¿Fortaleza o desarraigo emocional? La psicología desvela la otra cara de haber crecido entre los 60 y 70
Todos tenemos un familiar, amigo o conocido que habitualmente pronuncia la frase «pues en mis tiempos…», seguida de alguna dura experiencia de su vida que, según él, la generación de hoy en día no estaría ni cerca de imaginar. Y si no conoces a nadie, es que probablemente seas tú, tus hermanos y tus amigos. Porque la generación que creció en los sesenta y setenta presume de la resistencia de que nadie le regaló nada.
Un nuevo estudio psicológico ha estudiado esta presunta resistencia y dureza a los desaires de la vida de la generación boomer y ha llegado a varias conclusiones. Ser resistente no es una elección propia, sino que la vida te vuelve resistente tras miles de pequeñas lecciones diarias; si no aprendías a la primera, el mundo te lo enseñaba a la segunda y de forma más fuerte.
Para los criados durante los 60 y 70, el fracaso o la derrota no estaba premiado con trofeos de consolación o palabras de refuerzo. Eran simplemente eso, fracasos y derrotas de los que había que levantarse y volver a intentar. La ausencia de apoyo emocional se suplió con una red estructural que ayudó a esta generación. Países de medio mundo implantaron políticas para lo que fue la primera generación en acudir a la universidad y facilidades en el acceso a la vivienda por las que matarían la generación actual.
Esta resistencia provocada por una forma de ver el mundo distinta a la actual ha hecho que para esta generación, que ya ronda los 60 años, le sea muy difícil integrarse en la sociedad moderna o abrirse ante los demás para contar sus problemas. Programados para caer, aguantar y levantarse, es muy difícil salir del círculo cuando verdaderamente necesitas que alguien te escuche y entienda. La generación criada en esos años ha crecido con la dureza necesaria para aguantar los peores desasosiegos de la vida, pero con un precio que todavía siguen pagando.
Temas:
- Psicología