Vinicius bailó otra vez. Igual que en Da Luz el brasileño movió las caderas con el banderín del córner en el Bernabéu. Su gol, que abrochaba el definitivo 2-1, metía al Real Madrid en octavos de la Champions y apeaba a un Benfica que se puso por delante en el marcador y llegó a poner la incertidumbre en el Bernabéu. Menos mal que Tchouaméni empató por la vía rápida. Eso sí, el pase no oculta que el equipo de Arbeloa no tiene un ídem. Le falta fútbol, le falta intensidad y le sobran toques insulsos y jugadores que la pidan al pie. Aunque eso parece que no tiene arreglo. Al menos hasta el verano.
Faltaba Mbappé. La rodilla del francés, desgastada como los raíles de Óscar Puente, le obligó a parar antes de que su temporada (y su Mundial) descarrilaran. Al Real Madrid también le faltaban Bellingham y Rodrygo, así que el carro se quedaba con Vinicius como tirador único. Atrás Arbeloa también tenía las bajas de los dos centrales titulares, Militao y Huijsen, mala cosa de primeras dadas.
No alteró su esquema el entrenador del Real Madrid, que repitió el 4-4-2 que tan bien funcionó en Da Luz y se limitó a sustituir las piezas ausentes por otras nuevas. Al centro de la defensa entró Asencio como compañero de Rüdiger. Recen ustedes lo que sepan antes de que sea tarde. Arriba otro canterano: Gonzalo. El muchacho tiene trabajo y gol, pero había que evaluarlo en la Champions después de su discreto debut como titular en la derrota ante el Manchester City.
La alineación del Real Madrid, pues, la conformaban los siguientes muchachos: Courtois; Trent, Asencio, Rüdiger, Carreras; Tchouaméni, Valverde, Camavinga, Güler; Vinicius y Gonzalo. En el Benfica no estaba el racista Prestiani, buen jugador y mala gente, ese pequeño extremo, bullicioso y pendenciero, que se parece al personaje de Pedrito Pedraza en El Marginal. Mejor.
También faltaba Mourinho, que confeccionó una alineación para obrar la machada de profanar el Bernabéu y meter al Benfica en octavos, empresa que se antojaba misión imposible. Por si acaso se presentó en el que fuera su estadio, se pertrechó en un palco privado y puso un once donde sorprendió la ausencia de Lukebakio, pero en el que sí estaba Pavlidis, delantero feo y peleón, pero de los que hacen goles hasta con el trasero.
El Benfica planta cara
No hubo morbo en la megafonía, que dejó sin nombrar a Mourinho como entrenador del Benfica al estar sancionado, así que arrancó el partido. Descarados e intensos los visitantes, algo dubitativo el Real Madrid. Schjelderup dio el primer susto por la banda de Trent. Su disparo se estrelló contra el lateral de la red de Courtois. La salida del equipo de Arbeloa, fofa y destensada, era indigna de lo que había en juego. Mala pinta.
Vinicius compareció al duelo en el minuto 5 en una acción individual dentro del área. La abortó Otamendi con una entrada en la que se jugó el penalti si es que no lo cometió. Vincic, colegiado del partido, se abstuvo. Jueguen. El Benfica me tomó la palabra y cargó el área del Real Madrid con el pesao de Pavlidis, que buscaba las vueltas a Rüdiger y a Asencio. Se veía venir el gol del Benfica.
Y vino en el 13 después de una jugada en la que la defensa del Real Madrid enseñó todas sus costuras. Primero entre Rüdiger y Tchouaméni no fueron capaces de tapar a Schjelderup, que la metió al área a la espalda de Camavinga. Allí llegó Asencio, mal defensa local pero buen delantero visitante, que remató contra Courtois. El belga, siempre atento, metió un pie imposible y salvador, pero su rechace lo aprovechó Rafa para hacer el 0-1 para el Benfica.
Menos mal para Arbeloa y para el Bernabéu, que flipaba con la actitud de su equipo, que el empate llegó rápido. Apenas tres minutos tardó el Real Madrid en empatar en una acción cocinada entre Güler y Fede Valverde por la derecha. El uruguayo, en lugar de centrar al área, dio el pase atrás y allí apareció Tchouaméni para marcar con clase como si fuera el mismísimo Toni Kroos.
