No hay que dramatizar aún, pero los científicos descubren que el polvo desértico calienta la Tierra el doble de lo que pensaban
Para luchar contra el cambio climático es necesario enfriar la Tierra, pero pocos se han planteado el papel que juega el polvo desértico en el calentamiento global.
Hasta ahora sabíamos que este polvo reflejaba la luz solar y aumentaba las temperaturas, pero no éramos conscientes de hasta qué punto lo hacía: al parecer, el doble de lo que pensábamos.
Eso es lo que defiende un estudio publicado en Nature Communications y liderado por Jasper F. Kok. Según sus cálculos, el calentamiento por radiación de onda larga asociado al polvo del desierto duplica la estimación de los modelos actuales.
El polvo desértico calienta el doble la Tierra de lo que preveían los modelos climáticos
Aunque sea incómodo o esté calentando la Tierra, el descubrimiento no significa que el polvo desértico sea el culpable de todos nuestros males ni que haya que rehacer lo que sabemos sobre el calentamiento global.
De hecho, el polvo del desierto tiene tanto la capacidad de calentar el ambiente como de enfriarlo.
Por un lado, refleja parte de la luz del Sol hacia el espacio con lo que enfría la Tierra. Pero también actúa como una manta cuando absorbe y dispersa la radiación térmica emitida por la superficie y la atmósfera.
El estudio ha estimado que ese calentamiento por radiación de onda larga alcanza unos 0,25 vatios por metro cuadrado, con un margen de 0,06. En cambio, los modelos climáticos lo situaban alrededor de 0,13 vatios por metro cuadrado.
Hay que tener en cuenta que el polvo mineral es el aerosol más abundante de la atmósfera por masa y puede viajar grandes distancias desde regiones como el Sáhara, Oriente Medio o Asia oriental.
Por qué el polvo desértico actúa como una manta térmica sobre la Tierra
La explicación está en la forma en que el polvo interactúa con la radiación infrarroja, también llamada radiación de onda larga.
La Tierra emite parte de su energía en esa banda, especialmente desde la superficie y las capas bajas de la atmósfera.
El problema es que las partículas de polvo pueden absorber parte de esa energía y también dispersarla. Cuando esa radiación se redirige hacia abajo o se impide que escape con facilidad al espacio, el sistema retiene más calor.
Por qué los anteriores modelos climáticos no calcularon bien la influencia del polvo del desierto
Además, Jasper F. Kok y el resto del equipo han explicado las dos razones por las que los anteriores modelos subestimaron el fenómeno. El error estaba en no incorporar correctamente la dispersión de radiación de onda larga y no dimensionar bien el polvo grueso y muy grueso.
Las partículas más grandes interactúan de forma más eficaz con la radiación térmica, pero son más difíciles de representar en modelos globales porque caen antes, viajan de otra manera y no siempre aparecen bien medidas.
Por eso el estudio cambió la metodología y apostó una aproximación basada en observaciones, con datos de satélites, mediciones en aviones, simulaciones climáticas y variables meteorológicas.
La intención era reconstruir mejor cuánta energía retiene el polvo en la atmósfera real.