Dinamarca

Parecía imposible pero ha pasado: un país vecino ha dejado de hacer este gesto cotidiano

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Blanca Espada

Mucho ha cambiado el mundo en los últimos años. La tecnología ha cambiado al completo nuestras vidas y ahora se puede comprobar con algo ocurrido en un país vecino que ha dejado de hacer algo que hasta hace muy poco parecía ser lo más común del mundo. Nos estamos refiriendo al hecho de enviar cartas y postales. Algo que formaba parte de la vida diaria, como ir a comprar el pan. Pero que en Dinamarca ya no será así. El país ha tomado una decisión que hasta hace poco parecía impensable ya que el servicio público de envío de cartas ha llegado a su fin. Y lo ha hecho sin que apenas se haya hablado de ello, con una última entrega que marca el cierre de más de cuatro siglos de historia.

La noticia sorprende porque toca algo muy cotidiano, una costumbre que se daba por hecha incluso en plena era digital. Sin embargo, mientras las comunicaciones online han crecido sin parar, las cartas habían ido perdiendo presencia de forma silenciosa. En apenas una generación, un hábito que conectó durante siglos a millones de personas ha quedado relegado a un recuerdo. Y ahora, a un capítulo cerrado oficialmente. El gesto final llegó el 30 de diciembre, cuando Postnord, la empresa postal danesa, entregó su última carta. No fue a un domicilio ni a una empresa. Acabó en un museo, como si se despidiera de la vida cotidiana para pasar directamente a la vitrina de un lugar donde quedará como un objeto que en el futuro se verá como un sistema de comunicación del pasado. Con ese acto simbólico, Dinamarca se ha convertido en el primer país de Europa en decir adiós, por ley, a su servicio de correo tradicional.

Un país vecino ha dejado de hacer este gesto cotidiano

La escena fue sencilla pero cargada de significado. La última carta del servicio estatal danés no llevaba noticias familiares ni documentos administrativos. Su destino fue Enigma, el Museo de la Comunicación de Copenhague. Allí se exhibirá como testimonio de una época que ya no volverá.

Con este envío se ha puesto punto final a 401 años de historia postal. El país, pionero en digitalización, llevaba tiempo caminando en esa dirección. El uso del correo tradicional había caído un 90% desde el año 2000, una cifra que habla por sí sola de cómo han cambiado los hábitos de comunicación.

El adiós a los buzones rojos que formaban parte del paisaje

El fin del servicio no se limita a una decisión administrativa sino que también ha transformado la imagen de las ciudades. A lo largo del segundo semestre de 2025, el país empezó a retirar los icónicos 1.500 buzones rojos repartidos por todo el territorio. Muchos daneses crecieron con ellos dado que estaban poro todos lados, pero ahora forman parte del pasado.

De todos ellos, unos mil se pusieron a la venta por Internet. Y duraron apenas unos días. Se pagaron entre 195 y 270 euros por unidad, convertidos casi de golpe en piezas de coleccionismo. Todo lo recaudado se destinará a fines benéficos.

Y este mes de enero se vana a subastar otros 200, algunos intervenidos por artistas. Los más antiguos, los que llevan más de siglo y medio viendo pasar cartas y remitentes, acabarán en museos. El resto desaparecerá de las calles. Pero además de todo estos, tampoco se venden ya los sellos, cuyo último día de venta fue el 18 de diciembre.

Un servicio que perdió sentido con la digitalización

El adiós del servicio postal en Dinamarca no llega por sorpresa. Las cifras lo explican. En 2025, enviar una carta estándar podía costar cerca de cuatro euros y tardar entre tres y cinco días en llegar. Un producto caro y lento en un país donde casi todo se resuelve con notificaciones digitales inmediatas.

La caída del volumen postal ha sido tan drástica que mantener el servicio público ya no era viable. Hoy sólo circula una de cada diez cartas que se enviaban a principios de siglo. En un contexto así, Dinamarca ha optado por redirigir esfuerzos hacia lo que sí crece y que no es otra cosa que la paquetería, impulsada por el comercio electrónico.

Postnord centrará toda su actividad en el reparto de paquetes. Las cartas, eso sí, no desaparecen del todo. Se podrán enviar mediante empresas privadas como DAO, que ya opera en la distribución de prensa y mensajería ligera.

Un cierre que simboliza el final de una época

Con esta decisión, Dinamarca da por cerrada una etapa que ha acompañado la historia del país desde mucho antes de que existiera Internet, la telefonía móvil o incluso la idea moderna de servicio público. Lo que un día fue la columna vertebral de la comunicación se convierte ahora en un recuerdo colectivo. Y, aunque pueda parecer algo lejano, este movimiento no es único en Europa, dado que otros muchos países parecen seguir los pasos.

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