Una psicóloga alerta del exceso de extraescolares: «Los niños necesitan tiempo para jugar y aburrirse»
La psicóloga ha reivindicado la importancia de recuperar espacios sin una planificación adulta constante

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La psicóloga Lucía Tintoré ha defendido la necesidad de preservar el juego libre de los menores frente al exceso de actividades extraescolares y ha advertido de que unas jornadas infantiles excesivamente cargadas pueden generar niños «saturados», además de privarles de un «derecho básico».
De esta forma, Tintoré ha señalado que la vuelta a la rutina después del periodo estival supone para muchas familias pasar «de cero a cien», un cambio que define como un «periodo Ferrari», en el que los niños pasan de un verano con menor exigencia y mayor libertad a unas obligaciones mucho más estructuradas.
La especialista ha explicado que la saturación en los menores, especialmente cuando son pequeños, no siempre se manifiesta de forma verbal. Por el contrario, puede hacerse visible a través de cambios en su comportamiento y diferentes síntomas físicos.
«No nos van a decir, o es muy raro que un niño nos diga: Estoy estresado o me encuentro mal porque llevo mucho ritmo. Lo vamos a ver sobre todo en manifestaciones somáticas, quizás dolores de barriga, dolores de cabeza, dolores musculares incluso, pero sobre todo y especialmente mucha irritabilidad y dificultades de regulación emocional», ha señalado.
Conciliación y presión social
Tintoré ha considerado «excesivas» aquellas jornadas que, una vez terminado el horario escolar, continúan durante toda la tarde con actividades programadas. A su juicio, esta situación responde en parte a las dificultades que encuentran las familias para conciliar sus obligaciones laborales con el cuidado de los hijos.
Pero también existe, según ha apuntado, una presión social que lleva a muchos padres a intentar preparar a sus hijos desde edades muy tempranas para «un mundo muy productivo, muy competitivo».
Esta concepción puede llevar a que niños de apenas tres años acumulen hasta cuatro o cinco actividades extraescolares durante las tardes, reduciendo de forma considerable el tiempo disponible para el juego espontáneo, el descanso o simplemente para no hacer nada.
En este sentido, la psicóloga ha reivindicado la importancia de recuperar espacios sin una planificación adulta constante. El juego libre, ha defendido, no debe entenderse como un tiempo vacío o improductivo, sino como una parte fundamental del desarrollo infantil.
El aburrimiento, un «antídoto» frente a las pantallas
Preguntada por si las actividades extraescolares constituyen una herramienta necesaria para mantener a los menores alejados de las pantallas, Tintoré ha rechazado que sean la única alternativa.
Para la especialista, existe una opción mucho más sencilla: permitir que los niños se aburran. «El mejor antídoto para eso es el propio aburrimiento», ha afirmado, al considerar que este estado, habitualmente percibido de forma negativa por los adultos, desempeña un papel importante en el desarrollo del cerebro infantil.
«El aburrimiento es sano porque el cerebro es cuando empieza a crear, cuando empieza a imaginar» ha subrayado. En su opinión, tanto las pantallas como las actividades excesivamente dirigidas proporcionan al menor un «guion hecho», lo que reduce el espacio para que desarrolle su propia imaginación y capacidad creativa.
Por ello, la psicóloga considera que no se trata simplemente de sustituir las pantallas por una agenda repleta de actividades, sino de ofrecer a los menores tiempo suficiente para desarrollar sus propios juegos, descubrir sus intereses y aprender también a gestionar el tiempo sin estímulos externos constantes.
Sin un número concreto de extraescolares
De cara a la planificación del nuevo curso escolar, Tintoré no ha establecido un número concreto de tardes que los menores deberían tener libres. A su juicio, no existe una cifra universal válida para todos los niños, ya que las necesidades pueden variar en función de la edad, la personalidad y las circunstancias de cada menor.
El principal indicador, ha apuntado, debe ser la respuesta del propio niño. Irritabilidad, dificultades para regular las emociones, cansancio o síntomas físicos pueden ser señales de que el ritmo de actividades está resultando excesivo.
La clave, por tanto, no estaría únicamente en cuántas extraescolares realiza un menor, sino en garantizar un equilibrio entre las obligaciones, el descanso, el juego libre y ese tiempo aparentemente improductivo que, precisamente por no estar dirigido, puede convertirse en uno de los espacios más importantes para el desarrollo infantil.