Guerra en las empresas familiares

Poder e intriga: ingredientes letales para empresas familiares como Gucci, Fendi o Lladró

Poder e intriga: ingredientes letales para empresas familiares como Gucci, Fendi o Lladró
Silvia Venturini Fendi y Karla Largerfeld durante un desfile de Fendi (Foto: Getty)

Grandes apellidos de magnas familias han creado exitosas compañías alrededor de todo el mundo, eso sí, muchas de ellas han terminado en manos de terceros por problemas económicos o por guerras internas. En España, para que se hagan una idea, el 89% de las empresas son familiares, generan 6,58 millones de puestos de trabajo y son responsables del 57,1% del Valor Añadido Bruto, según datos del Instituto de la Empresa Familiar. Los expertos explican que las compañías familiares no suelen pasar de la tercera generación, pero en algunos casos, no soportan ni el primer round.

Quizá una de las corporaciones familiares más famosas es la de Inditex, nació de manos de Amancio Ortega y su esposa, Rosalía Mera. Otras empresas familiares es Mango, Codorniú, Banca March, FCC, los hermanos Domínguez, Galletas Gullón, Eulen, etc. Podríamos seguir dando nombres de compañías familiares bien avenidas y llenas de éxitos, sin embargo, también podemos hablar de otras que han ido deteriorándose por las malas relaciones familiares y han terminado perdiendo el control empresarial.

Poder e intriga: ingredientes letales para empresas familiares como Gucci, Fendi o Lladró
Tienda de Lladró (Foto: Getty)

La venta de la empresa de porcelanas Lladró al fondo de inversión PHI Industrial ha sido la última de las firmas en salir de las manos de su apellido fundador. Había demasiadas escisiones dentro de la familia como para seguir con una vida saludable. José, Juan y Vicente fundaron la empresa en los años 50 y lograron estar en mercados que, quizá, jamás soñaron, pero ahí estaban en las mejores zonas comerciales en EEUU o en Asia. En 2007 la situación entre los hermanos era tan insostenible que decidieron subastar Sodigei, la matriz de Lladró, que quedó repartida en tres partes: el 70% para Juan (y sus tres hijas) y el 30% se lo repartieron entre José y Vicente. Era una guerra abierta en la que no solo estaban los hermanos, también sus hijos y sus respectivas parejas. ‘Éramos la envidia del mundo entero y no estábamos contentos. ¿Qué ha pasado?’, se lamentaba recientemente Vicente Lladró.

Los enfrentamientos de los Álvarez por Grupo Eulen

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David Álvarez, fundador del Grupo Eulen (Foto: Eulen)

En el seno del Grupo Eulen las cosas no están mucho mejor, el fundador David Álvarez nombró en 2009 a solo dos (María José y Jesús David) de sus siete hijos herederos universales de toda su fortuna. Actualmente María José es la administradora única de Eulen, una empresa que tiene previsto cerrar el actual ejercicio con 1.500 millones de euros en ventas y una plantilla de más 86.000 personas.

Los cinco hijos del fundador piden la creación de un consejo de administración en el que poder estar presentes como accionistas, pero la presidenta de la multinacional ha hecho caso omiso de las demandas de sus hermanos. Ha advertido que no moverá ficha, aunque está dispuesta a hablar con ellos.

Además de Eulen, los Álvarez también poseen la sociedad El Enebro, una firma que aglutina las acciones de las bodegas Vega Sicilia y la empresa de carnes Valle del Ebro controlada por los díscolos, ya que Jesús David vendió su 13% a sus hermanos.

Las galletas Cuétara no pasaron ni de generación

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Publicidad de la galletera Cuétara

No olvidamos a Cuétara, la empresa galletera levantada en México por dos españoles: Juan y Florencio Gómez Cuétara. En los años 50 se instalan en España y es el propio Juan es el que diseña la maquinaria galletera, registrada además como patente. Años más tarde crean la Sociedad Anónima Cuétara con un capital de 55 millones de las antiguas pesetas. Pero el mal de la disputa se instaló en la familia: ¿Vender o no vender la empresa? Florencio, con el 40% de las acciones opta por la venta, mientras que Juan, que controla el 60%, se opone totalmente.

Las cuentas estaban claras: decidía el que mayor accionariado aglutinaba. El follón vino cuando algunos de los hijos de Juan se pasaron al bando de su tío Florencio y Juan terminó vendiendo sus acciones a SOS Arana. Hoy la marca galletera Cuétara pertenece al Grupo Nutrexpa, comprado en 2008 por 215 millones de euros.

