Los restos de un yacimiento brasileño confirman que los humanos cazaban ballenas mil años antes de lo que se creía
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La historia del ser humano no se puede entender sin la caza. Al principio se centraba en presas pequeñas, como aves, conejos o peces, pero con el paso del tiempo la complejidad aumentó hasta llegar a animales mucho mayores, como la ballena.
Durante décadas, la historia situó el origen de la caza de grandes cetáceos en el hemisferio norte, principalmente en el Ártico. Sin embargo, nuevas pruebas obligan a revisar ese relato y desplazan el foco miles de kilómetros.
Un estudio publicado en enero de 2026 en Nature Communications sitúa en el sur de Brasil la evidencia más antigua conocida de caza de ballenas a gran escala: hace 5.000 años. El trabajo analiza restos y herramientas procedentes de los sambaquis, los enormes montículos de conchas y sedimentos que levantaron comunidades indígenas en la costa atlántica brasileña.
Un hallazgo sitúa en Brasil el origen de la caza de ballenas
El equipo trabajó con colecciones de museo que conservan los restos de yacimientos hoy desaparecidos o muy dañados por la urbanización y por la extracción de cal, una actividad que arrasó muchos sambaquis a lo largo del siglo XX.
En la bahía de Babitonga, en el estado de Santa Catarina, Brasil, los investigadores analizaron huesos de cetáceos y objetos elaborados con ese material, custodiados en su mayoría en el Museo Arqueológico del Sambaqui de Joinville.
La clave no está en un hueso aislado, sino en un conjunto coherente: abundancia de restos, marcas de corte asociadas al despiece y, sobre todo, artefactos de caza especializados. El artículo describe piezas interpretadas como partes de arpones (astiles y elementos de encaje) hechos con costillas de ballena, con medidas y formas repetidas, señales de trabajo y zonas preparadas para el amarre.
Dos de esos elementos se fecharon directamente en torno a 4.900–4.700 años antes del presente calibrado, en plena cronología de los sambaquis locales.
Para identificar especies, el equipo combinó zooarqueología clásica con ZooMS (espectrometría de masas aplicada al colágeno), una técnica que permite asignar taxones incluso cuando el hueso está muy fragmentado o pulido por su transformación en herramienta.
Ese cruce de métodos apunta a un uso recurrente de ballena franca austral y ballena jorobada, además de delfines. También aparecen rorcuales azules, rorcuales sei y cachalote, aunque en números bajos y con un patrón que encaja mejor con el aprovechamiento de varamientos o cadáveres a la deriva.
Por qué este descubrimiento es tan importante para la historia de la caza de ballenas
Este hallazgo obliga a repensar el relato dominante, que situaba el origen de la caza de ballenas organizada en culturas posglaciales del hemisferio norte, alrededor de hace 3.500–2.500 años.
La evidencia brasileña retrasa ese límite al menos mil años y rompe con la idea tradicional. Muestra que las comunidades costeras del Atlántico sur ya tenían la tecnología, la organización y el conocimiento del mar necesarios para cazar animales enormes mucho antes de lo que se creía.
Por otro lado, el estudio también abre una ventana ecológica. La cantidad de restos de ballena jorobada sugiere que su presencia histórica en el sur de Brasil pudo ser más habitual de lo que indican los mapas modernos, que concentran la reproducción más al norte.
Si hoy aumentan los avistamientos en la zona, esa tendencia podría reflejar una reocupación de áreas antiguas, con implicaciones para la gestión de colisiones, enmalles y otras fricciones con la actividad humana.
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