"

"La arena, el agua o la nieve reflejan parte de la radiación ultravioleta"

fotoprotección
Dr. Miguel Sánchez Viera.

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Cuando pensamos en protegernos del sol solemos recurrir al protector solar, las gafas de sol o el sombrero. Sin embargo, la ropa constituye una de las principales barreras frente a la radiación ultravioleta, aunque no todas las prendas ofrecen el mismo nivel de protección.

Factores como el tipo de tejido, el color, el grosor, el ajuste o incluso la humedad pueden hacer que una camiseta bloquee prácticamente toda la radiación o permita que una parte importante atraviese el tejido y llegue a la piel. Para conocer de qué depende esa capacidad protectora y cuáles son las medidas más eficaces para prevenir el daño solar, OKSALUD ha entrevistado al director del Instituto de Dermatología Integral, el doctor Miguel Sánchez Viera.

PREGUNTA.- ¿Hasta qué punto protege realmente la ropa frente a la radiación ultravioleta? ¿De qué depende que una camiseta actúe como una barrera eficaz o deje pasar una cantidad importante de radiación solar?

RESPUESTA.- La ropa es una de las formas más eficaces de fotoprotección porque actúa como una barrera física entre la radiación ultravioleta (UV) y la piel. Sin embargo, no todas las prendas protegen igual. Una camiseta puede bloquear prácticamente toda la radiación solar o, por el contrario, dejar pasar una cantidad importante de rayos UV dependiendo de sus características.

La capacidad protectora de una prenda depende principalmente de la densidad del tejido, el tipo de fibra, el grosor y el acabado del material. Cuanto más compacto sea el entramado de la tela, menor cantidad de radiación atravesará el tejido. En cambio, las prendas muy finas o con un tejido abierto permiten que una mayor proporción de radiación alcance la piel.

Por eso, vestir una camiseta no debe interpretarse automáticamente como una protección suficiente, especialmente durante exposiciones prolongadas al sol, en la playa, la montaña o mientras se practican actividades al aire libre. En estas situaciones, la ropa debe formar parte de una estrategia global de fotoprotección y no sustituir al protector solar en las zonas expuestas.

P.- Muchas personas piensan que cualquier prenda protege por igual del sol, pero no es así. ¿Qué factores, como el color, el tipo de tejido, el grosor, el ajuste o incluso que la ropa esté mojada, influyen en su capacidad de protección?

R.- La protección solar de una prenda depende de varios factores, y pequeñas diferencias pueden traducirse en una protección mucho mayor o mucho menor. Los colores oscuros, como el azul marino, el negro o el verde oscuro, absorben mejor la radiación ultravioleta que los colores claros, por lo que suelen proteger más. Del mismo modo, los tejidos de trama cerrada —como el denim, la lona o determinados poliésteres técnicos— ofrecen una protección superior frente a tejidos ligeros y muy abiertos. El grosor también influye. Una prenda gruesa suele dejar pasar menos radiación que otra muy fina.

Además, cuando la ropa se ajusta excesivamente al cuerpo, las fibras se separan ligeramente y aumenta la cantidad de radiación que puede atravesarla. Un aspecto que muchas personas desconocen es que la ropa mojada pierde parte de su capacidad protectora, especialmente si está confeccionada con algodón. Una camiseta blanca de algodón seca puede ofrecer una protección moderada, pero al mojarse deja pasar una cantidad significativamente mayor de radiación ultravioleta. Es una situación muy habitual en la playa, la piscina o durante la práctica deportiva. Por ello, cuando se va a permanecer muchas horas al aire libre, es recomendable utilizar prendas holgadas, de tejido tupido y, si es posible, específicamente diseñadas para proteger frente al sol.

P.- Además del uso de ropa adecuada, ¿qué otras medidas son imprescindibles para prevenir el daño solar y reducir el riesgo de cáncer de piel, especialmente durante el verano o cuando se realizan actividades al aire libre?

R.- La protección frente al sol debe entenderse como un conjunto de medidas complementarias. Ninguna, por sí sola, ofrece una protección completa. La primera recomendación es evitar la exposición solar intensa durante las horas centrales del día, cuando la radiación ultravioleta alcanza sus niveles máximos. También es fundamental aplicar un fotoprotector de amplio espectro con un SPF elevado, preferiblemente 50+, unos 20-30 minutos antes de la exposición y renovarlo cada dos horas, así como después del baño o de una sudoración intensa. A ello hay que añadir el uso de sombreros de ala ancha, gafas de sol homologadas y buscar la sombra siempre que sea posible. Conviene recordar que la arena, el agua o la nieve reflejan parte de la radiación ultravioleta, por lo que la exposición puede ser mucho mayor de la que percibimos.

Además de prevenir las quemaduras, estas medidas reducen el riesgo de fotoenvejecimiento —manchas, arrugas y pérdida de elasticidad— y, sobre todo, disminuyen la probabilidad de desarrollar cáncer de piel. La prevención debe mantenerse durante todo el año, ya que la radiación ultravioleta no desaparece en los días nublados ni fuera del verano.

Por último, es importante realizar una autoexploración periódica de la piel siguiendo la regla ABCDE de los lunares y acudir al dermatólogo ante cualquier lesión que cambie de tamaño, forma, color, sangre o no cicatrice. El diagnóstico precoz sigue siendo una de las herramientas más eficaces para lograr tasas de curación superiores al 95 % en los cánceres de piel detectados en fases iniciales.

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