MALLORCA

Okupas de la cárcel vieja de Palma asaltan a una mujer mayor a la salida de misa para robarle

La anciana sufrió una crisis de ansiendad y tuvo que ser atendida por una ambulancia del SAMU-061

Okupas cárcel Palma
Instante en el que la anciana estaba siendo atendida por personal sanitario del SAMU-061.
Julio Bastida

Un nuevo episodio de inseguridad ha sacudido este domingo a los vecinos de la barriada de Cas Capiscol, Palma. Sobre las 12:00 horas, una mujer mayor fue víctima de un robo cuando salía de misa. Según testigos, un okupa de la cárcel vieja le arrebató el bolso y la cartera, provocándole un ataque de ansiedad. La policía se personó de inmediato en la zona, próxima al colegio cercano, y se ha iniciado la investigación para localizar al responsable.

Vecinos de la zona han calificado el hecho de «vergüenza» y expresan su preocupación ante la creciente sensación de inseguridad. «No sabemos hasta cuándo vamos a tener que soportar esto», comentaba una vecina visiblemente alterada. La víctima tuvo que ser atendida por una ambulancia del SAMU-061 al sufrir una fuerte crisis de ansiedad.

El incidente vuelve a poner el foco en la situación de la antigua cárcel de Palma, un espacio que se ha convertido en un epicentro de marginalidad y delincuencia.  Unas instalaciones que fueron okupadas de forma ilegal durante el mandato del alcalde socialista José Hila, en coalición con los separatistas de Més per Mallorca y Podemos. Partidos que ahora miran hacía otra parte tratando de eludir su responsabilidad.

Según un informe de OKBALEARES, grupos de personas ocupan las instalaciones de manera clandestina, llegando con maletas y en condiciones deplorables. Los ocupantes recurren a fuentes públicas para abastecerse de agua y, en ocasiones, intentan engancharse al alumbrado público, dejando zonas del barrio sin luz.

El interior de la cárcel presenta reformas improvisadas: suelos embaldosados, puertas metálicas, paredes pintadas y focos alimentados por placas solares, pero sin acceso a agua potable. A pesar de las recurrentes intervenciones policiales, la actividad clandestina persiste.

El recinto se ha transformado en un hotel ilegal donde la violencia, el robo, el consumo de drogas y los incendios son parte de la vida diaria. Los vecinos denuncian la presencia de coches abandonados, desguazados y la coexistencia de perros, gatos y ratas de gran tamaño. Bandas como los 24/7 El Caserío, grupos de ex Menas y personas de diferentes nacionalidades asociadas a delitos, conviven con residentes locales enganchados a drogas o alcohol, generando conflictos continuos.

Además, los okupas que residen allí desde hace años han convertido parte del recinto en un negocio ilegal, alquilando infraviviendas sin luz ni agua a precios de entre 300 y 400 euros por estancia. La emergencia habitacional y la desesperación de quienes buscan un techo son aprovechadas por estas mafias locales.

El futuro del antiguo centro penitenciario apunta a un derribo para construir viviendas sociales, pero mientras tanto, la vieja cárcel sigue siendo un símbolo de caos y peligro para el barrio, y los últimos hechos delictivos, como el robo a la mujer mayor, evidencian la urgente necesidad de intervención de las autoridades.

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