Factores de riesgo comunes para la salud que podemos controlar
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Contar con buenos seguros de salud no solo ayuda a recibir atención médica rápida y personalizada, sino que también permite detectar a tiempo posibles riesgos para el corazón, el cerebro o el sistema circulatorio. Aunque algunos factores como la edad o la genética no se pueden modificar, muchos otros sí están bajo nuestro control y marcan una gran diferencia en la prevención de enfermedades cardiovasculares.
Evaluación del riesgo de ataques o derrames
Los ataques cardíacos y los accidentes cerebrovasculares son dos de las principales causas de muerte en el mundo. Antes de que ocurran, el cuerpo suele mostrar señales que conviene atender: niveles elevados de colesterol o glucosa, tensión arterial fuera del rango normal o un aumento del peso corporal. Una evaluación médica periódica, con analíticas y revisiones, puede identificar estos riesgos de manera precoz y reducir las probabilidades de sufrir un evento grave.
Factores de riesgo controlables
Controlar los hábitos diarios es una de las estrategias más efectivas para proteger la salud. A continuación se detallan algunos de los principales factores que pueden modificarse con cambios sostenidos en el estilo de vida.
Dieta: colesterol alto
Una alimentación rica en grasas saturadas, ultraprocesados o azúcares refinados eleva los niveles de colesterol LDL, conocido como “malo”. Este tipo de colesterol se acumula en las arterias, dificultando el flujo sanguíneo y aumentando el riesgo de infarto. Apostar por frutas, verduras, legumbres, pescado azul y aceite de oliva ayuda a mantener el colesterol en niveles saludables y a proteger el sistema cardiovascular.
Presión arterial alta
La hipertensión suele desarrollarse de manera silenciosa, pero es uno de los principales factores asociados a los derrames cerebrales y los ataques cardíacos. Reducir la ingesta de sal, mantener un peso adecuado y realizar actividad física de forma regular puede mejorar significativamente la presión arterial. Además, es fundamental medirla con frecuencia, sobre todo a partir de los 40 años o si existen antecedentes familiares.
Inactividad física
El sedentarismo contribuye al sobrepeso, la pérdida de masa muscular y el deterioro del metabolismo. Caminar al menos 30 minutos al día, practicar algún deporte o realizar ejercicios de fuerza mejora la circulación, fortalece el corazón y ayuda a controlar el azúcar y el colesterol. La clave está en la constancia y en encontrar una actividad que se disfrute.
Estrés
El estrés prolongado puede aumentar la presión arterial, alterar el sueño y favorecer hábitos poco saludables, como fumar o comer en exceso. Incorporar rutinas de descanso, técnicas de relajación o actividades placenteras es esencial para equilibrar el sistema nervioso y mantener una buena salud mental y física.
¿Cómo te puede ayudar un seguro de salud privado?
Un seguro de salud privado permite acceder rápidamente a especialistas, pruebas diagnósticas y programas de prevención. Estos servicios facilitan el seguimiento personalizado de los factores de riesgo y la detección temprana de alteraciones antes de que se conviertan en problemas mayores. Además, ofrecen revisiones periódicas, chequeos cardiológicos y orientación nutricional, elementos clave para mantener un estilo de vida saludable y reducir las probabilidades de sufrir enfermedades graves. Cuidar la salud empieza por conocer los riesgos y actuar a tiempo. Contar con un buen plan médico puede ser el mejor aliado para conseguirlo.