PRIMERA LÍNEA

La izquierda radical vuelve a las andadas a un año vista de las elecciones

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La algarada de parte, o sea interesada en crear alarmas favorables al relato de la izquierda, vuelve a intentar incendiar la calle con su turismofobia en las carnes de unos jovencitos dirigidos a control remoto por los partidos de extrema izquierda y, por supuesto, entre ellos el GOB, que también palmea con sus consignas de ecologistas de salón todo lo woke; es decir, guardar un silencio sepulcral si gobierna la izquierda, para rasgarse las vestiduras si va haciendo su trabajo la derecha cuando llega al poder. Ocurre hora mismo, a través de la plataforma Menys Turisme, Més vida que, por cierto, tanto le da por ir a quejarse de la masificación en las calles por culpa de los cruceros como sacar la bandera palestina contra Israel, olvidándose del 7 de octubre.  

La verdad es que me reconcilia con el sentido común de los baleares, al ver que se trata de manifas incapaces de provocar conmoción alguna. Ya vimos recientemente cómo las camisetas verdes se dejaban ver junto al PSIB en el salón de los pasos perdidos del Parlament, horas después de que el boletín de la Cámara legislativa balear acogiese el bilingüismo con naturalidad que es como siempre ha debido ser por imperativo constitucional y estatuario.

Hemos asistido asimismo al esperpento de ver señalar la izquierda radical a formas de conducta de la derecha en el poder que ella mismo aplicó cuando   gobernaba entre el 2015 y el 2023, pero con la diferencia de no ser del todo cierto. Por ejemplo, escandalizarse de la poca limpieza de Palma, cuando la realidad mientras gobernaban con José Hila era que pasábamos por ser la ciudad más sucia de España. No digamos ya cuando hablan de lo nocivos que son los apartamentos turísticos, cuando la izquierda los duplicó.

Todo, absolutamente todo el andamiaje de la izquierda, ha significado un retroceso en las expectativas de crecimiento en Baleares durante el período de su hegemonía woke entre 2015 y 2023. Desde que llegó Marga Prohens para presidir el Govern balear, los cambios sucesivos han sido para bien. Los diferentes colectivos sociales van al compás de proyectos que ponen en valor sus necesidades legítimas, sin las ataduras propias de los prejuicios de la extrema izquierda. La consecutiva caída de Podemos es sintomática y es probable que este partido antisistema desaparezca definitivamente el 2027.

Los parásitos guardianes del habla catalana se escandalizan al ver que los estudiantes de bachillerato conocen perfectamente el catalán, si bien optan por hablar coloquialmente en castellano, español en definitiva, por la razón de olvidarse por completo estos radicales separatistas de enamorarles en la lengua propia y, no lo olvidemos, cooficial con el español. Su enfermiza y obstinada obsesión crea un comprensible rechazo. Son radicalmente cutres.

Las calles en Baleares llevan tres años calmadas y eso es precisamente lo que preocupa a los herederos de la nostalgia por reeditar un nuevo Pacte de Progrés, alejado tanto de la seguridad jurídica como de las construcción en verdad de una comunidad cohesionada. Estos son elementos a tener a mano llegado el momento de votar en las autonómicas de 2027 y la prioridad ha de ser cerrarle el paso a Francina Armengol, una vez puestas las cartas boca arriba: su falta de credibilidad por el daño que le hace constantemente a la independencia del Poder Legislativo, la desacredita para ejercer funciones a beneficio del interés general caso de reeditarse al frente del Govern.

La última, quejarse de que se convoque a contertulios de OKBALEARES en IB3. ¿Se habrán olvidado del comportamiento de la televisión autonómica durante la dirección de un Andreu Manresa plegado a la voluntad de Armengol?

La consigna de la extrema izquierda balear es muy clara: jalear las calles y sembrar dudas sobre el papel que PP y Vox han estado jugando los últimos tres años en la gobernanza de las instituciones del archipiélago. Les duele ver que no les funciona eso de ¡viene la ultraderecha, viene el fascismo! Y encima, lo están haciendo razonablemente bien. La gran responsabilidad de PP y Vox es conectar con la ciudadanía, ejercer a fondo su proximidad; sin condicionar la ideología de los distintos sectores de la población a la hora de aplicar sus políticas de gobierno. En democracia se gobierna pensando en todos los ciudadanos. No solamente en los afines. Como se vivió en los ocho años consecutivos del nefasto Pacte de Progrés con Armengol.

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