Tarde, mal y nunca

Tarde, mal y nunca

En el Consejo de Seguridad Nacional y en el posterior Consejo de Ministros se ha abordado, por fin, la crisis de Ceuta. Es evidente que el Gobierno no ha vuelto al trabajo por sentido de la responsabilidad; ni porque empatizaran con los compatriotas ceutíes que el aciago 30 de julio perdieron su bienestar y su convivencia; y ni siquiera conmovidos por la tragedia de más de cien fallecidos y el drama de varios miles de personas literalmente tiradas por las calles y playas de la ciudad. El Gobierno, que ya no puede seguir escaqueándose, vuelve a clase como aquel gandul del chiste de Eugenio: ¡porque es el director del colegio!

Pero, aunque ahora se pongan a intentar resolver la situación humanitaria de los emigrantes y a intentar que los ceutíes recuperen su seguridad, su libertad y, en definitiva, su vida, no significa que vayan a ocuparse del problema medular que es origen de esas crisis humanitarias, sanitarias y de seguridad. Porque para enfrentar esa cuestión lo primero que tienen que hacer es aceptar lo que ha ocurrido: un ataque a la integridad territorial y a la soberanía española propiciado por Marruecos en su estrategia de conquistar e integrar en su territorio unas plazas que son españolas desde hace cinco siglos. Y esta es la realidad que tienen que asumir en el Gobierno, y dejar de hacerse los sordos ante el propio Marruecos, que, aunque solo reconoce su participación de forma implícita, mantiene explícitamente la amenaza sobre las plazas africanas con la intención de que nuestro frágil Gobierno la sienta como tal.

Ante el secreto a voces de la participación o la connivencia marroquí no hay ninguna reacción y la respuesta oficial del Reino de España no se produce ni a través de la diplomática formula de la enérgica protesta. Y llegados, entonces, a este punto, el tancredismo del Gobierno se convierte en un auténtico escándalo, porque no se puede justificar y ni siquiera se puede explicar.

Todo el mundo está volviendo de nuevo los ojos al espionaje que, a través del spyware Pegasus, sufrieron varios miembros del Gobierno, entre ellos el propio Sánchez y los ministros de Interior y Defensa. Los seguimientos fraudulentos entre octubre de 2020 y diciembre de 2021 fueron identificados por el Centro Criptológico Nacional y el propio Gobierno los reconoció en 2022; la autoría no se determinó, ni en los procesos judiciales abiertos en la Audiencia Nacional ni en las investigaciones llevadas a cabo en el marco de la Unión Europea, por la sospechosa falta de colaboración de los estados implicados. Además, hace unas semanas se publicaron nuevos trabajos periodísticos (elaborados por el consorcio Forbidden Stories) que vinculan aquellas operativas contra los altos cargos españoles con unas cuentas del Servicio de Inteligencia Interior marroquí.

Sin quitar ni un ápice de sentido a esa hipótesis del espionaje, hay otra que se conoce muy bien en los ámbitos diplomáticos y entre los actores y observadores de las relaciones internacionales. Se trata de la conocida capacidad de presión de los lobbies marroquíes y, el no tan conocido, historial de influencias corruptas del régimen alauí. Funcionarios y personal diplomático hablan y no paran de la red de informadores que han tejido los servicios de inteligencia y el abultadísimo número de voluntades que, a altísimos niveles de gobiernos y de organismos internacionales, se han comprado a golpe de talonario, de amenaza o de chantaje. Inspiradores del Qatargate y de otros escándalos, se les reconoce como los verdaderos expertos internacionales en la corrupción y la extorsión.

En ese entorno, asusta pensar en lo que pueden estar haciendo con un Pedro Sánchez, rendido a su amoralidad y a todas sus vanidades y ambiciones, y que tiene abiertas multitud de heridas en las que hurgar. Desde las saunas de la familia política, a las actividades de Begoña (en el IE Africa Center o en la cátedra de la Complutense), los viajes a la República Dominicana, las relaciones y acuerdos con Bildu, las conexiones de la Internacional Socialista, o la embajada plenipotenciaria otorgada a Rodríguez Zapatero y las relaciones con el chavismo, con los regímenes bolivarianos o con China.

Siendo así es muy fácil unir la línea de puntos y completar el silogismo, y si la condición corruptora de Marruecos opera como premisa mayor y la vulnerabilidad de Sánchez como premisa menor, la conclusión inferida son las concesiones y la rendición a los intereses y aspiraciones del rey Mohamed VI, que quiere pasar a la historia por haber conseguido arrebatar a España algún territorio y que sabe que no va a encontrar unas condiciones mejores.

Examinando nuestro rincón vemos que esta situación no es nueva y que, como ya pasó con el ataque independentista, la vulnerabilidad de Sánchez lamentablemente es también la de España y la inacción o la parálisis del Gobierno son la indefensión de nuestra nación. Así que nos tememos que, como siempre, la aceleración súbita del Gobierno no sirva más que para alimentar el relato. A la tragedia de los migrantes y a la seguridad y la convivencia de los ceutíes llegan tarde y mal, a la defensa de la soberanía y de la integridad territorial, nunca.

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