Frente a la estulticia y la cobardía, determinación y coraje

Pedro Sánchez, Gobierno, PSOE

Sin duda, Ceuta es la noticia, y es inevitable seguir hablando de ella. Y que conste que no lo hago como recién llegado, porque la referencia al peligro que supone Marruecos para la integridad territorial de nuestra nación es recurrente en mis colaboraciones. Pero efectivamente, ahora es la noticia. Y hasta parece que para no robarle protagonismo han menguado en intensidad los incendios; excepto los que se generan en Ferraz con cada disposición de Pedraz, siendo que la sede y el juez componen ya, para desgracia de los socialistas, un temible sintagma de rima consonante.

De lo acontecido en Ceuta (y también en Melilla) la semana pasada, todavía faltan por conocer algunos datos e informaciones, que tal vez se detallan en los ignorados informes del CNI, pero lo que ya todo el mundo sabe es que no estamos ante una crisis migratoria generada por las mafias del tráfico de personas, sino que es una agresión al territorio de España amparada o instigada por Marruecos. Pero, vistos los papeles que han jugado hasta ahora los dos países: la cínica complicidad marroquí y la cobarde indefensión española, hay que prever lo que van a hacer de aquí en adelante.

Marruecos siempre ha reclamado la soberanía sobre las plazas norteafricanas y nunca ha ocultado su intención de integrarlas en su territorio. También ha demostrado que con ese fin utilizará casi cualquier método y transgredirá cualquier principio del Derecho Internacional Público, incluido el uso ilegítimo de la fuerza. La única duda es saber la velocidad con la que quiere actuar Mohamed VI. El rey alauí es un hombre enfermo y prematuramente envejecido, y es consciente de que quizá no tenga mucho tiempo; además, es lógico que quiera utilizar la posición de aliado estratégico de EEUU (e incluso de Israel) que viene construyendo históricamente el reino de Marruecos, y que no quiera desaprovechar la relación cercana, confiada y cómplice que el rey Mohamed ha sabido armar con el presidente Trump.

Y si por el lado de Marruecos todo son fortalezas y oportunidades, por el de España todo son debilidades y amenazas. En todos los años de democracia, nunca nuestro país había estado tan aislado respecto de los socios europeos y de los aliados atlánticos, y los nuevos mejores amigos del sanchismo no tienen ni capacidad ni ganas de ayudar en una disputa territorial que ni les interesa ni les obliga. Hay, además, otros factores de carácter personal: la deriva ideológica de Sánchez le orienta hacia otros objetivos y otros retos, y ha hecho suyos la habitual desidia y abandono de la izquierda española hacia las ciudades autónomas; y, por otro lado, no parece que esté dispuesto a alterar esa línea entreguista de su política internacional que siempre ha mirado de forma preferencial por los intereses de Marruecos.

¿Qué se puede esperar, entonces, que haga Sánchez ante este ataque a la integridad territorial? Pues, en términos prácticos, nada. Insistirá en el relato de la crisis migratoria y de la inhumana actividad de las mafias, y tratará de victimizar la noble y caritativa política de nuestro país frente al ataque del contubernio reaccionario de la ultraderecha nacional e internacional. En definitiva, una nueva muestra de mentira y de escapismo; porque, se quiera o no reconocerlo, estamos ante un conflicto abierto entre los dos países, y no afrontarlo con determinación y coraje es, como mínimo, una irresponsabilidad, y mediando, como se teme, intereses o temores personales del presidente, se acercaría más a una traición.

Hay que ser, entonces, realistas y asumir que este Gobierno, ya sea por las buenistas razones confesadas o por las sospechosas razones inconfesables, no va a salirse de ese guion indigno y derrotista que muestra el infame Marlaska cuando, a la pregunta de si el ataque puede volver a ocurrir, responde que «no soy adivino».

Solo nos queda esperar que no cometan una torpeza irreversible o no se haga una renuncia definitiva; y que otros en el futuro aborden el conflicto con valentía y defiendan los intereses y la integridad de España sin tener una mano en la espalda. En vez del ridículo papelón de Marlaska con sus colegas esta mañana, se puede europeizar el problema en el sentido de que, en la seguridad de que es lo que Europa necesita, se apoyen incondicionalmente las decisiones de España. Y hasta se puede pedir que se incluyan a Ceuta y Melilla en el espacio Schengen, ya que, al contrario de la ignorante desidia de Marlaska, se asegura que las fronteras o tienen garantizada su seguridad o estarán cerradas.

Y todo esto sin demorarse un minuto, porque seguro que el rey de Marruecos quiere dejarle bien encauzado el tema a su hijo, el príncipe Moulay Hassan; igual que le va a dejar ya comprada a Infantino la final de 2030 en Casablanca. Pero quizá el rey Mohamed VI no vea ese partido, y puede que sea porque, Alá le tenga en su gloria, ya no esté vivo cuando se celebre el Mundial. Y los españoles no deberíamos echarle de menos.

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