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Muere Fabrizio Plessi, el artista italiano que encontró en Mallorca un segundo hogar

El mundo del arte contemporáneo despide a Fabrizio Plessi, una de las figuras fundamentales del videoarte y las videoinstalaciones

Fabrizio Plessi artista
Fabrizio Plessi. Foto: @fabrizio.plessi
Julio Bastida

El mundo del arte contemporáneo despide a Fabrizio Plessi, una de las figuras fundamentales del videoarte y las videoinstalaciones y un pionero de la experimentación tecnológica aplicada a la creación artística. El creador italiano ha muerto a los 86 años en el hospital de Dolo, en la provincia de Venecia, dejando tras de sí una extensa trayectoria internacional y, también, una profunda huella en Mallorca, isla a la que estuvo ligado durante cerca de tres décadas.

Plessi, nacido en Reggio Emilia en 1940, convirtió el agua, la luz, la imagen y la tecnología en los grandes protagonistas de una obra que rompió fronteras entre disciplinas. Su trabajo fue pionero en un momento en el que el vídeo apenas comenzaba a abrirse camino en los espacios artísticos y terminó situándolo entre los nombres más reconocidos de la creación audiovisual contemporánea.

Pero hubo un lugar especialmente importante en su vida: Mallorca. El artista llegó por primera vez a la isla en 1989, invitado a presentar su obra en el Casal Solleric. Por entonces atravesaba uno de los momentos decisivos de su carrera, después de haber participado en la prestigiosa Documenta de Kassel. Aquella primera visita acabaría convirtiéndose en una relación mucho más profunda de lo que probablemente podía imaginar.

Con el paso de los años, Plessi estableció su residencia en Es Llombards, en Santanyí, y Mallorca pasó a formar parte inseparable de su universo personal y creativo. La isla no fue únicamente un lugar donde vivir, sino también una fuente constante de inspiración.

Su obra pudo contemplarse en algunos de los espacios culturales más importantes de Mallorca. Expuso en la Fundació Miró, en el Aljub de Es Baluard Museu, en la Fundació Sa Nostra y en la Llotja. Precisamente en este último espacio presentó en 2011 una instalación inspirada en los tradicionales llaüts, conectando una vez más su lenguaje artístico con el paisaje y la identidad mediterránea.

Para Plessi, Mallorca tenía además una conexión especial con su Venecia natal. Él mismo describió la isla como una especie de «espejo con Venecia», dos territorios unidos por la luz, el agua, los horizontes y unas atmósferas capaces de despertar emociones similares.

Esa relación quedó especialmente reflejada en la retrospectiva que Es Baluard dedicó a sus tres décadas de vínculo con Mallorca. La exposición permitió entender hasta qué punto el Mediterráneo había dejado de ser para Plessi un simple escenario para convertirse en parte de su lenguaje artístico.

Desde finales de los años sesenta, Plessi comenzó a investigar de manera obsesiva las posibilidades del agua. Lo hizo desde múltiples perspectivas: instalaciones, vídeos, películas, fotografías y acciones performativas. El agua aparecía en sus trabajos como materia, pero también como símbolo de movimiento, memoria y transformación.

Su formación en Venecia marcó inevitablemente su sensibilidad. Después de estudiar en el Instituto de Arte y en la Academia de Bellas Artes de la ciudad, llegó a ejercer como profesor en esta última institución. Allí desarrolló una carrera que pronto le llevaría a explorar territorios que entonces resultaban completamente novedosos.

Durante los años setenta comenzó a trabajar con equipos de vídeo y a documentar sus acciones mediante grabaciones y fotografías. En Ferrara, en colaboración con el Centro de Actividades Visuales del Palazzo dei Diamanti, realizó algunas de sus primeras experiencias con el vídeo.

En 1978 llegó su primera participación en la Bienal de Venecia, dentro de la exposición especial L’immagine provocata. A partir de entonces, su nombre comenzó a adquirir una dimensión internacional.

Su carrera estuvo marcada por una constante búsqueda de nuevos lenguajes. Plessi no entendía la tecnología como un simple recurso, sino como una herramienta capaz de ampliar las posibilidades de la creación artística. Vídeo, arquitectura, escultura, luz y sonido convivieron en unas instalaciones que buscaban provocar una experiencia física y emocional en quien las contemplaba.

La muerte de Plessi deja un vacío en la escena cultural internacional, pero también en Mallorca, donde durante años fue mucho más que un artista de paso.

La isla terminó formando parte de su vida cotidiana y de su imaginario. Desde su casa de Es Llombards, Plessi mantuvo ese diálogo permanente entre el Mediterráneo mallorquín y la atmósfera veneciana que tanto marcó su obra.

En 2019, con motivo de una de las muestras dedicadas a su trayectoria en Mallorca, se subrayaba precisamente esa capacidad para mezclar tradición y tecnología, materia e imagen, pasado y futuro. Su trabajo planteaba preguntas sobre el ser humano y sobre un mundo sometido a profundas transformaciones sociales y medioambientales.

Ahora, con su fallecimiento a los 86 años, desaparece uno de los grandes pioneros de un arte que hoy resulta cotidiano, pero que, cuando Plessi comenzó a explorarlo, todavía parecía pertenecer al futuro.

Para Mallorca, sin embargo, su legado tiene una dimensión más íntima. La isla fue durante décadas su refugio, su casa y uno de los paisajes desde los que construyó una parte esencial de su mirada. Y en sus aguas, su luz y sus horizontes dejó también una parte de sí mismo.

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