EXCLUSIVA

La ex jefa jurídica de Podemos confesó en un chat con el fiscal Grinda que la tarjeta de Dina «la destruyeron Iglesias y su equipo»

Gloria Elizo lo confesó abiertamente y añadió que Iglesias recibió la tarjeta del ex presidente del Grupo Zeta

Los chats que desvelan cómo Podemos controló la Fiscalía Anticorrupción y manipuló el ‘caso Tándem’

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La declaración de Dina Bousselham, ex asesora de Pablo Iglesias, ante la Audiencia Nacional el 20 de mayo del año 2020 fue un bumerán de proporciones inéditas para Iglesias: en aquella declaración, Bousselham señaló al entonces líder de Podemos en relación con la destrucción de la tarjeta de su móvil, robada en 2015.

La incógnita jamás desvelada era quién había destruido la tarjeta. OKDIARIO ahora ha tenido acceso en exclusiva al chat desde el cual Podemos controlaba a la Fiscalía Anticorrupción y manipulaba la causa Tándem —el grupo conocido internamente como La Compañía—, y en el que la entonces jefa jurídica del partido morado, Gloria Elizo, confesó abiertamente que fue Pablo Iglesias y su equipo quienes destruyeron la tarjeta de Dina.

La revelación se produjo ante un interlocutor de excepción: el propio fiscal anticorrupción José Grinda, que formaba parte del grupo junto a otros abogados, periodistas y dirigentes de Podemos. El chat, denominado La Compañía, fue creado con el objetivo declarado de combatir lo que sus integrantes llamaban «las cloacas del Estado» —en referencia al ex comisario José Manuel Villarejo y sus conexiones—, aunque terminó convirtiéndose, según las fuentes consultadas por este medio, en otra cloaca paralela articulada desde Anticorrupción.

En ese foro, Elizo escribió con toda claridad: «Ellos construyen a partir de que Asensio le da la tarjeta a PI (Pablo Iglesias), en enero, no le dan la tarjeta a Dina, la destruyen porque no se fían de ella, se la entregan en verano nos cuentan a ella y a mí lo de Asensio. Y esto lo hablan PI (Pablo Iglesias), IM (Irene Montero), (Rafa) Mayoral y Juanma (Juan Manuel del Olmo)».

La confesión es demoledora. Según el relato de la propia ex jefa jurídica de Podemos, Pablo Iglesias recibió la tarjeta del ex presidente del Grupo Zeta —Antonio Asensio Mosbah— en enero de 2016, no se la entregó a Dina Bousselham de inmediato, la destruyó porque no confiaba en ella, y sólo meses después le devolvió el dispositivo inutilizable. En la operación participaron, además del propio Iglesias e Irene Montero, Rafa Mayoral y Juan Manuel del Olmo.

El giro de Dina Bousselham ante el juez

Esta revelación cobra especial relevancia a la luz de la declaración que Dina Bousselham prestó entonces ante el juez Manuel García-Castellón. La ex asesora de Iglesias en el Parlamento Europeo contradijo casi por completo la versión que Iglesias había sostenido durante años. Bousselham admitió haber sido la autora de las capturas de pantalla comprometedoras con Iglesias —entre ellas, la polémica conversación sobre la periodista Mariló Montero— y reconoció haberlas enviado a terceros. Además, corrigió su primera versión y admitió que llevaba más de tres años en posesión de una tarjeta que, en teoría, había perdido en 2015.

Pero el giro más significativo fue otro: por primera vez, Bousselham reveló que cuando Iglesias le devolvió la tarjeta —en verano de 2016, seis meses después de que el ex presidente del Grupo Zeta se la hubiera entregado— el dispositivo estaba «destruido». En su primera declaración se había limitado a señalar que el contenido era ilegible.

