MALLORCA

Los narcos de Son Banya ‘fichan’ a la Pantera Rosa como imagen promocional de la venta de tusi

El clan propietario de la chabola presume de campaña de marketing propio con una obra de arte urbano

narcos Pantera Rosa
Imagen promocional de venta de tusi con la imagen de la Pantera Rosa.
Julio Bastida

Los clanes que controlan el poblado chabolista más famoso —y temido— de Mallorca, conocido popularmente como el supermercado de la droga de la isla, han vuelto a desafiar todos los límites de la imaginación y la legalidad. En un giro que mezcla marketing urbano, irreverencia y un toque de humor negro, los narcotraficantes del asentamiento han decidido convertir a la Pantera Rosa en la imagen promocional de su venta de tusi, la conocida droga rosa que circula por toda la isla.

OKBALEARES ha conseguido la exclusiva de la última obra de arte urbana que decora los puntos de venta de droga. En esta ocasión, la tradicional figura de la Pantera Rosa aparece en carteles luminosos, rodeada de colores chillones y con un mensaje claramente publicitario, que invita, de manera implícita, a los consumidores a acercarse al clan propietario de la chabola que ahora presume de campaña de marketing propio, como si se tratara de una multinacional del entretenimiento y la diversión.

No es la primera vez que los narcos de Son Banya sorprenden con sus extravagancias. Hace algunos años colocaron un gigantesco cartel luminoso con la palabra «Las Vegas», haciendo un símil con el famoso lema «lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas», en un claro guiño a la impunidad con la que operan dentro del poblado.

El asentamiento también ha sido escenario de otros despliegues de estilo casi carnavalesco: un barco gigante de madera pintado con los colores de la bandera española, acompañado de banderas de la Unión Europea, del Real Madrid, del FC Barcelona y del Atlético de Madrid, se ha convertido en un símbolo visual del poder de los clanes sobre este microcosmos de ilegalidad.

Actualmente, Son Banya funciona como un reino de taifas, donde cada clan actúa con autonomía total y mantiene relaciones tensas y conflictivas entre sí. La Policía y el Ayuntamiento de Palma se han convertido en espectadores involuntarios de este espectáculo de desobediencia, mientras los traficantes instalan luces LED y casetas de venta al aire libre, facilitando el comercio de drogas sin necesidad de entrar en el corazón del poblado.

El desafío a la autoridad no se limita a campañas publicitarias llamativas. Los narcos han levantado de manera ilegal barricadas y murallas de chatarra para impedir la entrada de las fuerzas de seguridad, un fortín improvisado con coches quemados, bidones, colchones y ruedas que dificulta cualquier intento de redada. En julio de 2024, la Policía logró derribar una de estas murallas, retirando toneladas de basura y escombros que llenaron hasta 50 camiones contenedor. Sin embargo, la demolición integral del poblado sigue postergándose, en gran parte por la falta de alternativas habitacionales para los residentes acogidos al programa municipal de realojo.

Mientras las autoridades se esfuerzan en planificar un desmantelamiento progresivo, los clanes parecen moverse en otra dimensión, donde la publicidad y la provocación son herramientas de poder. La Pantera Rosa como símbolo de tusi no solo es un guiño humorístico; también representa la sofisticación con la que los narcos buscan captar clientes y generar un aura de “marca” alrededor de su negocio ilegal.

El Ayuntamiento de Palma mantiene contratos de demolición vigentes hasta 2027, mientras que desde 2018 se han realojado a más de 200 personas, incluyendo adultos y menores. Pero cada avance en la legalidad choca con nuevas estrategias de propaganda y fortificación por parte de los clanes, que continúan mostrando su impunidad con gestos que van desde banderas colgantes hasta la Pantera Rosa sonriendo sobre el tusi, en un espectáculo de ilegalidad y marketing urbano que no deja a nadie indiferente.

Son Banya sigue siendo, sin duda, el epicentro del narcotráfico en Mallorca y un ejemplo extremo de cómo la creatividad se mezcla con la delincuencia para desafiar día tras día la autoridad y la ley.

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