Filippo Sorcinelli, el diseñador que viste al Papa León XIV: «Cuando en el Vaticano me vieron con tatuajes y pendientes se aterraron un poco»
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Mientras el Papa León XIV prepara su visita a España, una figura permanece discretamente entre bambalinas, lejos de los focos, aunque su trabajo será visto por millones de personas. Se trata de Filippo Sorcinelli, el artista italiano que desde hace años viste a los pontífices y que ha diseñado ornamentos para Benedicto XVI, Francisco y ahora para León XIV.

Sin embargo, la historia de Sorcinelli comienza muy lejos del Vaticano. No nace en un taller de alta costura ni en una escuela de moda. Comienza en una pequeña parroquia de Mondolfo, un pueblo de la región italiana de Las Marcas, donde acompañaba a su madre mientras limpiaba la casa parroquial. «Era un niño muy curioso. Veía cuadros, esculturas, armarios llenos de vestiduras antiguas cubiertas de polvo, el incienso, las llaves, el órgano… Todas esas cosas inventaron lo que soy hoy», recuerda.
Aquellas imágenes marcarían para siempre su sensibilidad artística. La belleza de los objetos sagrados, el olor del incienso y la solemnidad de la música religiosa se convirtieron en el lenguaje con el que más tarde expresaría su creatividad. Su formación comenzó precisamente con la música. Estudió órgano, arte y posteriormente se especializó en el Pontificio Instituto de Música Sacra de Roma.

Pero el giro decisivo llegó en el año 2001, gracias a una llamada inesperada. «Un amigo me llamó para decirme que iba a ordenarse sacerdote. Me pidió que diseñara su primera vestidura. Ese fue el número cero de toda esta historia», explica. Aquella primera casulla despertó la atención de distintas autoridades eclesiásticas y dio origen a LAVS, el atelier de vestiduras sagradas que hoy es una referencia internacional. Lo que comenzó como un pequeño taller artesanal acabó llamando la atención del Vaticano.
Poco después llegaría la llamada que cambiaría definitivamente su vida: el encargo de diseñar para Benedicto XVI. Paradójicamente, Sorcinelli nunca encajó en el perfil tradicional que muchos imaginan dentro de la Santa Sede. El propio diseñador recuerda la sorpresa que provocó cuando algunos responsables vaticanos lo vieron fuera del ámbito oficial.

«Cuando en el Vaticano me vieron por primera vez con tatuajes y pendientes, estaban un poco aterrados», ha confesado entre risas. Pero detrás de esa imagen contemporánea siempre ha existido un profundo respeto por la institución y por la liturgia.
Para él, vestir a un Papa no tiene nada que ver con la moda entendida como tendencia. «No es sólo un trabajo. Es un gran servicio», afirma. Cada prenda está sometida a estrictas normas simbólicas y litúrgicas donde la creatividad debe convivir con siglos de tradición.

Ahora, con León XIV, Sorcinelli vuelve a ocupar un lugar clave en la imagen del nuevo pontífice. Y aunque mantiene la discreción sobre los detalles de las vestiduras que acompañarán al Papa durante su visita a España, sigue defendiendo la misma idea que ha guiado toda su carrera: la belleza como una puerta hacia lo trascendente.
