El Atlético se hace el harakiri por el ‘topocho’
Los rojiblancos no pueden con el modesto Bodo noruego y dejan escapar el top-8 de la Champions
Se dio la carambola en otros partidos, pero el que no cumplió fue el Atlético
El Atlético se quedó sin aire en Champions. Cogió la soga, la colgó del techo y se ahorcó. Inició la jornada con la calculadora en mano y dependiendo de una carambola, que sí se dio, para alcanzar los octavos, pero los que no cumplieron fueron ellos. Se hundieron (1-2) ante un modesto Bodo que asaltó el Metropolitano con argumentos futbolísticos, lo que nadie había conseguido esta temporada, y quedan abocados a una previa antes de los octavos de final. El Bodo se vistió de Qarabag para revivir viejos fantasmas y provocar un terremoto.
La noches de Champions siempre son especiales en el Metropolitano. Van cargadas de convicciones y fe, pese a que la competición les ha dado más de cal que de arena. Varias más cruces que caras, tal vez sea esa esquiva victoria la que enciende tanto a los rojiblancos, que convierten su estadio en una caldera cuando suenan los acordes del himno. Con mayor vigor este miércoles, la ocasión lo merecía. Todos los partidos a la vez y con el pase a octavos en juego. Jornada de transistor y anorak.
Porque cuando el Bodo puso un pie en Madrid -tras su stage exprés en Benidorm- se encontró con su reflejo. ¿Qué hace la nieve aquí?, debieron preguntarse. Quizás por ahí, por sentirse en su habitat, pasó su buena puesta en escena ante el Atlético con un inicio imponente. Presión adelantada y colmillo afilado. Giménez sacó prácticamente bajo palos y Hogh, tras una pérdida de Koke en las inmediaciones de su área, perdonó la vida al Atlético al desaprovechar el mano a mano.
Fluía el Bodo en un ejercicio de clarividencia táctica y posicional, mejor que su rival con y sin balón. El Atlético no lograba imponer su ley ni rebajar las hechuras del equipo noruego. Los rojiblancos llegaban poco, pero cuando lo hacían lo hacían bien. Haikin, con medio cuerpo dentro de la portería, evitó el empate de Sorloth y el VAR anuló un gol a Baena por fuera de juego milimétrico. Abusaba el Atlético buscando a su ariete por alto y tanto fue el cántaro a la fuente que se terminó rompiendo.
Centro de Hancko y martillazo de Sorloth, el hombre gol de este equipo en lp que va de 2026. Lo difícil parecía estar hecho. Siguió el Atlético su acoso al Bodo. El partido se verticalizó en una única dirección. Necesitaba goles el Atlético. A mayor número de goles, menor dependencia de la calculadora. Y en esas se lanzó. Haikin volvió a sacar un gol a Sorloth, también a Nico, Barrios se topó con el larguero y el árbitro anuló -solo él sabe el motivo- un gol olímpico a Julián Álvarez que tiró de pillería mientras el equipo nórdico se embarullaba en una protesta.
Como el de Arnold al Barcelona en Anfield, para que se hagan uba idea. No caía el segundo y el Bodo, que responde con golpes a los golpes, hizo de las suyas en dos actos. Paciencia para hilvanar la jugada y empatar y sacar provecho de un lío en el área rojiblanca para cobrar ventaja. De pronto el tiempo cambió su relatividad en el Metropolitano. Los minutos se pasaron como segundos y se fueron por el sumidero sin que el Atlético derribara el muro. Se quedaron fríos y sin ideas, únicamente con Sorloth como esperanza.
Balones a él, al único que metía la cabeza donde otros temen poner el pie. Los cambios no dieron el paso que necesitaba. Calentó Giuliano, pero no entró. Sí lo hicieron Almada, Ruggeri, Nahuel y Le Normand, que no lograron evitar el fundido a negro colchonero. Sin ideas y con las piernas corriendo más rápido que la cabeza. Mala combinación. Al final la calculadora acertó, pero el Atlético falló. Es equipo de playoff por demérito. Esto es lo que hay. Simeone se queda sin topocho.