Entrevista con el ex consejero de la Generalitat condenado por el 1-O

Josep Rull: «Milito políticamente para lograr la independencia y no lo vamos a dejar a medias»

"Se está jugando con el indulto, nosotros no lo hemos pedido y juegan con los sentimientos de nuestras familias"

"Me quedé aquí para defenderme y opté a ir a la cárcel"

"No estoy dispuesto a que mi libertad individual sea una condición para renunciar a la colectiva"

"Iglesias ha sido un hombre valiente; Pedro Sánchez solo defiende el imperio de la Ley"

“Tengo una condena de diez años y medio y tengo claro que voy a cumplirla”

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Josep Rull Andreu (Terrassa, 1968) está condenado a 10 años y medio de prisión por su papel, como consejero de Territorio, en la organización del referéndum secesionista y la posterior declaración de independencia. Ambos hechos ocurrieron en 2017. Desde entonces ha vivido prácticamente en la prisión de Lledoners, a escasa media hora de su domicilio familiar, pero con una rutina muy distinta a la de cuando era un hombre libre. Continúa haciendo política, aunque sin ostentar cargo público, y aprovecha la semilibertad de la que goza actualmente para estar con su familia. Independentista convencido, tal vez de los que más entre los que cumplen hoy condena, se muestra partidario de seguir adelante hacía la construcción de la República catalana. Pese a su condena de prisión.

PREGUNTA.- ¿Se considera usted un golpista?

RESPUESTA.- No. Poner las urnas jamás puede ser considerado como un golpe a la democracia. Es, de hecho, una expresión genuina de la democracia. Incluso nuestra sentencia del Tribunal Supremo, que yo cuestiono radicalmente, nos condena por sedición y no por rebelión. Es decir, que no hubo delito contra la Constitución.

P.- En todo caso, coincidirá usted conmigo, que el Govern del que formaba parte planteó un serio desafío contra el Estado de Derecho.

R.- Lo que se planteó fue una apuesta democrática contundente. Dentro del sistema jurídico-político español es posible la celebración de un referéndum acordado. Exploramos todas las vías posibles para ese acuerdo. Fuimos al Congreso de los Diputados a pedirlo, lo intentamos en virtud de la ley de consultas no refrendarias, planteamos un sistema de participación ciudadana… Sistemáticamente nos dijeron que no. Cualquier sistema democrático tiene que tener la posibilidad de canalizar la voluntad de la gente. Cuando se cierran todas esas puertas, sólo queda una opción, que es el principio democrático. Eso fue el 1 de octubre que planteamos. Pero nos encontramos a un Estado timorato en relación al juego democrático. Un Estado débil cuya consecuencia inmediata es nuestro encarcelamiento y el exilio. Igual fue en la única previsión que fallamos.

P.- Fue uno de los pocos miembros del Govern que, el lunes siguiente a la DUI, fue a su despacho cuando la mitad de sus compañeros ya estaban fuera de Cataluña. ¿Se sintió solo?

R.- En absoluto. Tenía muy claro que ocurriese lo que ocurriese el día siguiente a la DUI en el Parlament, yo comparecería ante los trabajadores del departamento de Territori y Sostenibilitat. Lo sabía todo el mundo, también el president de la Generalitat. Yo sabía lo que planteaba todo el mundo. Acertamos en la decisión de bifurcar exilio y lo que posteriormente fue prisión. Nos ha permitido acentuar las debilidades del Estado. La Justicia española, más allá de sus fronteras, no resiste la prueba del algodón. Y ha sufrido unas derrotas clamorosas en Bélgica, en Alemania, en Escocia e incluso en la Unión Europea. Algunos se marcharon dentro de la legalidad, no hay ningún fugado, es una ignominia decir eso. Cruzaron la frontera siendo hombres libres y cuando se cursó la euro orden comparecieron voluntariamente. Ellos han comparecido ante una Justicia justa…

P.- ¿No se planteó, en ningún momento, marcharse?

