Costumbres españolas

No eres 100% de Madrid si no sabes distinguir estos tres dulces típicos que sólo se hornean una vez al año

Rosquillas de Santa Clara, dulces típicos de Madrid, mejor postre madrileño, dulces de San Isidro.
Dulces. Imagen de creación propia.
  • Manuel Morera
  • Periodista y fundador del pódcast V9, el programa de F1 más escuchado de España. Universidad de Valencia y Radio 3. Anteriormente en ElDesmarque, Levante TV y Las Provincias.

Madrid tiene manjares únicos, pero ante una bandeja de dulces tradicionales es muy fácil identificar a los verdaderos madrileños. Sólo los llamados gatos de pura raza son capaces de saber las diferencias entre una rosquilla de Santo o saber qué tienen de especial las tontas, las listas y las de Santa Clara.

Por ejemplo, los madrileños saben perfectamente cuándo hay que comer las rosquillas del Santo y por qué debes probarlas al menos una vez mientras te das un paseo hacia la ermita.

Pero el trío más reconocible de los dulces madrileños son las tontas, las listas y las de Santa Clara. Pueden parecerte iguales, pero el acabado hace que la experiencia en cada caso sea distinta.

Sólo un verdadero madrileño sabe distinguir entre estos dos dulces

Pese a que Madrid tiene postres dulces casi perfectos, a veces se nos olvida lo mejor de su gastronomía local. Si quieres reivindicar la comida autóctona, debes saber unas cuantas cosas básicas.

Por ejemplo, las rosquillas tontas son las más fáciles de identificar porque no llevan glaseado ni merengue. Su superficie dorada queda al descubierto, con las grietas que se forman durante el horneado. De hecho, el nombre alude a esa ausencia de adornos, no a que les falten ingredientes.

Para prepararlas lo principal es la harina, los huevos, el azúcar y el aceite, con el anís como uno de los aromas característicos. Tampoco deben confundirse con las rosquillas fritas de otras recetas familiares porque en las versiones tradicionales de pastelería de San Isidro se cuecen en el horno.

En el caso de las listas, lo añadido es una cobertura dulce (generalmente amarillenta y con sabor a limón). El baño recubre la rosquilla y se deja secar, formando esa capa que permite reconocerlas incluso cuando aparecen mezcladas con las demás variedades.

Como suele ocurrir con los productos artesanales, cada obrador tiene su receta propia, pero identificarlas es muy fácil estés donde estés: las tontas van sin cobertura y las listas llevan glaseado.

Qué son las rosquillas de Santa Clara que debes probar en Madrid

Las de Santa Clara se distinguen por su merengue seco y blanco, elaborado con claras y azúcar. La cobertura queda sobre la parte superior de la rosquilla y aporta una textura diferente a la de las listas.

Según la historia, el nombre está vinculado a la tradición repostera de las monjas clarisas. Frente al tono dorado de las tontas y al amarillo habitual de las listas, el blanco permite localizarlas rápidamente entre las bandejas.

Con estas tres rosquillas ya puedes sacar pecho por ser un buen conocer de la tradición madrileña, pero si quieres la matrícula de honor hay una cuarta: la rosquilla francesa, reconocible por la almendra de su acabado.

Por qué las rosquillas son un dulce típico de San Isidro

La relación de las rosquillas con San Isidro está unida al relato popular de la Tía Javiera, una vendedora a la que se atribuye una enorme fama en la romería.

A decir verdad, su historia mezcla tradición y leyenda, incluso al situar su procedencia en Fuenlabrada o Villarejo de Salvanés. No obstante, ha servido como reclamo durante generaciones.

Por suerte, hoy en día se pueden encontrar durante todo San Isidro tanto en la Pradera como en las pastelerías de barrio. Además, un pequeño consejo: si pides de Santa Clara asegúrate de que lleven un merengue seco, para que no se amontonen.

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