Opinión

Aznar se lo prohibió a Juan Carlos I

¿Por qué Cuba es el único país que no pudo visitar el Rey?

Cuando se anunció a principios de semana que el Rey Felipe VI hará una visita de Estado a Cuba lo antes posible, volvieron a aparecer en algunos medios partidarios y detractores de esa visita, la primera oficial de un monarca español a la isla, que siempre estuvo rodeado de una dura polémica. El déficit democrático del régimen castrista, cuyo autoritarismo es claramente notorio desde su implantación después de la revolución de 1959, fue el argumento de peso para que los sucesivos gobiernos españoles desaconsejaran la visita oficial del Rey Juan Carlos a La Habana.

En los últimos años de los 90, la polémica en torno al viaje subió de intensidad ya que la presencia de Fidel Castro en las Cumbres Iberoamericanas pareció disminuir la tensión con el dirigente cubano que, de forma muy astuta, cuidó especialmente la relación personal con el jefe del Estado español. En la Cumbre de Oporto, en 1998, se acordó que al año siguiente la reunión plenaria de jefes de Estado y de Gobierno se hiciera en La Habana, lo que fue una bocanada de aire para el dictador cubano quien hizo grandes elogios del Monarca español después de desayunar con él. Oír a Fidel Castro decir “nunca había podido imaginar que iba a llegar a tener tan buena relación con un Rey español” seguido de “puedo decirlo con los ojos cerrados. La verdad es que tuvieron ustedes la suerte de contar con un Rey excepcional” causó un gran impacto entre los periodistas que cubríamos ese encuentro.

En resumen: don Juan Carlos quería viajar a Cuba, único país iberoamericano que le faltaba por visitar y Fidel estaba encantado de recibir al Rey de España en La Habana. La solución posible podía ser prolongar la estancia de los Reyes después de la Cumbre en la capital cubana. Pero el impedimento surgió enseguida. El presidente del Gobierno español, José  María Aznar, se opuso frontalmente a que se realizara ese viaje a pesar de que don Juan Carlos sí quería ir. Así lo expresaba en conversaciones informales, incluida una con un periodista del New Yorker que lo publicó en la revista y causó un gran enfado en el seno del Gobierno aznarista.

En 1999 los Reyes visitaron La Habana, pero solo como asistentes a la Cumbre Iberoamericana. Aznar no sólo no permitió que la pareja prolongará su estancia en la capital cubana en visita oficial sino que se ha jactado públicamente de prohibir, como jefe del Gobierno, que el monarca cumpliera su deseo de completar su presencia en todos los países iberoamericanos. Para el Rey anterior siempre estuvo por encima su voluntad de estrechar los lazos que unían desde siglos a  los dos pueblos, algo que merecía la pena mantener por encima de las diferencias políticas, por muy profundas que fueran. Al Rey Felipe le toca completar esa meta. Lo hará con Fidel Castro ya desaparecido y con la esperanza de cambios sustanciales en Cuba.