Y de la cesta de la compra, ¿qué?
Entre Ábalos, Koldo, Cerdán, Zapatero asustado y las mentiras continuadas de «tapón» Sánchez, unido a todos esos escándalos el quilombo venezolano, a los actores de la cosa pública, políticos, grandes empresarios, periodistas paniaguados y sindicatos vergonzosamente mute, a nadie parece interesarle lo que ocurre con ese pueblo resignado y doliente que sobrevive a duras penas.
Por corto y por derecho: la situación económica de España no es buena; más bien preocupante para millones y millones de ciudadanos que no gozan de las gracias del poder político sanchista. Y ello sin entrar en la macroeconomía dopada durante años a través de los dineros europeos por un lado, y el aumento de la deuda pública por otro.
Cuando Sánchez y sus voceros hablan del «cohete» económico se contradicen abiertamente. Se presentan como un «gobierno social y progresista», y esa mayoría a la que dicen defender prioritariamente es tan mentira como que su jefe llegó al poder limpiamente. Mentira. Suben la pensión a los diez millones de pensionistas, subida que luego, en la práctica, se la comen los impuestos y la inflación desbocada. Para las clases más desfavorecidas la vida se ha puesto muy difícil. Baste con ir cualquier día al mercado, hacer la correspondiente cola y escuchar al pueblo in situ. Desde luego que el «cohete» se recoge en las cuentas de resultados de las grandes empresas y bancos; sin duda. A ellos siempre les fue bien.
Hablo de la subida en productos básicos como el pan, la leche, la verdura, el pollo, el aceite. Ni siquiera me voy a referir a la vivienda, que es un problema que tiene difícil solución porque los ecojetas se oponen a cualquier progreso que significa levantar más vivienda. Tampoco voy a referirme a la situación de las nuevas generaciones, no hace falta, porque su desesperanza es algo perfectamente descriptible en cualquier rincón de España.
Llevan los autodenominados «progresistas» ocho años en el poder y ahí está su principal oferta electoral: bajaremos sí ó sí el precio de la energía. Hoy, ahora, en este invierno conozco centenares de hogares en los que tienen que optar por encender la calefacción o simplemente comer.
Recuerdo perfectamente aquel alegato de Sánchez cuando llegó al poder en el 2018: mi gran aspiración histórica será acabar con la pobreza infantil en España. Pregunten a Cáritas y al resto de las instituciones privadas que se dedican a paliar la pobreza en la infancia. Con sus datos y cifras está todo dicho.
¡Viva el caudillo Sánchez!
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