Editoriales

Dictadura total

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La dimisión de Albert Batlle como director de los Mossos d’Esquadra es una muy mala noticia para Cataluña y para España. Batlle defiende la neutralidad dentro de la policía catalana y es un firme partidario de la asepsia política dentro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Cree que su trabajo ha de garantizar “el cumplimiento de la ley”, no servir a ningún fin político. Además, siempre se ha mostrado contrario al referéndum ilegal. De ahí que, ante el panorama de radicalismo exacerbado que impera entre los dirigentes autonómicos, su marcha desnude aún más el caos que se ha instaurado al otro lado del Ebro y cuyas consecuencias amenazan con extenderse a toda la nación. El Gobierno de Mariano Rajoy debe parar en seco esta deriva que, más que una deriva, es una inmolación política. Por culpa de unos cuantos lunáticos disfrazados con senyeras y barretinas, todo este asunto se puede llevar por delante el bienestar y la prosperidad de millones de catalanes que sólo aspiran, como cualquier ciudadano, a vivir lo mejor posible. 

La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, decía este mismo lunes que “si optan por despeñarse tendrán una respuesta del Gobierno”. La purga a Batlle denota que no sólo quieren “despeñarse”, sino que además van a tumba abierta hacia el precipicio. Cataluña es ahora mismo un compendio de desorden social, económico e institucional que genera una gran inquietud. Carles Puigdemont comanda una Cámara regional que parece el órgano de control totalitario de un país bananero. Más cerca de la Venezuela de Nicolás Maduro que de un territorio próspero de Europa. Las purgas componen el menú institucional diario: purga a los que se oponen al referéndum ilegal del próximo 1 de octubre, purga a los que hablan español, purga a los que rotulan así su negocio o respetan la ley vigente y los principios constitucionales. 

Purgas, en definitiva, a todos aquellos que se oponen a dar un golpe de Estado contra España. Batlle ha sido la última víctima tras oponerse a Joaquim Forn, el nuevo consejero de Interior de la Generalitat. Un radical secesionista que no se parará en raya y que, como les adelantó OKDIARIO, purgará a todos los Mossos que hagan su trabajo con escrupulosa equidistancia y no claudiquen ante las veleidades de unos golpistas que sólo tienen como objetivo destrozar la unidad de España. La instrumentalización del Cuerpo es sólo un paso mas hacia la dictadura que les gustaría implantar a Puigdemont y sus acólitos. El Estado debe reaccionar. Detrás de todo este disloque están las víctimas de siempre: los ciudadanos.

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