Noche de furia en Palma: una pareja ataca a un taxista y destroza su taxi tras una violenta pelea
Los agresores ofrecieron una versión confusa y contradictoria de los hechos y presentaban signos de haber consumido alcohol

La madrugada del 1 de enero terminó en auténtico caos en las calles de Palma. Eran alrededor de las 05:15 horas cuando una simple discusión de tráfico derivó en una violenta agresión contra un taxista, que acabó herido y con su vehículo dañado, en plena calle Gabriel Maura.
Según fuentes policiales, una pareja de nacionalidad española, un hombre de 33 años y una mujer de 34, comenzó a increpar al conductor mientras cruzaban un paso de peatones. Lo que empezó con reproches por la conducción se transformó rápidamente en una lluvia de insultos y en un ataque directo al taxi: la mujer golpeó con furia el capó y destrozó el retrovisor del vehículo.
La situación explotó cuando el taxista descendió del coche. Ambos individuos se abalanzaron sobre él, propinándole golpes en el rostro y las manos, causándole lesiones leves, pero suficientes para requerir intervención policial.
Agentes de la Unidad Nocturna de la Policía Local (UNOC) llegaron al lugar y se encontraron una escena digna de película: tres personas forcejeando en plena vía pública. La pareja intentó huir, pero fue retenida por el propio taxista hasta la llegada de los agentes. Al principio fueron muy valientes, pero al percatarse de que dormirían en los calabozos de la Policía, recularon y trataron de darse a la fuga de forma infructuosa.
Los presuntos agresores ofrecieron una versión confusa y contradictoria de los hechos y presentaban claros signos de haber consumido alcohol. Dos testigos presenciales desmontaron por completo su relato y respaldaron al cien por cien la versión del taxista. Finalmente, el conductor presentó denuncia y la pareja fue imputada por delitos leves de lesiones y daños. La Sala de Atestados de la Policía Local de Palma ya ha remitido las diligencias al juzgado.
Una noche más en la que la intolerancia, el alcohol y la violencia convierten una simple discusión en un escándalo policial. Una demostración más, de que una noche de calabozos es el peor remedio para las resacas.