José Mourinho verá el encuentro que enfrenta a Real Madrid y Benfica en el estadio Santiago Bernabéu. A pesar de estar sancionado y las dudas que había sobre dónde iba a seguir el luso la vuelta del play off de la Champions, finalmente se ha decantado por no dejar solo a sus jugadores y acompañarles hasta el feudo madridista. Una vez allí, no podrá acceder al vestuario y tendrá que estar en la zona que la UEFA le haya habilitado para poder ver el partido.
OKDIARIO cazó al portugués subiendo al autobús que traslada a la plantilla y cuerpo técnico del Benfica desde su hotel de concentración hasta el Bernabéu. En el vehículo no está Gianluca Prestianni, apartado de sus compañeros para el partido tras la sanción de la UEFA, pero que puede acudir al Bernabéu por otros medios que el transporte oficial del club de Lisboa.
Hay que recordar que Mourinho pisó de nuevo el césped del Bernabéu este 24 de febrero de 2026. En el día previo al choque sí dirigió el entrenamiento de los lusos, acompañado de Prestianni, que tampoco podrá ser de la partida al cumplir un partido de sanción por el presunto insulto racista que vertió el pasado martes sobre Vinicius.
Mourinho saltó al césped del Bernabéu tranquilo y como si nadie le mirase, aunque todos los ojos le apuntaban. Como es él. La última vez que lo pisó fue el 1 de junio de 2013. Aquel día, dirigió por última vez al Real Madrid ante Osasuna.
Los blancos ganaron 4-2 y el luso fue despedido por Ultra Sur, que le obsequió con una placa tras tres años en los que tan sólo ganó una Liga, aunque fue la de los récords, una Copa del Rey, al Barcelona, y una Supercopa de España, también ante los azulgranas. También llevó a los blancos a tres semifinales de Champions, pero siempre se quedó a las puertas de la gran final.
El otro partido de Mourinho
Porque más allá del ruido ambiental, el portugués también juega su propio partido. Mourinho conoce como pocos los equilibrios de poder que rodean al Real Madrid y es consciente de que su figura sigue generando sentimientos encontrados. No quiere adoptar un perfil combativo contra el club blanco ni alimentar una confrontación innecesaria. En algún rincón permanece la idea de que, algún día, el presidente pueda volver a llamar a su puerta.
Al mismo tiempo, tampoco puede permitirse aparecer como un desleal ante el Benfica, el club al que representa ahora. Ese es su verdadero desafío: mantener el equilibrio, quedar bien con ambos lados sin comprometer su posición actual ni cerrar puertas futuras.
En ese contexto, la estrategia más inteligente parece evidente: pasar desapercibido. Evitar el foco, esquivar la imagen en los videomarcadores y dejar que el protagonismo recaiga exclusivamente en el césped. Porque, en esta ocasión, el silencio puede ser su mejor aliado.