Reflexión

Lao Tsé, filósofo chino creador del taoísmo, sobre la sabiduría: «Aquel que conoce a los demás es un erudito; el que se conoce a sí mismo es un sabio»

La gran estatua de piedra de Lao Tsé en el monte Qingyuan, Quanzhou (China), tallada en la dinastía Song y considerada la mayor escultura en piedra del filósofo. Foto: N509FZ - CC BY-SA 4.0
La gran estatua de piedra de Lao Tsé en el monte Qingyuan, Quanzhou (China), tallada en la dinastía Song y considerada la mayor escultura en piedra del filósofo. Foto: N509FZ - CC BY-SA 4.0
Naiara Philpotts
  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

El capítulo 33 del Tao Te Ching, el texto fundacional del taoísmo, reúne una de las reflexiones filosóficas más citadas de Lao Tsé sobre el conocimiento humano. El pasaje contrapone dos formas de saber, una dirigida hacia el mundo exterior y otra hacia uno mismo.

La reflexión del filósofo chino se completa con una segunda comparación que habla sobre el poder. Poco más adelante, el mismo capítulo enlaza la distinción entre erudición y sabiduría y la diferencia entre dominar a los demás y dominarse a uno mismo, ejes que el taoísmo trata como equivalentes.

¿Por qué el Tao Te Ching distingue entre conocer a los demás y conocerse a uno mismo?

«Aquel que conoce a los demás es un erudito; el que se conoce a sí mismo es un sabio», plantea el capítulo 33 del Tao Te Ching. La primera mitad describe el conocimiento acumulado sobre el entorno, las personas y las circunstancias externas.

La segunda describe una forma distinta de comprensión, dirigida hacia los propios límites, motivaciones y contradicciones. El texto no presenta ambas capacidades como incompatibles, sino como logros de distinto orden, uno acumulable con datos y observación, y el otro dependiente de un ejercicio interno de revisión.

La misma reflexión continúa con una comparación sobre la búsqueda del poder, según recoge Goodreads: «El que conquista a los demás es poderoso y el que se conquista a sí mismo es invencible».

Otras traducciones sustituyen «erudito» por «inteligente» y «sabio» por «iluminado», con igual contraste de fondo.

El dominio de uno mismo, la otra forma de fortaleza que describe el taoísmo

El taoísmo separa dos competencias que rara vez se entrenan de la misma manera. Acumular información sobre otras personas, situaciones o el entorno es un ejercicio distinto al de reconocer los propios límites, impulsos y contradicciones.

El capítulo 33 trata ambas capacidades como categorías separadas, no como grados de una misma habilidad.

Esa misma separación se repite en el segundo par de ideas del capítulo, sobre el poder. Imponerse sobre otros depende de la fuerza, las circunstancias o los recursos disponibles. Imponerse sobre uno mismo depende de otra cosa, del control sobre los propios impulsos, y el texto lo describe como una forma de invencibilidad que no depende de vencer a nadie más.

¿Realmente existió Lao Tsé?

Según la Enciclopedia de Filosofía de Stanford, los relatos tradicionales sobre Lao Tsé proceden del Shiji (Registros del Gran Historiador), la obra del historiador chino Sima Qian. Ese relato lo ubica como nativo del estado de Chu, al sur de la China de la dinastía Zhou.

Su nombre de nacimiento era Li Er, también llamado Dan, y trabajó como guardián de los archivos de la corte real. La tradición lo sitúa como contemporáneo, y mayor en edad, de Confucio (551-479 a. C.), con quien habría mantenido varios encuentros.

Cuando la dinastía Zhou entró en declive, Lao Tsé se retiró hacia el oeste. Un guardia fronterizo llamado Yin Xi lo convenció de dejar registradas sus enseñanzas antes de partir, lo que dio origen a un texto de unos cinco mil caracteres, el Tao Te Ching.

La existencia histórica de Lao Tsé es, sin embargo, objeto de debate académico. Parte de los especialistas considera que se trata de una figura legendaria y que nunca existió un autor individual con ese nombre.

Hallazgos arqueológicos, como los manuscritos de Mawangdui y Guodian, respaldan la hipótesis de que el Tao Te Ching es un texto compuesto por distintas colecciones de dichos. Esas colecciones se habrían escrito desde la segunda mitad del siglo V a. C. y tomaron una forma unificada recién en el siglo IV a. C.

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