En 1993 Oklahoma reintrodujo 300 bisontes en praderas: 30 años después se han transformado en una manada de 2.700 ejemplares
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En otoño de 1993, 300 bisontes americanos fueron liberados en la Joseph H. Williams Tallgrass Prairie Preserve, una extensa reserva situada en Oklahoma, Estados Unidos. El objetivo del proyecto iba mucho más allá de recuperar una especie emblemática que había desaparecido de buena parte de su territorio histórico. El objetivo era comprobar hasta qué punto la presencia de un gran herbívoro nativo podía ayudar a recuperar los procesos naturales y el equilibrio de todo un ecosistema.
Más de tres décadas después, los resultados permiten observar una transformación notable del paisaje. Durante el verano, la manada puede alcanzar alrededor de 2.700 ejemplares, incluyendo las crías nacidas durante la primavera, que se desplazan por más de 12.000 hectáreas de pradera. Según una investigación de largo plazo publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), después de 29 años, las zonas donde se habían reintroducido bisontes presentaban un 103% más de especies vegetales nativas a escala local que aquellas donde se había excluido a los grandes herbívoros.
Reintroducción de bisontes en las praderas de Oklahoma
La historia de la reserva comenzó en 1989, cuando The Nature Conservancy adquirió varios terrenos que habían formado parte del antiguo Chapman-Barnard Ranch. Cuatro años después, en 1993, llegaron los primeros 300 bisontes americanos (Bison bison), procedentes de una donación del Ken-Ada Ranch.
Hoy en día, la reserva ocupa unas 16.000 hectáreas, y su importancia se entiende mejor al observar hasta qué punto se ha reducido este tipo de paisaje. Las praderas de pastos altos llegaron a extenderse por una enorme franja del centro de Norteamérica, pero la transformación del territorio para usos agrícolas y urbanos redujo su superficie a menos del 4% de su extensión original.
Mientras, la caza masiva y la alteración de las Grandes Llanuras provocaron un drástico descenso de la población de bisontes, hasta situar a la especie al borde de la desaparición. Los historiadores calculan que en el siglo XVI había al menos 60 millones de bisontes en Estados Unidos. Sin embargo, finales del siglo XIX, apenas quedaban 300 ejemplares.
En este contexto, en el año 1993, se reintrodujeron en la reserva los primeros 300 bisontes americanos, una iniciativa que The Nature Conservancy considera una parte fundamental de la restauración del ecosistema de pradera de pastos altos. Desde entonces, la población ha aumentado de forma considerable. Actualmente, la manada cuenta con alrededor de 2.100 ejemplares durante el invierno, una cifra que puede aumentar hasta unos 2.700 en verano debido al nacimiento de nuevas crías durante la primavera.
«Los bisontes fueron los que moldearon este paisaje. Hemos realizado varios estudios sobre su dieta y hemos descubierto que el 99 % de la alimentación de un bisonte se compone de pasto. El ganado vacuno come entre un 80 % y un 85 % de pasto. El resto de su dieta se compone de plantas de hoja ancha. Aquí hemos identificado más de 750 especies de plantas, de las cuales unas 115 son gramíneas. El resto son plantas de hoja ancha, que son las flores silvestres. Y la población de estas plantas se ha reducido drásticamente debido al pastoreo del ganado», explico a NBC News Payne, coordinador de relaciones comunitarias de la Reserva Tallgrass Prairie.
Rut season is back and the bison are hot and bothered.
From now until September, it’s mating season for bison. Bulls compete for mates and can become much more aggressive. When visiting public lands, give the bison plenty of space and admire them from a safe distance away. pic.twitter.com/invj23OxCq
— U.S. Department of the Interior (@Interior) July 29, 2026
Los bisontes pueden ingerir hasta 14 kilos de hierba al día. También se alimentan de vegetación seca, lo que ayuda a reducir la cantidad de biomasa que podría acumularse y actuar como combustible para los incendios, un riesgo que puede aumentar durante los veranos especialmente húmedos.
Toda esa materia vegetal termina transformándose en estiércol, que los escarabajos entierran en el suelo. Este proceso favorece la retención de carbono y aporta nutrientes que funcionan como fertilizante natural para las plantas de la pradera. Además, a diferencia de los árboles, buena parte del carbono almacenado por estas plantas permanece bajo tierra, concentrado en sus raíces. Por ello, cuando se quema la vegetación, se libera menos carbono a la atmósfera.
Sin embargo, la reserva no depende únicamente de los bisontes para controlar el crecimiento de vegetación. Según explicó Payne, el personal realiza quemas controladas aproximadamente en un tercio de la superficie cada año. «Las quemas son una parte muy importante de la gestión de la tierra, y es una herramienta que Estados Unidos ha olvidado».
El bisonte americano es uno de los grandes herbívoros de Norteamérica. Antes de la llegada de los colonos europeos, cientos de miles de ejemplares recorrían las Grandes Llanuras, donde desempeñaban un papel esencial en el equilibrio de los ecosistemas. La caza masiva durante el siglo XIX provocó un drástico descenso de sus poblaciones y estuvo a punto de llevarlo a la desaparición. En la actualidad, diferentes proyectos de conservación han permitido recuperar numerosas manadas.