El manjar divino que se almorzaba en Extremadura durante la posguerra: hoy no lo recuerdan ni las abuelas
En la época de la posguerra pensar en guisos elaborados, postres sabrosos o platos contundentes era más una anécdota que una realidad. En las casas se cocinaba con lo básico, con lo que se lograba conseguir, y todas las recetas seguían una norma clara: no se desaprovechaba nada.
De ahí surgieron platos hechos con verduras poco habituales, casi sin proteína, pensados únicamente para llenar el estómago como fuera. Ese es el caso de una receta que, en plena precariedad, resolvió muchas comidas y cenas en Extremadura. No destacaba por su sabor, pero cumplía su función y eso era lo unico que importaba.
El manjar que se almorzaba en Extremadura durante la posguerra
El libro Las recetas del hambre: La comida de los años de posguerra, de David Conde y Lorenzo Mariano, explica que el manjar de aquella época se conocía como soparás, también llamadas calandracas en algunas zonas, y que era una comida de pura supervivencia.
No llevaba mucho, sólo pan duro troceado, agua, vinagre, sal y ajo machacado. Si había suerte, se añadía un hilo de aceite de oliva. El pan se dejaba en remojo hasta esponjarse y, al terminar, muchos se bebían el caldo que quedaba en el cuenco.
En verano se tomaba fría, sobre todo en el campo, ya que calmaba la sed y permitía seguir trabajando. En invierno se calentaba un poco para engañar al cuerpo. Por otro lado, la palabra calandraca terminó usándose de forma coloquial para señalar cualquier comida pobre o mal resuelta.
Cómo era el manjar que se almorzaba en Extremadura durante la posguerra
Esta receta no tenía misterio ni mucho margen para inventar. Se cocinaba con lo que quedaba en la despensa y se podía aprovechar.
Ingredientes:
- Pan duro, si es viejo mejor.
- Ajo.
- Sal.
- Vinagre de vino.
- Agua.
- Un poco de aceite de oliva.
Procedimiento:
- Machacar los ajos con la sal en el mortero, apretando bien para que quedaran hechos una pasta.
- Añadir el vinagre y, si había en casa, un hilo de aceite de oliva.
- Echar el agua poco a poco, removiendo para que se mezclara todo y arrastrara el sabor del majado.
- Colocar el pan duro ya troceado en el cuenco y volcar por encima la mezcla.
- Dejar reposar unos minutos si se tomaba fría, para que el pan se empapara.
- Calentarla directamente si se necesitaba entrar en calor, sobre todo en invierno.
- En los tiempos más duros, cuando no había aceite, se frotaba el ajo directamente sobre el pan y se mojaba con agua avinagrada. A eso se le llamó también agua-rebollo o sopa de ajo crudo.
Hoy esta sopa no aparece en cartas ni en recetarios modernos. Sin embargo, durante la posguerra fue una de las mejores opciones posibles para muchas familias extremeñas. No porque gustara, sino porque era barata, rápida y evitaba pasar el día con el estómago vacío.
Con el tiempo, estas recetas se borraron de la memoria colectiva. Quizá porque recuerdan demasiado una época que nadie quiere repetir. Aun así, forman parte de la historia de Extremadura, donde incluso un cuenco de pan y agua podía convertirse, por unas horas, en todo un almuerzo.