Podemos llega al delirio: en plena crisis energética exige acabar con los pantanos porque son «franquistas»

Podemos pantanos
Embalse de El Atazar.

Podemos ha declarado la guerra al “viejo modelo franquista de pantanos y obras faraónicas que han hundido y obligado a abandonar tantos pueblos”. Sólo hay un pequeño problema: ese modelo de pantanos y embalses es utilizado para generar energía porque es una fuente de producción eléctrica absolutamente limpia y barata. Y España paga en estos momentos el triple por el coste de la energía que hace sólo un año. El cierre conllevaría un encarecimiento aún mayor del recibo de la luz.

La cruzada verde y antifranquista de Podemos ha producido un delicado cruce de cables. Los pantanos sirven para generar energía y contar con garantía de suministro de agua. Pero, efectivamente, tienen que estar en algún sitio. A poder ser en la naturaleza. Si no, es complicado que puedan existir. Y eso a Podemos no le gusta. Le parece antiecológico y antipueblos.

Además, se trata de una infraestructura especialmente impulsada y desarrollada en época de Franco. Y, por lo visto, según Podemos, hay que “abandonar” todo lo realizado por el dictador. Incluido su modelo de pantanos y embalses. Por todo ello, Podemos defiende “abandonar la política de grandes embalses y avanzar hacia una gestión inteligente, eficiente y ecológica del agua”.

Se trata de una de las medidas que Podemos mantiene en su documentación programática y que puede ser consultada en estos momentos en su página web. De hecho, concurrió ya con esa idea a las últimas elecciones generales.

Pero no es la única medida que quiere impulsar Podemos y que tendría una notable influencia en el encarecimiento aún mayor del recibo de la luz. Otra de sus ideas es “reducir la producción energética primaria basada en combustibles fósiles a la mitad en una década y alcanzar el 100% de la producción de fuentes renovables en 2040”. “Se garantizará por ley que, antes de que se pierda un empleo del sector de los combustibles fósiles, se crearán dos empleos con condiciones laborales idénticas o mejores en la misma comarca y que tendrán prioridad absoluta de acceso a ellos las personas afectadas”, señalan. Pues bien, cada vez que España necesita una punta de energía, y la eólica o solar no están disponibles, quema gas natural en las centrales de ciclo combinado para producir energía. Con esta propuesta, ese recurso sería cada vez más difícil de usar hasta desaparecer.

Otra de sus ideas pasa por “crear una empresa pública de energía”, un modelo hacia el que han caminado todos los países populistas en los que hay problemas de suministro energético.

Los planes de Podemos

Otro de sus planes pasa por “establecer una línea de ayudas directas a la inversión en pequeñas y medianas instalaciones renovables”. Parte de estas nuevas instalaciones estarán promovidas por entidades locales, ciudadanas o cooperativas para el consumo eléctrico de proximidad. Se establecerá también una regulación que favorezca las instalaciones de autoconsumo compartido y una solución para reparar la situación de los pequeños inversores perjudicados por el “hachazo a las renovables”.

También buscan el “cierre de las centrales de carbón antes del final de 2025 (y siempre garantizando el uso de carbón nacional) y de las centrales nucleares antes del final de 2024”. “Se garantizará que se hayan creado previamente dos empleos por cada uno que se pierda, como ya se ha mencionado”, aunque no aclaran en sus propuestas cómo se crearía ese empleo.

«Impuesto por contaminar»

Por supuesto, no falta un nuevo impuesto en sus ideas: “Impuesto sobre los beneficios de las grandes empresas por contaminar”. Y, claro está, llegar al control del agua por el poder público. En concreto, por el suyo:

“Recuperar automáticamente la gestión pública de las centrales hidroeléctricas cuyas concesiones para la explotación privada hayan caducado o lo hagan en el futuro”. De hecho, explican que “esto permite complementar la producción eléctrica cuando otras tecnologías renovables tengan valles, proteger la salud ecológica de nuestros ríos y garantizar el riego, el control de las crecidas y el suministro de agua potable sin que interfieran intereses económicos espurios, así como compensar a los territorios que soportan las centrales y sufren las consecuencias de la desigualdad territorial de nuestro país”. “La empresa pública de energía asumirá la explotación de las centrales hidroeléctricas cuyas concesiones vayan caducando”.

Y ello, pese a que, acto seguido piden acabar con el actual planteamiento de pantanos: “Abandonar la política de grandes embalses y avanzar hacia una gestión inteligente, eficiente y ecológica del agua. El viejo modelo franquista de pantanos y obras faraónicas que han hundido y obligado a abandonar tantos pueblos se sustituirá de forma definitiva por una nueva cultura del agua, con un gobierno eficiente y moderno del agua a partir de la gestión de su demanda, que resulta la única estrategia eficaz para mitigar episodios extremos y cada vez más frecuentes, como sequías y crecidas, al tiempo que sirve para construir un sector agropecuario puntero”.

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