Sánchez pretende utilizar de forma rastrera al Rey
Lo que está haciendo Pedro Sánchez con la figura del Rey Felipe VI constituye una insólita y perversa instrumentalización del jefe del Estado. Si el presidente del Gobierno ya se sirvió del monarca para la ‘perfomance’ en la que amagó con dimitir al meterle de lleno en su falso plan de cinco días de reflexión, ahora pretende que Felipe VI blanquee la amnistía aludiendo en uno de sus próximos discursos a «la mejoría de la convivencia» en Cataluña. La pretensión de la Moncloa es que cuando la norma sea publicada en el BOE, con la firma del Rey, este pronuncie la palabra clave: «Convivencia».
La petición, que busca cumplir con una exigencia de los separatistas, molestos todavía por el firme discurso en defensa del marco constitucional que el Rey pronunció el 3 de octubre de 2017, ya se le ha trasladado al jefe del Estado, al que Sánchez vuelve a ponerle en una delicada situación. Y es que Junts y ERC, en sus negociaciones con el PSOE, exigieron a los socialistas un perdón explícito del Rey. La fórmula que ha encontrado el PSOE no va tan lejos, pero resulta igualmente intolerable. Se pretende que Felipe VI reconozca que la «convivencia» ha mejorado en Cataluña, siendo la «convivencia» la excusa que ofreció Pedro Sánchez para justificar la Ley de Amnistía.
Con independencia de que el monarca -como es natural- no se preste a la maniobra monclovita, lo que ya resulta de por sí intolerable es que el Gobierno haya sido capaz de hacerle llegar tan burda iniciativa. Sánchez pretende, sencillamente, que Felipe VI abdique de su condición de árbitro y moderador del funcionamiento regular de las instituciones y blanquee una Ley de Amnistía que tendrá que sancionar con su firma en virtud de su cargo de jefe del Estado. Sánchez no va lograr su propósito, pero su mera pretensión de que Felipe VI hable de la «mejoría de la convivencia en Cataluña» es revelador del grado de ignominia política del presidente del Gobierno.