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Los albañiles experimentados coinciden: «Para reparar una pared afectada por la humedad, lo primero es sanearla»

Pared afectada por la humedad
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Cuando una pared presenta manchas de humedad, desconchones o zonas deterioradas, es fácil pensar que basta con cubrir el problema con una nueva capa de pintura. Sin embargo, los profesionales de la albañilería saben que esto puede ser un error.

Por eso, coinciden en una cuestión fundamental: antes de reparar y embellecer una pared afectada por la humedad, hay que sanearla correctamente.

Cómo reparar una pared afectada por la humedad

Abel de González, reconocido interiorista y creador del canal «Mil Ideas», explica que cómo llevar a cabo un proceso de saneamiento, sellado y acabado. «Para reparar una pared afectada por la humedad, lo primero que vamos a hacer es sanearla», sostiene.

El punto de partida, según detalla González, es realizar una comprobación previa: antes de comenzar cualquier intervención, es necesario asegurarse de que la filtración de agua original esté solucionada y de que la superficie se encuentre completamente seca. Una vez cumplidas ambas condiciones, la fase de saneamiento consiste en eliminar mecánicamente todo el material deteriorado. «Con una espátula, se retiran los restos de pintura suelta, grietas o partes dañadas, pero sin excederse para no agrandar el problema», explica, quien destaca que una limpieza minuciosa resulta esencial para impedir que la humedad vuelva a aparecer debajo de la nueva pintura.

Tras completar el saneamiento, el siguiente paso consiste en la imprimación. González recomienda utilizar selladores, preferiblemente con base de aceite, cuya función es crear una barrera aislante capaz de evitar que las manchas vuelvan a brotar. «Si no se le aplica nada, la mancha de humedad siempre va a volver a salir», asegura. Aunque existen diferentes productos específicos en el mercado, el especialista subraya que una selladora de calidad permite compactar la pared y preparar la superficie para las fases posteriores del tratamiento.

A la hora de reparar las imperfecciones, el profesional establece una diferencia según el tamaño de los desperfectos. Aunque la escayola continúa siendo una alternativa tradicional y económica para cubrir parches grandes, gracias a su capacidad de carga y su baja merma, actualmente también existen masillas de nueva generación listas para usar. «El truco está en aplicar dos manos: la primera cubre los huecos de manera uniforme y, una vez seca, se lija con una lija media y se limpia el polvo», indica González. Una segunda aplicación permite finalmente conseguir una superficie lisa y uniforme, condición necesaria antes de afrontar el acabado definitivo con pintura.

El siguiente paso consiste en aplicar correctamente el fijador, fundamental para mejorar la adherencia de la pintura. Debido a que las zonas reparadas con masilla o escayola presentan una capacidad de absorción diferente a la del resto del muro, González aconseja utilizar un fijador al agua para evitar contrastes de color, sombras o diferencias visibles una vez terminado el trabajo.

Si no se dispone de un producto comercial, el interiorista plantea una alternativa sencilla: «mezclando pintura plástica blanca con agua hasta obtener una textura líquida, similar al agua, conseguimos un fijador perfecto». Además, recomienda aplicar dos manos y respetar un tiempo de espera de una hora entre cada una. Durante esta fase conviene extremar las precauciones, ya que la mezcla, al ser tan líquida, puede salpicar con facilidad.

Por último, el tratamiento concluye con dos capas de pintura plástica, respetando los correspondientes tiempos de secado entre ambas. El interiorista aconseja realizar una revisión de la superficie antes de aplicar la segunda mano para detectar y corregir pequeñas imperfecciones que puedan haber quedado después de las reparaciones. De esta manera, se consigue un acabado homogéneo y mucho más profesional.

Tipos de humedades

La humedad por filtración se produce cuando el agua procedente del exterior consigue atravesar una superficie debido a una impermeabilización deficiente, deteriorada o inexistente. Entre las señales más habituales se encuentran la aparición de goteras y manchas oscuras de humedad, especialmente en la parte superior de las paredes o en los techos. También pueden producirse desprendimientos de pintura, desconchados en las paredes.

La humedad por condensación aparece cuando el vapor de agua generado en el interior de la vivienda, procedente de actividades cotidianas como ducharse, cocinar o tender la ropa. Entre los signos más habituales se encuentran la aparición de gotas de agua en las ventanas, especialmente durante los meses más fríos, así como la formación de manchas negras de moho en esquinas, paredes y techos. También puede aparecer un olor a humedad persistente, acompañado de una sensación de ambiente cargado.

La humedad por capilaridad se produce cuando el agua presente en el suelo asciende progresivamente por los muros a través de pequeños poros y conductos existentes en materiales absorbentes. Para identificarla, conviene prestar especial atención a la parte baja de las paredes, donde suelen concentrarse sus principales señales. En esta zona pueden aparecer polvillo y manchas blanquecinas provocadas por las sales minerales que transporta el agua.

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