Trump anima a China a unirse a EEUU contra Irán y evitar una gran crisis mundial del petróleo
Reabrir con seguridad el Estrecho de Ormuz es la máxima urgencia a la que se enfrenta EEUU en la guerra contra los ayatolás

El Estrecho de Ormuz está cerrado en la práctica. Pese a los duros bombardeos contra el criminal régimen de los ayatolás, Irán ha logrado hacer uso de su gran arma económica en esta guerra: estrangular la mayor ruta de transporte de petróleo del mundo, por la que en condiciones normales discurren 21 millones de barriles cada día, el equivalente a la quinta parte del consumo mundial de crudo. Donald Trump es consciente de que, mientras Irán logre mantener secuestrado el Estrecho de Ormuz, la guerra se le va a complicar enormemente y aumentará la presión occidental sobre EEUU para buscar una solución a la crisis. De ahí que, este sábado, el inquilino de la Casa Blanca haya llegado incluso a animar a la dictadura comunista China a unirse a EEUU e Israel para una gran operación militar multilateral en defensa del Estrecho de Ormuz.
China sale gravemente damnificada de la guerra en Irán, porque su gigantesca economía depende del crudo que le llega de esa zona del globo y, en particular, de Irán. Y en eso confía Trump para convencer a Pekín de que se sume al despliegue militar estadounidense en el Golfo Pérsico, con el objetivo de reabrir en condiciones de seguridad –en reabrir, en suma– el Estrecho de Ormuz. Pero no sólo el petróleo compromete a China: también atenaza sus intereses económicos –muchos– en Oriente Medio y, sobre todo, en África. El efecto dominó de la crisis asoma como peligro cierto en un mal momento económico para China, que ya antes de la guerra tuvo que revisar a la baja sus previsiones de crecimiento ante una coyuntura interna mucho menos boyante que en el pasado.
El régimen de Xi Jinping no ha contestado. Hasta ahora, la posición pública de la dictadura china ante la guerra de Irán ha sido discreta, muy discreta. Ha llamado a poner fin a la guerra, sin una postura diplomática significativamente deliberante contra Washington.
Que Trump haya citado expresamente este sábado a China como deseado aliado para luchar contra el estrangulamiento de Ormuz por Irán es más que relevante. Traducido, es toda una invitación a que China se una a EEUU en ese teatro de operaciones del Golfo Pérsico. Es relevante, en segundo lugar, porque China ha sido hasta ahora la gran diana de Trump en su guerra arancelaria; segundo, por la distancia entre el conservadurismo del republicano Trump y el comunismo de la dictadura china; y, tercero, porque China suele alinearse sistemáticamente –por interés económico, incluso más que ideológico– con países que incomodan la estabilidad o que socavan las economías de las democracias occidentales.
Nada de todo esto parece importarle ya a Trump ante la gran urgencia que tiene ante sí en la guerra contra Irán: mantener abierto el Estrecho de Ormuz es imprescindible para demostrar ante el mundo que EEUU e Israel le han vencido el pulso a los ayatolás –más allá de los duros bombardeos con los que ha dinamitado la cúpula del régimen y ha diezmado su capacidad militar–. Y es también urgente porque, si no logra ese efecto práctico y Ormuz sigue estrangulado, la Casa Blanca es consciente de que parte de sus grandes y clásicos aliados internacionales –en particular europeos– pueden empezar a meter presión a Washington ante las consecuencias económicas del conflicto.
«Espero que China, Francia, Japón, Corea del Sur, el Reino Unido y otros países afectados envíen buques a la región para que el Estrecho de Ormuz deje de ser una amenaza», ha dicho Trump este sábado. Que en esa lista de países a los que pide ayuda, Trump haya incluido a China y, además, en primer lugar, es revelador.
A la espera de que esa petición de ayuda se produzca, Trump ha tratado de mandar un mensaje de autónoma fortaleza frente a los ayatolás: «Mientras tanto, Estados Unidos bombardeará la costa de Irán con gran fuerza y seguirá hundiendo barcos iraníes». «De una forma u otra, pronto lograremos que el Estrecho de Ormuz sea abierto, seguro y libre».