Madrid llora de impotencia

Madrid llora de impotencia
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  • María Fuster

Hoy día de San Isidro, patrón de la capital, Madrid llora metafóricamente hablando, pero también de facto, habida cuenta de la que está cayendo. Y no es para menos.

Todos los gobiernos populistas están cortados por el mismo patrón y siguen siempre el mismo modus operandi: buscar un enemigo que utilizar como arma arrojadiza y convertirlo en el elemento que justifique su tiranía. Este gobierno socialcomunista ha encontrado su víctima y no es otra que Madrid en su conjunto: sus gobernantes y sus ciudadanos.

Sánchez, Iglesias y el resto de su banda son conscientes de su incapacidad para gestionar esta crisis y han decidido tapar sus vergüenzas haciendo oposición a la oposición. Dedican más fuerzas a criticar la gestión de Díaz Ayuso y de Almeida que a ayudar a sacar a Madrid de este pozo.

Madrid ha sido maltratada desde el inicio por parte del Gobierno: hemos sido de las últimas comunidades en recibir material, que además ha sido escasísimo, se ha ocultado información clave en los peores momentos… es que se nos ha despreciado hasta tal punto que el señor Sánchez no se ha dignado a visitar el hospital del IFEMA, que tanta admiración ha despertado a nivel mundial.

Pero esto no les ha parecido suficiente y han decidido sacar sus armas más sucias para atacar a Madrid.

Esta semana Rafael Simancas ha dicho: “¿Por qué España está en cifras tan altas de contagiados y fallecidos por la Covid? Porque en España está la Comunidad de Madrid.” Y me pregunto yo: ¿se puede ser más ruin y despreciable? Son especialmente inaceptables estas palabras si tenemos en cuenta que este señor es diputado por Madrid (PSOE) y fue candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid.

Esto no ha sido un hecho aislado sino que va en sintonía con una campaña de acoso y derribo contra Díaz Ayuso que, lejos de desgastarla, la está afianzando como Presidenta de los madrileños y como referente del Partido Popular. Son tan endebles los argumentos que usan contra ella y su gestión, tan anecdóticos, que no consiguen ensombrecer su labor: una gestión eficaz, una entrega sin horarios, no como Lastra que rechaza trabajar los sábados, y una humanidad que hace que los madrileños se sientan bien representados por ella.

Pero esto sigue, ahora resulta que son ellos los que han vuelto a dar vida a Franco, ironías de la vida, porque así se llama el delegado del gobierno encargado de limitar nuestro derecho a manifestarnos. Porque, sí señores, nos están quitando un derecho constitucional. El Estado de Alarma en ningún caso contempla la restricción de ese derecho y hay mil formas en las que podemos manifestarnos respetando las normas de seguridad. Lo que es inaceptable es la utilización que hace de la delegación del gobierno hace de los Cuerpos y Fuerzas del Estado para dispersar protestas contra el Gobierno.

Y ya la gota que colma el vaso y que, al menos a mí como madrileña que soy me llena de impotencia, es volver a decirnos que no al cambio de fase. Además de que cumplimos los requisitos técnicos, tanto el alcalde Almeida como la presidenta Díaz Ayuso han pedido hacer obligatorio el uso de mascarillas.

El no del ministro Illa parece más un castigo con motivaciones políticas que sanitarias. Lo que el Gobierno de España no entiende es que esta asfixia económica a Madrid significa también la asfixia de todos los españoles. Madrid es el motor económico de este país y esta discriminación no daña a Díaz Ayuso y su gobierno, daña a los millones de españoles que han perdido sus trabajos y que las están pasando canutas.

Lo que tiene que entender Sánchez es que tenemos que aprender a vivir con el virus puesto que, tal y como reconoce la propia OMS, no habrá vacuna antes de 2021. Lo que tiene que hacer el gobierno es garantizar la realización de tests masivos, instaurar la obligatoriedad del uso de mascarillas en espacios públicos y mantener el confinamiento de las personas mayores, la población más vulnerable.

Y a partir de ahí, que nos devuelvan nuestra libertad y nos permitan volver a trabajar por nuestro bien, por nuestros mayores, por los que se han ido y por España.

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