Intercambio de golpes
No se rindió el Benfica, que encontró el hueco en la espalda de Trent, pasota en defensa. Schjelderup campaba a sus anchas y el Bernabéu contenía el aliento cada vez que percutía por la siniestra. El duelo pintaba de color visitante pero a los de Mourinho se les apagaba la luz en el área de Courtois.
El Real Madrid, fiel a su historia, volvió a vacunar a su rival en su segunda llegada al área. La pelota la centró Vinicius y la remató Gonzalo (en posición dudosa), el balón se quedó muerto y Güler estuvo más raudo que Trubin para meter la puntera. Otamendi y sus chicos protestaron, revisó el VAR y anuló el tanto por fuera de juego por medio hombro.
Respondió el Benfica con otra jugada por la banda de Trent. El disparo final de Ríos, duro, raso y venenoso, lo sacó abajo Courtois con un paradón a una mano. Me imagino a Mourinho lanzando botellas en el vestuario visitante del Bernabéu. El Real Madrid volvía a encomendarse a la profundidad de Fede Valverde por la derecha. Y en los últimos minutos del primer tiempo hasta por la izquierda porque Arbeloa puso a sus interiores a banda cambiada.
Y así, entre la impotencia del Benfica y el discretísimo primer tiempo del Real Madrid, nos fuimos al descanso con el 1-1 en el marcador 360 del Bernabéu. Del que regresamos con los mismos protagonistas. Salieron mejor los locales y en el 46 Fede Valverde no fue capaz de conectar un centro de Trent que era un caramelito. Se lamentaba el uruguayo.
Tontea el Madrid
Otamendi se marcó un dos por uno y se llevó puestos a Vinicius primero y a Camavinga después. En el 53 la tuvo en su cabeza Asencio a la salida de un córner pero su remate se fue arriba por poco. Tocó a rebato el Real Madrid y casi marca el 2-1 Trent en una magnífica maniobra dentro del área en la que sentó a su par pero su disparo se marchó fuera por un pelo. Vio después una amarilla estúpida Asencio por embestir a un jugador del Benfica en el centro del campo.
El Real Madrid volvió a desconectarse, Vinicius perdió un balón estúpido y Rafa Silva se topó con el larguero en su maravilloso disparo con el exterior. La flor salvaba a Arbeloa pero su equipo seguía sin jugar a nada. A nada de nada. Había runrún en el Bernabéu e incluso algún silbido. Tonteaba demasiado el equipo blanco y ni el partido ni el marcador estaban como para hacer el tolili.
Sólo Fede Valverde leía el partido como tocaba. La tuvo en el 70 el uruguayo pero su disparo de cuchara se marchó fuera. El Real Madrid no hacía más que darse topetazos entre ellos. Primero Rüdiger y después Asencio quedaron al borde del K.O. El canterano ni siquiera pudo seguir en el campo. Arbeloa, que tenía preparado a Mastantuono, habló con Tchouaméni para que pasara a la demarcación de central pero al final metió a Alaba. Se fueron el lesionado Asencio y un desdibujado Camavinga.
Vinicius tira del carro
El parón por la lesión del central dejó frío al Real Madrid y helado el Bernabéu. Apretó el Benfica sabedor de aquello del río revuelto. Pero el que encontró su sitio en el partido y entre la defensa del equipo lisboeta fue Vinicius. La pelota la recuperó Fede Valverde que vio la carrera del brasileño. Vini se internó en el área y la cruzó con suavidad y precisión lejos del alcance de Trubin. El brasileño repitió la misma celebración y el mismo baile que en Lisboa junto al banderín del córner.
Arbeloa quitó entonces a Gonzalo y Güler y metió a dos canteranos: Thiago Pitarch y Palacios. Y después salió Fran García por Carreras. Extrañamente se quedaba sin jugar Brahim. En los minutos finales el Real Madrid supo guardar la ropa y abrochar el pase definitivo a los octavos. Fue un pase trabajado, sufrido y sin brillo, pero lo importante es pasar. Para mejorar hay tiempo, lo que no está tan claro es que haya jugadores.