La familia Gullón y sus episodios surrealistas

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Junta General Extraordinaria de los Gullón celebrada en un coche. (Foto: IE)

Galletas Gullón aún está en manos de la familia, pero han tenido sus más y sus menos. La galletera nacida a finales del S.XIX en Aguilar de Campoo (Palencia) produce más de 100 millones de kilos de galletas al año facturando unos 200 millones de euros anuales. Pero las cosas no han sido sencillas.

Mª Teresa Rodríguez, actual presidenta de honor, enviuda de José Manuel Gullón, en 1986 se ficha como director general a Juan Martínez Gabaldón, figura que más tarde será echado del Consejo de Administración por los hijos de Rodríguez contra la voluntad de ésta y de su hija, Lourdes Gullón. La ex presidenta controlaba más de un 50% de las acciones, pero le fue denegado el acceso a las instalaciones de la compañía. La solución pasó por hacer la reunión ante notario dentro de su coche en la calle junto a Gabaldón. Una imagen para la posteridad.

Los Fendi no encontraron la rentabilidad

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Carla Fendi, Delfina Delettrez Fendi, Anna Fendi and Silvia Venturini Fendi (Foto: Getty)

La marca Fendi tiene su origen en Italia en 1918 cuando Adele Casagrande abre una pequeña tienda de bolsos en una de las mejores calles de Roma, en Via del Plesbiscito, con un taller de pieles en la trastienda. En 1925 se casa con Edoardo Fendi, de ahí que la firma se llame así, y tienen cinco hijas que, según la prensa italiana, no tenían una relación armoniosa dentro del negocio familiar, incluso afirmaba que ni se hablaban. Algo que parece cierto a juzgar por las palabras de Alda Fendi, la pequeña de la saga: “En las reuniones volaban ceniceros y bandejas. Siempre ganaba la mejor idea, pero antes de eso volaba todo”.

A pesar de todo tenían éxito, la marca avanzaba, se creaban segundas líneas para gente joven y se contrató a Karl Lagerfeld como director creativo. En 1994 Silvia Venturini crea un modelo de bolso, la Baguette, que tiene grandes adeptas. Nada de esto pudo salvar a Fendi de terminar en manos de otros, la rentabilidad de la firma no aparecía y la estructura con la que contaban no podía competir en igualdad de condiciones con otras firmas francesas o italianas. No había rentabilidad porque los beneficios se gastaban a la misma velocidad que llegaban.

En 1999 las hijas Fendi, cuando la firma ganaba 10 millones de dólares al año y tenía unas seis tiendas en el mundo, decidieron deshacerse de la empresa familiar. Vendieron el 51% de las acciones a una joint venture conformada por el holding de lujo, LVMH y por Prada. Según The New York Times, la operación se habría cerrado por 520 millones de dólares.

Más tarde, en 2001 el grupo francés compró a Prada un 25,5% de Fendi por 295 millones de euros. En 2003 las hermanas cedieron un trozo más de la compañía y en 2007 ya nada tenía que ver con las Fendi.

Gucci Wars

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Maurizio Gucci con Paola Franchi

Pero si hay una historia de luchas familiares con toques negros es la de Gucci. La firma italiana nace en 1921 de manos de Guccio Gucci, una compañía que pasó a manos de Rodolfo y de ahí a manos de uno de sus hijos, Maurizio Gucci. Éste se hizo con el control del 50% de las acciones en 1983 a través de Investcorp, un acontecimiento que trajo grandes peleas y sinsabores entre sus primos y tíos que luchaban por controlar la marca familiar. La guerra ha tenido capítulos y capítulos en la prensa de todo el mundo e incluso libros dedicados a estos enfrentamientos como ‘Gucci Wars’ de Jenny Puddefoot Gucci.

Diez años más tarde, la empresa decrecía en ventas y rentabilidad, Maurizio vendió en 1993 la firma al grupo francés PPR por 120 millones de dólares. Además, el nieto Gucci fue acusado de blanqueo de capitales y de haber falsificado la firma de su padre Rodolfo para hacerse con el control.

Pero aquí no acaba la batalla, en 1995 Maurizio Gucci es asesinado a sangre fría y por la espalda en la entrada de sus oficinas en Milán. Su ex mujer, Patrizia Reggiani, era acusada de haber ordenado el asesinato de Gucci para no perder su parte de la herencia, ya que Maurizio tenía una nueva relación con Paola Franchi. Para llevar a cabo el crimen, la viuda había contratado a través de su vidente a un pistolero y a un chófer, ambos fueron condenados.

Hace tres años que Patrizia salió de la prisión de Milán y comenzó a trabajar para la firma de joyas BozArt, aunque la propia Reggiani comentó a The Guardian que ganaba muy poco y que tenía que vestir de Zara, “no puedo comprar ropas adecuadas”, decía. ¿Quién da más en las disputas familiares por el poder y el dinero?

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