Los integrantes de ‘La Compañía’

El chat, al que ha tenido acceso OKDIARIO, estaba integrado por un selecto grupo de personas que aunaban perfiles jurídicos, periodísticos y políticos. El grupo lo integraban José Grinda (fiscal anticorrupción), Gloria Elizo (entonces jefa jurídica de Podemos y vicepresidenta primera de la Mesa del Congreso), Pablo Fernández (gerente de Podemos y marido de Elizo), los policías Marcelino Martín Blas y Rubén Eladio, Patricia López (periodista de Público), Patricia Espinar (periodista), Ricard Checa (periodista) y Antonio Alberca (abogado).

La revelación del contenido de la tarjeta no llegó en el vacío. En marzo de 2019, con las elecciones generales del 28 de abril en el horizonte, Iglesias aprovechó la circunstancia para centrar la atención mediática en una cruzada contra las llamadas «cloacas del Estado». La dirección de Podemos decidió utilizar el hallazgo para transformar la pieza separada de Dina en una causa general sobre la supuesta policía patriótica del Gobierno de Mariano Rajoy, presentando a su secretario general como el principal damnificado de una operación de espionaje parapolicial. El objetivo era recuperar la bandera de la lucha contra la corrupción para la campaña del 28-A, convirtiendo a Iglesias en el mártir de una conspiración urdida desde las entrañas del Estado.

Con ese relato como telón de fondo, Iglesias se personó como perjudicado en la Audiencia Nacional. Sin embargo, el juez Manuel García-Castellón acabó desmontando esa narrativa. En junio de 2020, el magistrado le retiró la condición de perjudicado al considerar que su comportamiento —ocultando durante meses a su propia ex asesora la tarjeta del móvil que supuestamente le habían robado— resultaba «incompatible con la dimensión» que él mismo pretendía dar al robo como «injerencia política». El juez subrayó que Iglesias no le devolvió la tarjeta a Dina ni cuando la recibió en enero de 2016 ni después, en julio de ese mismo año, cuando se publicaron las imágenes en OKDIARIO.

El 29 de marzo de 2019, en plena efervescencia de esa campaña, declaró ante el juez el propio Villarejo, quien negó haber robado el móvil y apuntó que los datos del teléfono le llegaron a través del entonces director de Interviú, sin citarle por su nombre.

Lo que reveló Bousselham ante el juez

El 18 de mayo de 2020, Dina Bousselham declaró en el marco del caso Villarejo y confirmó lo que el chat de La Compañía ya dejaba entrever: que Iglesias le devolvió la tarjeta del móvil destruida y con meses de retraso. Según su testimonio, fue en julio de 2016 cuando el ex vicepresidente del Gobierno contactó con ella para comunicarle que tenía en su poder la tarjeta. Al recibirla, Bousselham la llevó a una empresa especializada para intentar recuperar su contenido. La respuesta fue que era imposible: la información había sido destruida.

La propia Bousselham introdujo un matiz relevante en un escrito posterior. «Debo decir que inicialmente cuando se me entregó funcionaba, y comprobé que en su interior estaban contenidos de mi teléfono, y así, yo misma, con el fin de proteger mi intimidad, mi vida familiar y mi relación de pareja, accedí a los elementos de naturaleza más personal e íntimos de esta, y por ello puedo indicar que inicialmente funcionaba, si bien no contrasté ni analicé todo», escribió. «Tras lo anterior, cuando volví a tratar de acceder a ella, dejó de funcionar, pudiendo haber quedado la misma afectada». Las periciales practicadas apuntan a que la tarjeta entregada en la Audiencia Nacional estaba «parcialmente quemada», pero Bousselham no va más allá en sus explicaciones.

Lo que sí dejó asentado en su declaración es que Iglesias le había dicho, antes de devolvérsela, que había podido consultar su contenido —lo que implica que la tarjeta aún era accesible mientras estuvo en su poder— y que la había tenido en su posesión durante varios meses, extremo que el propio Iglesias había reconocido previamente ante el juez. Son esos meses de silencio, cruzados con la confesión de Elizo en el chat de La Compañía, los que ahora son por fin destapados por OKDIARIO.

Este periódico intentó contactar con Gloria Elizo y José Grinda, sin éxito, para recabar su versión sobre estos chats.

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