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La empresa de limpieza de Palma, quinta ciudad más sucia de España, deja sin barrer 300 calles a diario

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La empresa municipal de limpieza de Palma (Emaya), quinta ciudad más sucia de España,  ha dejado de barrer desde esta semana 300 calles a diario y así seguirá sucediendo a lo largo del presente otoño y el próximo invierno. Esta situación agravará los problemas de mantenimiento de la vía pública de decenas de barrios de la capital balear, que se quedarán de manera intermitente sin servicio de barrido manual.

El operario de la limpieza de Emaya con carrito, escoba y pala, encargado además del barrido del vaciado de papeleras, irá alternando su presencia en las diferentes calles de Palma, tras prescindir esta semana el presidente de esta compañía municipal, el concejal socialista de Medio Ambiente, Ramon Perpinyà, de 90 empleados municipales fijos discontinuos.

Unos trabajadores a los que ha mandado al paro hasta la próxima temporada turística, a lo que hay que sumar la no renovación de otros 70 trabajadores eventuales, tras caducarles a finales del pasado mes de septiembre, sus contratos temporales.

A ello hay que unir que el servicio de recogida de bolsas de basura arrojadas fuera de los contenedores, y que era atendido por un conductor de segunda, tampoco se llevará a cabo, y serán los conductores de primera, los que se encarguen del mismo.

Pese a la escasez de recursos humanos en la escala básica de la compañía, y la caótica organización del modelo de limpieza de la ciudad, Perpinyà ha decidido prescindir de estos 160 trabajadores lo que, tendrá sin duda alguna, un impacto muy negativo en la salubridad e higiene de las calles de Palma.

Una suciedad y mal estado periódico, que ha sido uno de los principales quebraderos de cabeza del alcalde socialista de Palma, José Hila, y algo muy criticado a lo largo de la pasada y presente legislatura, por entidades vecinales, comerciantes y residentes.

En concreto, se dejarán sin cubrir en torno a 25 rutas manuales, cada una  con entre 12 y 15 calles, que no tendrán barrido manual diario.

Consecuencia directa de ello será un efecto en cadena que repercutirá en el deterioro de la imagen cotidiana de una capital turística como la balear, y que irá a más, a medida que pasen las semanas, ya que los operarios municipales de la limpieza tendrán cada vez mayor carga de trabajo y  presión, por jefes de servicio y de sector.

Cabe recordar a este respecto, el expediente sancionador abierto por la compañía este mes de octubre a una barrendera por ir al baño en el Mercado municipal del Olivar, instándole el jefe de sector a enviarle un WhatsApp para controlar el tiempo que estaba en el servicio.

Pese a esta evidente falta de personal, y de la necesidad de proceder a una mejor reorganización de los recursos humanos del servicio de la limpieza, la dirección de la empresa municipal no tiene, en estos momentos, previsiones para la incorporación de nuevos efectivos. El mensaje transmitido a los dirigentes sindicales es que no hay dinero para nuevas contrataciones.

En la recogida nocturna de trastos, tampoco se cubren todas las rutas diarias por falta de personal, y a partir de ahora, no serán pocas las veces que los enseres depositados por los ciudadanos en la vía pública para su retirada, permanezcan sin recoger varios días.

El panorama es aún más preocupante si tenemos en cuenta que Emaya, es una empresa con un elevado índice de absentismo de en torno a 120 trabajadores mensuales de media, por lo que esta reducción de personal y el consiguiente incremento de la carga laboral para el resto de empleados, no hará más que incrementar las bajas laborales de una plantilla de entorno a 900 personas en el servicio municipal de limpieza y recogida de basuras.

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