Repaso a Rufián

Lo mejor de la comparecencia de Feijóo sobre la Dana fueron los zascas que le propinó a Rufián. El diputado de Esquerra ha perdido reflejos, está fondón. Como aquellos deportistas que han pasado ya el momento cumbre de su carrera y no saben cuándo retirarse. No en vano, a sus 43 años lleva diez de diputado.
Alberto Núñez Feijóo se lo merendó. De hecho, empezó con la representante de Compromís, Àgueda Micó. A esta también se la comió con patatas. Entre otras razones, porque todos sus rivales apuntaban por elevación. No querían cargarse a Mazón, querían cargarse al presidente del PP.
No deja de ser curioso que la citada comisión empiece por el jefe de la oposición que, a fin de cuentas, no tiene competencias ni siquiera sobre la Comunidad Valenciana. Habría sido más lógico comenzar por Pedro Sánchez, Teresa Ribera o el presidente de la Confederación Hidrográfica del Júcar, Miguel Polo.
Además, la citada Àgueda Micó demostró un desconocimiento notable no solo de la estructura interna del PP, sino del funcionamiento del Estado de las Autonomías. Le preguntó si Mazón era «presidente de la sección valenciana de su partido». Como si fuera una filial.
Feijóo le propinó el primer corte:
– No tenemos secciones.
– ¿Cómo?
– Que no tenemos secciones —reiteró.
Luego tuvo que recordarle que quien declara el estado de emergencia es el presidente del Gobierno.
– O el de la Generalitat —volvió a terciar la parlamentaria.
– Señora…
– Puede pedirla.
– Pedir es una cosa y declararla, otra —tuvo que explicarle.
Con Oskar Matute, de Bildu, la cosa ya subió de temperatura. Es el episodio más conocido porque le recordó los «asesinatos de ETA pendientes» de esclarecer. Matute rebajó la organización terrorista a un «comodín». Aunque es cierto que él siempre estuvo contra la violencia terrorista.
– Ya le han dicho que las preguntas no le toca a usted hacerlas.
– Si quiere no hablo —replicó Núñez Feijóo.
– No, no.
La presidenta de la comisión, la socialista Carmen Martínez, se alineó con el diputado de Bildu. Este incluso le llegó a dar las gracias.
Sin embargo, lo mejor estaba por venir: Gabriel Rufián. Ya no es el espadachín de los primeros tiempos, si nunca lo fue. Cuando montaba numeritos y mostraba, en el pleno del Congreso, esposas e incluso impresoras.
En cierta manera se ha aburguesado. Yo he llegado a verlo con chaleco. A casi 140.000 euros al año tampoco es de extrañar. Hay que recordar que empezó de mileurista. Con su propuesta de impulsar un frente de izquierdas, se está buscando la vida. Su trayectoria en Esquerra está llegando a su término. Junqueras, su gran valedor, ganó las primarias pero con apenas un 52% de votos.
Lo que pasa, querido Gabriel, es que esto no es la independencia. Te recuerdo que, en julio del 2015, Junts pel Sí prometió la independencia a los 18 meses. O sea que el plazo cumplía en enero del 2017. Tú mismo dijiste, en diciembre de este año, que «en 18 meses dejaré mi escaño para regresar a la República Catalana». Todavía te estamos esperando.
Sin olvidar el tuit fatídico de las «155 monedas de plata» de aquel 26 de octubre del 2017, cuando Puigdemont pensaba convocar elecciones. Yo creo que se echó atrás por esa comparación con Judas, por otros tuits de diputados de su partido -Toni Castellà, Jordi Cuminal, Albert Batalla y Titon Laïlla-, por el del cupaire Antonio Baños, que puso su foto cabeza abajo; y por los estudiantes que llenaban la Plaza Sant Jaume.
En cambio, el líder del PP estuvo suelto, incluso cómodo. Como el día de su debate de investidura frustrada. Devolvía los golpes desde el final de la pista. O subía a la red. Le ha tomado la medida.
«Supongo que está buscando ser candidato a presidente del Gobierno de España», le soltó. Hasta le advirtió: «Tenga cuidado con su partido».
Rufián sonreía, gesticulaba, pedía más tiempo, pero lo vio toda España. «No se puede ser muy valiente con un presidente autonómico dimitido y muy cobarde con un presidente del Gobierno al que usted sigue apoyando», remató el compareciente.
—Vale, de acuerdo.
El dirigente de Esquerra acabó sacando el escándalo de la organización juvenil Revuelta. Como si Feijóo fuera de Vox en vez del PP. Hasta diría que Oskar Matute miraba a su compañero de pupitre con mirada tierna. En plan: Gabriel, déjalo ya.
Feijóo contraatacó: «¿Qué tipo de corrupción le interesa a usted?». Y le recordó que el PSOE es «el partido con más casos de corrupción de la historia democrática de nuestro país».
La presidenta de la comisión intentó echarle algún cable. Gabriel Rufián imploró que le diera más tiempo -más «vidilla» dijo- porque a su juicio se le escapaban los minutos. Pero para eso están las comparecencias: preguntas y respuestas.
Estaba tan desesperado que recurrió a las 7.291 víctimas de la pandemia en Madrid. Yo digo lo de siempre: si Ayuso tiene alguna responsabilidad, que la empapelen; pero si no, por favor, que la dejen en paz de una vez. No en vano han archivado ya 143 denuncias contra ella.
De paso, recordar que ERC mandaba en la consejería de Salud de la Generalitat en el mismo período. La colega de su partido Alba Vergés está acusada de haber priorizado a los pacientes —los mayores de 80 años no los ingresaban en la UCI—, de haber evitado que la Guardia Civil montara un hospital de campaña y de haber retrasado la vacunación de policías y guardias civiles como represalia por las cargas policiales del 1-0. Vergés, por cierto, fotografió a su bebé rodeado de esteladas cuando nació. Lo digo para que vean el perfil del personaje.