PSOE, puente de todas las tragedias
Al PSOE, la muerte le sienta bien. Como a la izquierda en general, aunque prediquen lo contrario. Convive con ella desde su fundación, cuando retóricamente amenazaba a la oposición con el atentado personal por el simple hecho de ejercer su labor parlamentaria y política. Después, se dedicaron, en su vis republicana soviética, a la persecución y matanza de católicos y gente de derechas, porque así entendían, tras leer a Largo Caballero, que debía instaurarse su dictadura proletaria. Provocaron una guerra con la convicción interna de la victoria, y una vez fracasada, se echaron al monte del descanso mientras dejaban la responsabilidad de traer la democracia de vuelta a otros. Y cuando regresaron de sus plácidas vacaciones franquistas, la han ido degradando hasta convertirla hoy en un instrumento teórico irrelevante al servicio de un autócrata inmoral, cuyo único objetivo es la conservación perpetúa del poder.
En la España que no pasa nada, ha muerto medio centenar de personas en un accidente ferroviario, y el responsable de haber evitado dicha tragedia canalla sigue tuiteando, y el irresponsable autócrata prosigue autocrateando. Pulsaron hace años el umbral del dolor de los españoles y les salió a favor, lo que equivale a delinquir, engañar y trincar del erario público sin que les repercuta en su tranquilidad cotidiana, más allá de lo judicial, que suele transitar por caminos más lentos y empedrados. Le salva a esta banda de golfos y delincuentes con competencias que a la media España que no está dentro de su muro le mueven los valores cívicos y democráticos de los que carece Sánchez, Puente y quienes aún le votan. Porque al votonto socialista -que, a diferencia del votante normal, se inclina sumiso a las siglas, aunque en nombre de ellas se asesine en plaza pública- y al zurdo en general, no le hubiera costado, de haberse producido la tragedia con un gobierno de signo ideológico diferente, haber tomado las calles, incendiarlas, rodear parlamentos y sedes ministeriales y agredir a todo quisque con etiqueta de facha.
Las tragedias suceden, sí. Pero cuando las desgracias se suceden, y siempre con el mismo gobierno, la conclusión es clara: la tragedia, es el Gobierno. Su sectarismo energético llevó a la nación a oscurecerse mientras nadie asumía la responsabilidad de aquel retorno temporal a la Edad Media. Su fanatismo climático provocó decenas de muertos en Valencia, cuya factura sólo cobró una víctima política. Pero quien negó recursos para las obras que se necesitaban, quien ordenó no intervenir cuando se requería y quien se ausentó de auxiliar cuando era posible a los hoy fallecidos, representan a las mismas siglas socialistas que gobernaban durante la pandemia, el apagón o el accidente ferroviario de Adamuz: la Plataforma Sanchista de Obedientes Embusteros, antaño y hodierno, PSOE, un partido antidemocrático liderado por un sociópata mentiroso y sin escrúpulos que considera al Gobierno como pertenencia propia y a España como un concepto carca a eliminar.
Ya puede colar todos los decretos leyes que quiera a espaldas del Parlamento, signo de lo que venimos contando sobre su carácter pueril y antidemocrático, podrá vender la regularización ilícita de inmigrantes para saciar la hambruna populista de su socio bolivariano o regalar competencias a los archiduques con boina y a los golpistas de barretina, que nadie olvidará quienes eran y dónde estaban, cuando los españoles se quedaron, a oscuras, ahogados y aplastados entre amasijos de hierros por la negligencia, incompetencia y maldad de los mismos matones, macarras y delincuentes cuyas siglas vienen manchadas de la misma sangre que su ignorancia, envidia, rencor y odio derramó en el pasado.