Suena raro pero la ciencia lo avala: EEUU crea calzoncillos que miden las flatulencias con sensores de hidrógeno
La ciencia ha medido desde el latido del corazón hasta la calidad del sueño, pero pocas veces esos avances han tenido que ver con calzoncillos y flatulencias.
En este caso, un equipo de investigadores de la Universidad de Maryland ha desarrollado una prenda interior que no sólo se usa, sino que también mide las emisiones de gas con sensores de hidrógeno. El invento no es una simple curiosidad, tiene un objetivo clínico muy concreto que busca aportar datos fiables sobre la salud digestiva.
Estados Unidos crea calzoncillos que miden las flatulencias con sensores de hidrógeno
El equipo de la Universidad de Maryland, liderado por el biólogo Brantley Hall, ha presentado el primer dispositivo portátil diseñado para registrar flatulencias en tiempo real. El aparato, bautizado como «Smart Underwear», se acopla a cualquier ropa interior convencional y mide la concentración de hidrógeno que expulsan los intestinos a lo largo del día y de la noche.
Hall trabaja en el Departamento de Biología Celular y Genética Molecular y ha desarrollado el proyecto junto al investigador Santiago Botasini. Ambos figuran como inventores en las solicitudes de patente y han creado la empresa Ventoscity LLC para impulsar la tecnología.
El equipo publicó los primeros resultados en la revista científica Biosensors and Bioelectronics: X. En su estudio inicial, los investigadores monitorizaron a 19 adultos sanos y registraron una media de 32 episodios diarios de flatulencias. La cifra duplica las 14 emisiones al día que la literatura médica había manejado durante décadas. El rango resultó amplio: algunos participantes apenas registraron cuatro episodios diarios y otros llegaron a 59.
La diferencia con los datos anteriores tiene una explicación clara. Los estudios clásicos dependían del recuerdo de los pacientes o de pruebas invasivas en entornos muy controlados. Nadie anotaba lo que ocurría mientras dormía y muchos episodios pasaban desapercibidos. El dispositivo elimina ese margen de error y ofrece un recuento objetivo.
A partir de estos datos, Hall ha lanzado el proyecto Human Flatus Atlas, un mapa nacional que pretende establecer qué frecuencia de gases puede considerarse normal en adultos estadounidenses. El equipo ya recluta voluntarios mayores de 18 años en todo el país y les envía el dispositivo a domicilio para registrar su actividad diaria.
Qué mide y cómo funciona el calzoncillo con sensor de hidrógeno
El sistema se basa en un sensor electroquímico especializado en detectar hidrógeno, un gas que el cuerpo humano no produce por sí mismo. Las bacterias intestinales lo generan al fermentar carbohidratos que no se han digerido completamente. Por eso, medir hidrógeno equivale a medir actividad microbiana.
El dispositivo tiene el tamaño aproximado de una moneda y se engancha mediante un clip a la prenda interior, cerca de la zona perineal. Desde ahí capta de forma pasiva las emisiones y registra tanto la concentración de gas como la duración de cada episodio. Los datos se transmiten por Bluetooth a una aplicación móvil que analiza las variaciones a lo largo del día.
Por qué es importante este calzoncillo con sensor de hidrógeno
La utilidad médica aparece cuando esos registros se comparan con la dieta y los síntomas. En pruebas controladas, el equipo detectó aumentos de hidrógeno tras la ingesta de inulina, una fibra prebiótica, con una sensibilidad del 94,7%. Eso permite comprobar cómo reaccionan las bacterias intestinales ante determinados alimentos sin recurrir a pruebas invasivas.
Los médicos llevan años sin una herramienta objetiva para evaluar a pacientes que consultan por exceso de gases. Hasta ahora dependían casi por completo de lo que el propio paciente recordaba o anotaba. Con una base de datos amplia, los investigadores podrán distinguir entre una percepción subjetiva y una producción realmente elevada.
Además, el proyecto incluye el análisis del microbioma de perfiles extremos, como personas con dietas ricas en fibra que apenas producen gases o individuos que registran cifras muy altas. Esa comparación puede ayudar a entender qué bacterias intervienen y cómo influyen los hábitos alimentarios.