R.- Me quedé aquí para defenderme. Ingenuamente, entonces, aún creía que era posible defenderme ante una Justicia normal. En el Tribunal Supremo, sin embargo, no hemos encontrado Justicia, sólo venganza. Yo personalmente decidí no irme porque el exilio es durísimo. Mi madre es mayor y pensaba que si me marchaba ya no le volvería a ver. En cambio, en la cárcel, si a ella le ocurre algo podré salir con un permiso para verla. Opté por dar la cara, ir a la cárcel, y con ello reforzar la potencia que ha tenido el exilio.

«No tuvimos un juicio justo, somos presos políticos que fuimos sometidos a un juicio político»

P.- El Gobierno parece dispuesto a indultarles, ¿se ve libre de forma inminente?

R.- No, no. Aquí se está jugando con el indulto, se está utilizando en términos de máxima frivolidad. Nosotros no hemos pedido el indulto. Con esa idea sobre la mesa están jugando con los sentimientos de nuestras familias. Poca frivolidad. Yo sé que tengo una condena de diez años y medio y, visto cómo están las cosas, tengo claro que voy a cumplir estos diez años y medio en régimen de semilibertad, condicional o cárcel encerrado. No quiero crearme ningún tipo de expectativa y quiero proteger a mis familiares, que sí se creen estas esperanzas muy vaporosas.

P.- Una cosa, en todo caso, es lo que diga el Gobierno y la otra lo que diga la Fiscalía.

R.- La Fiscalía es rotunda, siempre actúa en los mismos términos. Hay una resolución de la jueza de vigilancia penitenciaria que nos concedió el primer tercer grado que lo deja muy claro. La posición de la Fiscalía es que nos sometamos a un programa de tratamiento para cambiar nuestra manera de pensar, para renunciar a nuestras ideas. Esto no es un problema de los independentistas catalanes, es un problema de la democracia española. Es inaudito que una Fiscalía de un país aparentemente democrático plantee una inquisición 2.0, que es que la gente cambie su manera de pensar. Yo no voy a cambiar nunca.

P.- ¿Ni para recuperar la libertad?

R.- No, no, no. No voy a renunciar a mis ideales. No estoy dispuesto a que mi libertad individual sea una condición para renunciar a la libertad colectiva, a la cual creo que tiene derecho el pueblo de Cataluña.

P.- Ahora están en régimen de semilibertad, con el tercer grado, pero la Fiscalía ya ha dicho que quiere que vuelvan a prisión y se les descuenten estos días de tercer grado de los que disponen de permiso.

R.- Esto se llama vergüenza. Sabemos en qué términos se expresa la Fiscalía, que lo recorre todo, con nosotros y con los otros presos. ¿Dónde queda el artículo 25 de la Constitución, con una Fiscalía que solo plantea el castigo?

«No estoy dispuesto a que mi libertad individual sea una condición para renunciar a la libertad colectiva»

P.- Casi dos años después, teniendo en cuenta las penas que les solicitaban ¿no cree que el Tribunal Supremo fue benévolo en la sentencia?

R.- En absoluto. No tuvimos un juicio justo. Somos presos políticos que fuimos sometidos a un juicio político, por un tribunal político, sin las garantías procesales homologables en el resto de Europa. Eso ha quedado claro con las resoluciones de otros tribunales europeos. Y quedará claro en el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo. A nosotros no nos tenía que juzgar el Tribunal Supremo, que ha actuado como tribunal político. Se nos ha quitado una instancia que es el TSJC. Fue todo una apariencia, un simulacro de juicio justo.

P.- ¿Qué recuerdo guarda de ese juicio?

R.- La posibilidad de que la gente nos pudiese escuchar directamente. Pero yo recuerdo una de las decisiones del magistrado Marchena, cuando nos impidió confrontar los testigos de las Fuerzas de Seguridad con pruebas gráficas. Explicaban cosas que las imágenes desmentían categóricamente. Teníamos claro que el juicio no servía para nada y que estábamos condenados de entrada. Cuando acabó vimos que era así. Insisto, la debilidad del reino de España le conduce a desmantelar su propio Estado de derecho. ¿Tan débiles, se creen, para huir de la democracia y el debate democrático?

P.- ¿Comparte con quien dice que, a día de hoy, quien les mantiene encarcelados es su propio Govern?

R.- Esto es absolutamente absurdo. La maquinaria del Estado, a través del Tribunal Supremo y la Fiscalía, está haciendo un planteamiento de amenaza general. Incluso a los funcionarios. Se ha llegado a amenazar a los miembros de las juntas de tratamiento. El anterior tercer grado nos lo concedieron los jueces, por ejemplo. ¿También son prevaricadores y deben ser amenazados por el Consejo General del Poder Judicial? ¿Qué es esta vergüenza?

P.- Me da la sensación que casi les era más fácil hacer política con Mariano Rajoy que con Pedro Sánchez…

R.- Es tan difícil o tan fácil. El problema es encontrar a alguien con capacidad de asumir riesgos desde el punto de vista de debate democrático. Recuerdo que el día del referéndum de Escocia, por la noche, compareció David Cameron en términos rotundos. Dijo que antes de ser británico era demócrata, y por eso había puesto las urnas. Ojalá algún día Rajoy o Sánchez diciendo esa frase. No creo que ocurra.

P.- Se decía que con un gobierno progresista en España les sería todo más fácil. ¿Confían en Sánchez e Iglesias?

R.- Iglesias ha sido un hombre valiente. Se ha expresado en unos términos muy claros, desde el punto de vista de lo que supone el exilio. Una cosa, por eso, es lo que dice y la otra lo que hace. La gran distancia dentro del Gobierno, es en el ámbito socialista. Esto sólo se va a resolver democráticamente en las urnas, que nunca son el problema, son la solución. Lo que hemos visto que defiende Pedro Sánchez es sólo el imperio de la ley. Eso sin principio democrático conduce a una deslegitimación del sistema. Ojalá tuviéramos enfrente a un líder valiente para entender que la solución está en las urnas.

P.- ¿Ha merecido la pena la división que se ha provocado entre la sociedad, el daño a la economía, su propia prisión, para dejarlo a medias?

R.- No lo vamos a dejar a medias. Yo milito políticamente para poder conseguir la independencia de Cataluña. Zarzuela y Moncloa hicieron una presión extraordinaria para que las empresas se fuesen. Plantear que un referéndum o la independencia divide, es simplemente inaudito. Me niego a aceptar que la democracia divide, si se plantea en términos democráticos y lícitos.

«La posición de la Fiscalía es que nos sometamos a un programa de tratamiento para cambiar nuestra manera de pensar»

P.- Durante muchos meses alardearon de reconocimientos internacionales que, a día de hoy, todavía no han llegado ¿Continúan pensando que Cataluña sería reconocida?

R.- Estoy convencido de que sí, si somos capaces de encontrar estos elementos de consistencia. Llegará. Es lo mismo que ocurrió con muchos de los países que fueron independientes en Europa. Al principio tardaba y finalmente se obtuvo. Tendremos una buena pista en lo que va a ocurrir en Escocia en el siguiente referéndum, que estoy convencido que va a ganar, y que va a ser reconocida por Europa. Van a marcar un buen camino y tendremos una buena referencia.

P.- ¿Tras el 14-F se sentirían más cómodos volviendo a gobernar con ERC – aunque se ha demostrado que estos años la convivencia no ha sido fácil- o con el PSC como en la Diputació de Barcelona?

R.- Con ERC hemos hecho el 1 de octubre y ganamos el 1 de octubre. No concibo otra alternativa que un gobierno independentista. Con menos espejos retrovisores y más voluntad de mirar hacía adelante. Cuando hacemos las cosas juntas somos invencibles y el conjunto de la sociedad catalana se beneficia de ello.

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